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¿Te desprenderías de un riñón o de una parte de tu hígado para que otro pudiera vivir? ¿Y si ese otro es tu hijo o tu hermano? La donación de órganos en España de personas vivas no es habitual.

En nuestro país somos líderes mundiales en donaciones y trasplantes. Cuando alguien muere, según su estado de salud previo, puede ser candidato a donante de algunos órganos. Entonces ¿te has planteado que se puede donar en vida y que es algo muy útil?

POR QUÉ ES MEJOR DONAR EN VIDA

La respuesta nos la da el doctor José Sánchez Miret, que además de llevar más de 30 años de coordinador de trasplantes en Aragón, donó en 2014 un riñón a su hijo. “Donar un órgano en vida no tiene nada que ver con que sea de un donante muerto. Tiene más posibilidades de durar. Un riñón donado puede ser funcional unos diez años, pero sí es de un donante vivo se triplica”.

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El motivo es que el órgano se implanta inmediatamente. Siempre ha estado perfectamente oxigenado. Cuando se trata de un paciente fallecido, pasa un tiempo hasta que preparan al paciente y llevan el órgano allá donde se requiera. Paciente y donante pueden estar a cientos de kilómetros.

La duración de un órgano donado en vida se triplica

El factor familiar también es importante. No es lo mismo recibir un órgano de un donante compatible pero anónimo que de un familiar directo. “El órgano funciona mucho mejor -explica el doctor Sánchez Miret-. Hay factores que desconocemos aún pero hacen que el trasplante sea mucho más efectivo cuando hay consaguinidad entre donante y receptor.”

LA SATISFACCIÓN DE una DONACIÓN

El doctor fue el primero en reconocer que lo último que se esperaba es que tuviera que verse en la tesitura de convertirse en donante. Pero cuando a su hijo Nacho, con 17 años, le detectaron una insuficiencia renal crónica no se lo pensó. Ambos padres se ofrecieron de inmediato, pero el doctor Sánchez era más compatible.

Esperaron a que Nacho cumpliera 29 años, cuando sus riñones ya no aguantaban más y sólo le quedaba la opción del trasplante o hacer diálisis. El doctor Sánchez tenía entonces 63 años.

"La donación es lo más parecido a vivir la maternidad que podemos sentir los hombres"

“Tan poco sacrificio y me llenó tanto la vida -explica-. Ha sido mi mayor satisfacción. Es lo más parecido que podemos sentir los hombres a una maternidad. Ahora siento a mi hijo mucho más mío. Un pequeño dolor para luego además verte recompensado con creces."

Antes sufría por lo qué le podría pasar a su hijo cada día antes de acostarse. “Ahora duermo relajado, soy más feliz, él es más feliz, tiene una vida plena, me ha hecho abuelo…”

QUÉ RIESGOS TIENE DONAR EN VIDA

Los riesgos son más miedos que no tienen una constatación estadística. La operación es cada vez menos invasiva. Se puede hacer por laparoscopia. Sabes que estará un equipo de profesionales trabajando conjuntamente para que todo salga a la perfección. La posibilidad de que exista una complicación seria por culpa del trasplante es de 1 por cada 5.000 casos.

Además, en el caso de un familiar, consigues que el receptor vaya a tener menos complicaciones puesto que no hay que darle tanta medicación para evitar el rechazo del órgano.

LA VIDA POSTERIOR

Tras donar el riñón, el doctor Sánchez dice que sólo ha de pensar en cuidarse un poco más que antes. Hacerse dos revisiones anuales para que sus análisis no se le escapen y tenga el colesterol alto, hipertensión o azúcar en sangre.

“Igual que cualquier persona que se preocupe por su salud”. De hecho, para él la donación ha sido una garantía, pues se han hecho estudios que confirman que los donantes tienen mayor esperanza de vida que los que no lo son.

El donante tiene una esperanza de vida mayor que el que no dona

  • Una de las razones, lógicamente, es porque tienen más consciencia de que hay que cuidarse. En el caso del doctor Sánchez Miret además ha supuesto que dejara de fumar, paso obligado para poder donar.

“También me dijeron que dejara las patatas fritas y el cava, mis otras dos pasiones, pero estas las he vuelto a recuperar tras la operación”, explica el doctor con una sonrisa.

POR QUÉ NO SE DONA MáS en vida

El doctor es un defensor de que los hospitales cambien su política respecto a las donaciones. “Ahora no se presiona nada a las familias. Se da por sentado que se puede optar por un órgano de un donante anónimo fallecido”.

Sin embargo, no hay prácticamente donaciones de personas fallecidas jóvenes. Los donantes son gente que ha fallecido en la UCI después de tener un ictus. La gran mayoría son mayores de 60 años. Poner su riñón a un joven no es la opción adecuada si pueden contar con el de un familiar adulto.

No hay donaciones de personas fallecidas jóvenes.

Hace 25 años no se planteaba la duda, pero la cirugía y los controles han mejorado tanto que hoy se debe abrir el debate de si no convendría hacer más campaña para que los familiares no se desentiendan.

QUIÉNES SON LOS BUENOS SAMARITANOS

“Las compensaciones son inmensas”, insiste el doctor Sánchez Miret. La prueba es que hay un grupo de ciudadanos, los llamados buenos samaritanos, que movidos por un alto sentido de la moral y la solidaridad se ofrecen a ser donantes en vida incluso sin conocer al receptor.

Son un ejemplo único en nuestra sociedad que deberían ser más ensalzados e imitados, aunque lo ideal es que sea un familiar el donante.

Por último, están los que pueden pensar en esta opción como una manera de obtener dinero en momentos de precariedad. Por suerte, en nuestro país este tema está muy reglamentado. Nadie puede donar si hay la mínima sospecha de que pueda haber un beneficio económico por en medio.

De hecho, antes de cada trasplante, se pasan tres filtros legales. Los dos primeros los lleva el hospital y el último es un juez que debe comprobar la total buena voluntad de la donación.