Neurología

¿Siempre que se da un ictus se perciben síntomas?

¿Siempre que se padece un ictus se percibe de forma clara? ¿De qué forma debemos actuar ante la sospecha de estar sufriendo uno?

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Por el Dr. Francisco Aranda - Neurólogo

Los primeros síntomas de un ictus pueden ser muy sutiles, aunque podemos sufrir previamente lo que se llama un “accidente isquémico transitorio”.

Los síntomas de este son muy parecidos a los de un ictus, con la diferencia de que desaparecen en menos de 30 minutos, pudiendo volver a aparecer, en la mayoría de los casos, en los siguientes 7 días, ya de forma permanente.

Los principales síntomas de alarma de un ictus son los siguientes:

  • Pérdida de fuerza en cara, asimetría de la misma, desviación de la comisura bucal (boca).
  • Pérdida de fuerza en brazos y piernas del mismo lado de forma súbita.
  • Trastornos de sensibilidad en cara, brazo o pierna del mismo lado del cuerpo.
  • Perdida súbita de visión, total o parcial, en uno o ambos ojos.
  • Alteración repentina del habla, dificultad o imposibilidad de hablar, no poder hacer que los demás nos entiendan.
  • Dolor de cabeza súbito sin antecedentes o de características o intensidad inhabitual sin causa aparente y que no cede con analgésicos habituales.
  • Sensación de vértigo intenso: caídas bruscas, inestabilidad sin causa aparente y acompañados alguno de los síntomas anteriores.

Ante la presencia de estos síntomas conviene tranquilizarse y pedir ayuda al sistema de emergencias sanitarias siempre que podamos comunicarnos de forma clara. No hay que dejar pasar tiempo pensando que los síntomas van a desaparecer.

En caso de no poder comunicarnos claramente necesitaremos la ayuda de una segunda persona para que lo haga por nosotros.

Una vez que se produce un ictus hay un periodo de 4 horas y media (desde el inicio de los síntomas) para poder administrar un tratamiento farmacológico intravenoso, y de 6 horas en el hospital para poder extraer el trombo.

Cuanto antes se realice el diagnóstico y el tratamiento definitivo, más posibilidades tendremos de reducir total o mínimamente las secuelas y, por lo tanto, de aumentar la calidad de vida posterior al ictus.