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Una siesta de 30 minutos un mínimo de tres veces por semana reduce el riesgo de sufrir un accidente cardiovascular hasta un 64%. Este sorprendente dato se extrae de una amplia investigación llevada a cabo por la Escuela de Medicina de la Universidad de Atenas (Grecia). Unos datos que refuerzan la creencia que echar una cabezada al mediodía, sin pasar los 20-30 minutos, es un placer que podemos practicar sin remordimientos, gracias a sus beneficios para la salud.

¿Por qué la siesta es cardiosaludable?

Tras las comidas, se produce un fenómeno llamado “efecto postpandrial”: durante la digestión, el flujo sanguíneo disminuye en el sistema nervioso y aumenta en el digestivo. Cuando se hace la digestión, el corazón trabaja más, puesto que impulsa el proceso digestivo. Por ello, si relajamos el cuerpo y lo sometemos al mínimo esfuerzo, facilitamos su labor y lo “quemamos” menos.

Relajar el cuerpo después de comer previene cardiopatías

Pero todavía hay más razones por las cuales la siesta es beneficiosa para nuestra salud y es que el descanso a mitad de la jornada reduce el estrés cardiaco y disminuye la presión arterial. Esta práctica es especialmente recomendable para las personas que tienen alguna afección cardiaca, ya que les ayudará a recobrar energías.

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Las altas temperaturas contribuyen a adormecernos debido a la vasodilatación periférica que se produce, a lo que se añade que estamos haciendo la digestión, con la consecuente somnolencia que de por sí provoca.

Las claves de la siesta perfecta

Tras la comida, muchas personas sienten somnolencia, pero luchan para no quedarse dormidas. Pues bien, los expertos consideran que es mucho mejor dejarse ir y permitirse una siesta, sin importar el lugar en el que estés, siempre que no se alargue más de lo aconsejable.

1. Si puedes dormir al aire libre

Un lugar ideal para echar la siesta es en una hamaca a la sombra de un árbol y rodeada de naturaleza, pero la realidad de nuestras ciudades es bien distinta. Aun así, se puede gozar de esos minutos de descanso sobre el césped de un parque, en un banco, en la arena de la playa o en cualquier lugar en el que uno se encuentre cómodo. Si se está fuera de casa, se puede acomodar la ropa lo más suelta posible, para que no apriete, aflojando un poco el cinturón, los zapatos, el cuello de la camisa…

2. Si sueles hacerla en casa

Lo aconsejable es reducir la intensidad de la luz ambiental, así como mantener una buena ventilación y una suave música de fondo. No importa si es en el sofá o la cama, aunque es preferible que se puedan elevar y estirar las piernas horizontalmente. Sin embargo, no es aconsejable dormir demasiado rato porque entonces el organismo lo considera un sueño largo y se dificulta la digestión, lo que produce malestar. El tiempo adecuado varía según cada persona, pero se recomiendan entre 20 y 30 minutos.

3. Si te quedas en el trabajo

Se puede dormir una breve siesta o simplemente sestear sin dormir, cerrando los ojos y observando cómo se mueven estos bajo los párpados. Se trata de observar y sentir la intensidad de esa tensión. Curiosamente, al fijarnos en un músculo concreto, los otros músculos del cuerpo se relajan. Esta siesta sin dormir se puede practicar en la mesa de trabajo tapándose mínimamente la cara con las manos durante breves minutos y aprovechando los momentos en que hay menos gente en la oficina.

La siesta también es reparadora para tu mente

La siesta tiene una función reparadora: permite que la mente rinda más por la tarde. A lo largo del día, el cerebro almacena datos temporalmente en el hipocampo pero, a medida que este se llena, se vuelve más lento. La siesta es el “parón” que la mente necesita para vaciar de información el hipocampo –la pasa a la corteza prefrontal, área cerebral con mayor capacidad de almacenamiento– y permitirle, así, recibir más.

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Por tanto, la siesta facilita el aprendizaje pues permite absorber conocimientos nuevos y fijar los ya adquiridos. También aumenta la creatividad y la concentración, ya que facilita la memoria a corto plazo, y además ayuda a fijar los recuerdos.