Uveítis

Es la inflamación de una de las membranas internas que forman el ojo. A pesar de que no es muy frecuente, la uveítis resulta una de las causas más importantes de ceguera, sobre todo en mayores de 60 años. Un ojo rojo y que duele es siempre una consulta médica urgente.

¿Qué es la uveítis?

El ojo está formado por varias estructuras y membranas internas. Una de estas membranas es la úvea. Se encarga de llevar sangre a la zona y como cualquier otra parte del organismo, puede inflamarse, sea por la razón que sea. Esta inflamación se conoce como uveítis.

Al poseer gran cantidad de vasos sanguíneos, la úvea es muy sensible a las lesiones. De hecho, es el tejido más irrigado del organismo y nutre la retina y otras zonas importantes de los ojos para su correcto funcionamiento.

Tipos de uveítis

La uveítis puede ser anterior, media o posterior, según su localización anatómica. Y también cambia el pronóstico médico que presenta.

La uveítis anterior, la de la parte delantera del ojo, es la que afecta al iris, la característica membrana coloreada. Esta inflamación también se llama iritis, y es la más benigna y frecuente de todas.

El término panuveítis se utiliza cuando las tres capas de la úvea están afectadas.

¿Cuales son los síntomas?

Cualquier daño en el ojo puede afectar a la visión, por lo que es muy importante prestar especial atención a los síntomas que puedan aparecer en él, por banales que resulten, para evitar complicaciones. Entre los síntomas más usuales cabe señalar:

  • Percepción de "moscas volantes", visión borrosa o dismiunción de la capacidad visual.
  • Fotofobia o excesiva sensibilidad a la luz y ojo enrojecido.
  • Lagrimeo.
  • Dolor y enrojecimiento en el ojo.

Los síntomas pueden aparecer de forma repentina y aguda (sobre todo en las uveítis de las zonas anteriores), o de forma lenta y gradual (más habitual en las intermedias y posteriores). Se prolongan a lo largo de varias semanas. Puede afectar a un solo ojo o bien a los dos, y no tiene por qué aparecer en ambos ojos al mismo tiempo.

¿Cómo se diagnostica?

En el caso de la uveítis, no es fácil detectar los síntomas, por lo que se requieren diversas pruebas para hacer el diagnóstico.

Estas pruebas incluyen exámenes oculares, analíticas de sangre, radiografías y, en ocasiones, otras técnicas más invasivas como punciones y biopsias intraoculares.

¿Cómo me puede afectar?

Al estar la úvea situada cerca de partes del ojo fundamentales para la visión, cualquier inflamación o infección de esta membrana puede propagarse a ellas causando un daño permanente e irreversible que puede dar lugar a la ceguera.

Una uveítis no tratada puede desembocar en otros problemas oculares como cataratas, glaucoma, daños en el nervio óptico y desprendimiento de retina. Aunque el problema puede ser solucionado, a veces se dan recaídas que van afectando gradualmente al ojo y dejando cicatrices en él.

¿Cómo se trata la uveítis?

Dependerá de la causa que la provoque. Pero, sea cual sea, debe iniciarse el tratamiento lo más rápido posible para evitar su progresión. Si existe infección, estarán indicados antibióticos específicos en forma de gotas o por boca.

La inflamación de la membrana se intenta controlar con corticoides en gotas (colirios), en pastillas o por vía intravenosa, según lo grave que sea la enfermedad.

Si hay infecciones e inflamaciones múltiples, el tratamiento será más complejo. Habrá que recetar fármacos inmunomoduladores. La cirugía puede estar indicada si hay complicaciones o si se trata de casos rebeldes a otras terapias.

¿QUÉ PUEDE PROVOCARLA?

La uveítis suele estar relacionada con otras enfermedades más generalizadas que afectan al organismo, como la artritis, la espondilitis anquilosante o la psoriasis, entre muchas otras, por lo que su diagnóstico y tratamiento puede requerir la asociación de varios especialistas diferentes.

Algunas infecciones, como la toxoplasmosis y el Herpes, enfermedades reumáticas, o enfermedades autoinmunes (en las que son las propias defensas que atacan el organismo) son un factor de riesgo conocido.

También los golpes fuertes, tantos en caídas y otros accidentes como en peleas.

Sin embargo, hasta en un 35% de los casos, no se logra llegar a un origen claro. Se habla entonces de uveítis idiopática.

Hay varios estudios que sostienen que el tabaco aumenta la probabilidad de padecer uveítis, lo que supone una razón más para dejar de fumar.

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