Gripe

Muy habitual que se presente durante las épocas de otoño e invierno en forma de epidemia, la gripe afecta a gran parte de la población todos los años, independientemente de la edad y del sexo de la persona. Suele curarse sin complicación, pero, en ocasiones, puede desembocar en una neumonía y requerir ingreso hospitalario.

¿Qué es?

También denominada Influenza, se trata de una infección de las vías respiratorias causada por un tipo de virus: influenza A, B y C, siendo los dos últimos los que afectan al hombre con mayor frecuencia.

Es muy fácil su contagio a otras personas mediante el aire por las gotitas de saliva que expulsa la persona enferma al hablar, al estornudar o al toser, o bien por las secreciones nasales. Un simple apretón de manos del enfermo puede ser suficiente para transmitirla.

Su incubación es rápida y normalmente son suficientes 24 horas desde el contagio hasta la aparición de la clínica.

Sus señales

El cuadro que provocan estos virus suele iniciarse repentinamente, con dolor muscular y cansancio extremo, acompañados de fiebre elevada (superior a 38ºC), escalofríos, tos seca, estornudos, dolor de cabeza, garganta irritada y secreción nasal.

La elevada temperatura puede hacer que la cara del enfermo se muestre levemente enrojecida. Más raramente hay afectación digestiva con diarrea, náuseas y vómitos.

¿Cómo me puede afectar?

La complicación principal de un proceso gripal es una infección bacteriana en forma de neumonía, que suele producirse en personas más susceptibles, como los inmunodeprimidos, los ancianos, y las embarazadas, requiriendo, en la mayoría de las ocasiones, el ingreso en un hospital para su estrecha vigilancia y su adecuado tratamiento.

Cómo se trata

Lo común es que la gripe se resuelva sin ningún tipo de tratamiento en una semana, o a lo sumo 10 días. Sin embargo, y dado que los síntomas que provoca son bastante molestos, la terapia se encamina a mitigar la clínica (tratamiento sintomático) para poder sobrellevar los días de convalecencia mejor.

Los AINES (antiinflamatorios), los analgésicos y los antipiréticos se utilizan para combatir la inflamación (ej. de garganta) y el dolor (ej. de cabeza), además de bajar la fiebre. La ingesta adecuada de líquidos es fundamental para mantener el cuerpo hidratado y ayudarle a eliminar los gérmenes.

Es muy importante el reposo en cama, si el dolor muscular y articular es severo, para ayudar a que el cuerpo se recupere. Además, permanecer en casa evitará que la enfermedad se propague a otras personas. El lavado de manos frecuente es una excelente medida de prevención en la transmisión de este tipo de patologías tan infecciosas, así como la ventilación diaria del hogar, y protegerse la boca y la nariz con un pañuelo al estornudar o toser si se está enfermo.

Existen antivirales que, en ocasiones, receta el médico en personas con riesgo alto de complicación, y que actúan disminuyendo la capacidad de multiplicación de los virus.

A tener en cuenta…

El virus de la gripe suele cambiar anualmente, razón por la cual no crea inmunidad, es decir, podemos volver a padecer gripe año tras año y, por este motivo, se recomienda ponerse la vacuna contra ella todos los otoños si se quiere prevenir el contagio. Aunque su eficacia no es del 100%, la vacuna evita que enfermemos hasta en un 90% de las ocasiones.

Al estar causada por virus, los antibióticos no están indicados ni son eficaces en un cuadro gripal, a no ser que exista una sobreinfección bacteriana.

Durante la gripe a los niños no se les debe dar Aspirina pues el cuadro podría complicarse con una patología llamada Síndrome de Reye.

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