Gota

Esta enfermedad que ataca a las articulaciones es cada vez más frecuente en nuestra sociedad.

Puede llegar a ser muy dolorosa e incapacitante y aunque afecta más al hombre, también se da entre las mujeres, sobre todo en edades avanzadas. Por suerte, con la alimentación puede prevenirse.

¿Qué es?

La gota es un tipo de artritis o inflamación de las articulaciones, la más común a día de hoy. Se caracteriza por la acumulación de microcristales de urato monosódico o ácido úrico que se acumulan en exceso en las uniones entre los huesos y provocan dolor.

El ácido úrico es un producto de desecho que produce nuestro cuerpo y que normalmente se expulsa sin mayores problemas con la orina. Si se produce con exceso es cuando se corre más riesgo de que se acumule.

Los ataques de gota aparecen de repente y suelen tener una duración de entre siete y diez días.

¿Cuáles son los síntomas?

El más habitual es la aparición de un dolor agudo, generalmente nocturno, en una articulación, con aumento de la temperatura, enrojecimiento e inflamación de la zona. A veces son varias las articulaciones afectadas. Las más propensas son el dedo gordo del pie, el tobillo y la rodilla.

La fiebre no es muy usual, pero tampoco es raro que aparezca.

En ocasiones la acumulación de cristales es tan grande que se pueden ver y palpar bajo la piel unos bultos que se conocen como tofos, y que corresponden a estos depósitos. Si los tofos se acumulan en el aparato urinario, los síntomas se traducen en cólicos nefríticos.

¿Cómo puede afectar la gota?

El dolor puede llegar a definirse como insoportable, lo que merma la capacidad de movimiento del enfermo, dificultando sus actividades propias de la vida diaria.

Si no se trata correctamente, la gota puede cronificarse provocando frecuente dolor, e incluso dar lugar a una insuficiencia renal si ataca a los riñones y no se pone remedio.

A tener en cuenta…

Existe una enfermedad llamada pseudogota que afecta a varones y mujeres por igual y que nada tiene que ver con la que nos ocupa pues no se produce por cristales de ácido úrico sino por el depósito de cristales de calcio.

La pseudogota afecta sobre todo en las rodillas y en las muñecas, y provoca un dolor menos intenso que en los episodios gotosos.

¿Cómo se trata?

Cuando se produce el ataque de gota, la medida principal es acabar con el dolor. Para ello, se utilizan medicamentos específicos (los antiinflamatorios no esteroideos o AINES), y corticoides si el paciente no responde bien a los primeros medicamentos.

Otro fármaco específico, sobre todo para pacientes que no pueden tomar antiinflamatorios, es la colchicina. Pero su administración se hará siempre bajo prescripción médica.

¿CÓMO PREVENIR LA GOTA?

La dieta es clave en el tratamiento y prevención de la enfermedad, ya que existen alimentos que conviene evitar si se es propenso a padecer ataques de gota. Son productos ricos en purinas que favorecen la formación de ácido úrico. Los principales son:

  • Carnes grasas, vísceras y embutido.
  • Quesos curados.
  • Marisco, anchoas, sardinas, huevas de pescado.
  • Alcohol.

Otro consejo primordial es seguir un ritmo de vida saludable. Es decir:

  • Hacer ejercicio físico de forma habitual.
  • No estar sometido a grandes situaciones de estrés.
  • Evitar el cansancio extremo.
  • Mantener un peso adecuado para nuestra talla y complexión.
  • Evitar las bajadas bruscas de peso, que podrían provocar como reacción un aumento del ácido úrico.

¿A quién afecta más la gota?

  • Lo habitual es que aparezca en quienes tienen elevados los niveles de ácido úrico, pero también se ha visto que una minoría presenta síntomas a pesar de tener unas cifras normales. Del mismo modo, no todas las personas que tienen el ácido úrico alto sufren de gota.
  • Es más habitual que en hombres que en mujeres aunque se va reduciendo la diferencia con la edad.
  • La gota es más común en quienes presentan factores de riesgo cardiovascular, como cifras elevadas de colesterol, diabetes, hipertensión arterial, y sobrepeso u obesidad.
  • Los enfermos de riñón y de corazón (por insuficiencia renal y/o insuficiencia cardíaca), y en aquéllos que han sufrido un transplante de órganos.
  • Quienes tienen familiares directos que padecen ataques de gota es más frecuente que los sufran, pues es habitual ver una eliminación del ácido úrico disminuida de causa genética.

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