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Cuando aprieta el calor, estar en la calle resulta asfixiante pero en los espacios interiores tampoco encontramos alivio, si no cuentan con una buena climatización.

Pero uno de los "peligros" de los aires acondicionados es que nos someten a cambios de temperatura bruscos entre interior y exterior que nos pueden suponer más de uno de estos tan molestos "resfriados de verano". De hecho, el 20% de los resfriados en esta época del año se deben a este tipo de climatización. Además, suele provocar también sequedad en piel y mucosas e incluso hay a quien le provoca dolores de cabeza.

Hay formas de refrescarse y mantener nuestro hogar más confortable sin abusar del aire acondicionado.

Cómo refrescar el hogar sin aire acondicionado

Es cierto que conviene mantener la vivienda en unas condiciones de temperatura agradables. Lo ideal es conseguir estar unos grados por debajo de la temperatura exterior pero es recomendable no bajar en exceso puesto que es entonces cuando la diferencia de temperatura puede afectar a nuestro organismo en forma de bajada de defensas.

El 20% de los resfriados "de verano" están causados por el efecto del aire acondicionado

En el caso de la climatización se recomienda no poner el aire por debajo de los 24º siendo ideal mantenerlo a 26º (tanto por cuestión de consumo como por temperatura de confort). De todas formas, te damos ideas para intentar controlar la temperatura con medidas más naturales, lo que se denomina "enfriamiento pasivo":

  • Aleja las fuentes de calor innecesarias: apaga los equipos eléctricos cuando no los uses y no dejes las luces encendidas. En las zonas de estar puedes usar la iluminación LED, que es la que menos calor genera.
  • Evita el bochorno reduciendo la humedad, ventila bien el baño, no hagas demasiadas comidas de cocción larga que emitan mucho vapor de agua y mejor no tiendas la ropa en el interior.
  • Para no acumular calor durante el día cubre las ventanas que están orientadas al sur y al oeste con toldos, tendales o cortinas y mantén las persianas bajadas durante el mediodía.
  • Ligeras corrientes de aire fresco: abre las ventanas que estén enfrentadas. Si vives cerca del mar, hazlo de día para aprovechar el frescor de la brisa marina. Si tu casa está en la ciudad o en zonas de interior, ventila por la noche. Por la mañana baja las persianas y el frescor perdurará más tiempo.
  • Si usas ventiladores, los de techo van muy bien porque distribuyen de forma más uniforme el aire que mueven. Los de pie deben expulsar aire hacia fuera durante el día y llevarlo hacia dentro de noche. No los enfoques directos hacia ti. También puedes optar por ventiladores con agua pulverizada o nebulizadores.
  • Crea “sombras vegetales” con plantas. Si colocas plantas arbustivas de hoja caduca emparradas en la terraza (que en verano están repletas de hojas) como hiedras o enredaderas frenarán la entrada del sol y el calor a los espacios interiores.
  • Pon láminas especiales en los cristales. Las láminas de protección solar (se venden en tiendas especializadas) se colocan en la parte interior del cristal. Dejan pasar la luz pero filtran la radiación infrarroja frenando la entrada del calor.
  • Redistribuye los muebles en verano. Coloca la butaca, el sofá o la mesa de trabajo (donde suelas pasar más horas durante el día) cerca de una ventana, y mejor si está orientada al norte.
  • Si tienes patio o terraza riega el suelo al atardecer. Cuando comience a secarse, camina descalza sobre él para sentir el llamado efecto de refrigeración por evaporación.
  • Usa tejidos naturales y frescos como el lino, la gasa o el algodón fino tanto para vestir como para la ropa de casa. Cubre el sofá con una tela de este tipo y usa ropa de cama también ligera y de colores claros.
  • Para salir a la calle lo mejor es vestir colores claros en verano y evitar el máximo posible la ropa ajustada ya que no deja transpirar la piel.

Lo que no funciona contra el calor

  1. Las bebidas heladas. El cuerpo tiene una temperatura de 36º-37º y cuando ingerimos un líquido extremadamente frío tiene que "ponerse" a trabajar para recuperar su temperatura habitual. Así, ese trabajo extra provoca sensación de más calor al cabo de poco tiempo.
  2. Beber alcohol. Lo que hace el alcohol es provocar un efecto vasodilatador, es decir, dilata los vasos sanguíneos. Esto desencadena sofocos por un lado, y por otro, puede causar que el cuerpo tarde más en avisarnos en caso de que haya una subida brusca de la temperatura corporal, que es el primer síntoma de los peligrosos golpes de calor. Además, el alcohol tiene efecto diurético y puede causar deshidratación.
  3. Ducharse con agua muy fría. Los mecanismos termorreguladores del cuerpo que se activan si bebemos agua muy fría o alcohol se activan también cuando la piel entra en contacto con agua extremadamente fría. El organismo se pondrá en marcha para autorregularse, así que la sensación de frescor durará más bien poco.