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Cuando hablamos de cómo afecta al organismo volar en avión, solemos pensar en el jet lag, ese desequilibrio que se produce en nuestro reloj interno por el cambio horario al viajar a lugares lejanos. O en esa desagradable sensación de oídos tapados.

Sin embargo, las consecuencias pueden ir mucho más allá.

El espacio reducido, la presión de la cabina y el aire seco crean un ambiente que favorece la deshidratación, el estreñimiento, la fatiga, el dolor de cabeza, la trombosis venosa... y que también aumenta el riesgo de contraer enfermedades.

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De hecho, según un estudio de la Universidad de Alabama (EE. UU.), bacterias como la E. coli, causante de infecciones de orina y diarreas, pueden sobrevivir hasta una semana dentro de un avión.

LOS EFECTOS DE VOLAR EN EL ORGANISMO

No se trata de convertirnos en hipocondríacos en el aire pero podemos tomar ciertas precauciones para evitar efectos como los siguientes:

Se te hinchan las piernas

Es una de las consecuencias típicas de los vuelos largos y puede acabar provocando coágulos o trombos. La razón es sencilla: pasar horas sentado, inmóvil, aumenta la acumulación de agua en las piernas, causando hinchazón. Esto, a su vez, hace que la sangre quede "atrapada" en la parte inferior del cuerpo y tenga dificultades para regresar al corazón.

En definitiva, se dificulta la circulación de retorno y aumenta el riesgo de coágulos.

100 veces más riesgo de catarro

El aire del interior de un avión se regenera cada 2 o 3 minutos, incluso con más frecuencia que en un edificio con aire acondicionado. Eso significa que apenas hay humedad, lo que aumenta el riesgo de resfriados e infecciones respiratorias porque los virus que los provocan están a sus anchas en estas condiciones tan secas.

Fatiga y dolor de cabeza

Ocurre porque en las cabinas hay una presión atmosférica más baja (solo un 75% de la normal). Por ese motivo, los niveles de oxígeno en sangre también son más bajos. La consecuencia de ello es fatiga, mareo e incluso migrañas en personas propensas.

  • Durante el despegue y el aterrizaje del avión también hay más riesgo de cefaleas tensiones. Mantenerse tranquilo y respirar profundamente justo en este periodo agua a evitar el dolor de cabeza.

Te expones a radiación cósmica

En concreto, en un vuelo de 7 horas te expones a la misma radiación que en una radiografía de tórax. Cuanto más largo sea el vuelo, y cuanto más alto y más cerca del Polo Norte se vuele, mayor es la radiación cósmica que recibe el cuerpo.

  • Por ejemplo, en un vuelo de ida y vuelta de Washington a Pekín el pasajero puede exceder fácilmente la dosis de radiación que recibiría en una radiografía de tórax.

Los expertos aseguran que para el turista esto no es ningún problema, pero que sí debería tenerse en cuenta en personas que vuelan con mucha frecuencia.

Boca, nariz, piel... mucho más secas

El nivel de humedad es tan bajo que, en un vuelo de 3 horas, puedes perder hasta 1,5 litros de agua. Esto provoca que se resequen las mucosas (nariz, boca, garganta...) y la piel, agravando problemas como las psoriasis o el eccema.

No vas al baño y sufres gases

Es fácil que suceda porque pasas horas sentado y esto ralentiza tanto la digestión como los movimientos intestinales. Además, como también pierdes agua por la sequedad del ambiente, el estreñimiento empeora.

Te cuesta respirar

La presión en una cabina de avión en pleno vuelo es similar a la que puedes sentir en ata montaña. La consecuencia es que dispones de menos oxígeno y eso afecta a la respiración. Además, el nivel de humedad del avión está por debajo del 25%, lo que también dificulta la respiración.

Tienes peor aliento

Cuando vuelas, muchos de los procesos de tu cuerpo se ven reducidos, incluyendo la producción de saliva, lo que provoca que aumenten las bacterias en la boca y el mal aliento. El problema se agrava si tomas azúcares.

Cómo reducir los efectos adversos

  • Llévate contigo toallitas desinfectantes o un gel antiséptico para "limpiar" tus manos antes y después de comer, ir al baño... o simplemente cada media hora para desinfectarlas de posibles bacterias.
  • En los vuelos largos, levántate y camina cada 30 minutos para evitar el estreñimiento y activar la circulación de las piernas. Si se te hinchan, flexiónalas y procura permanecer sin zapatos. Cuando estés sentada, gira el cuerpo de un lado a otro para movilizar los intestinos.
  • Bebe agua embotellada. Es el mejor remedio para combatir el estreñimiento, la sequedad de las mucosas y también la fatiga por la falta de oxígeno.
  • Mastica chicle para aliviar la presión en los oídos y usa una solución salina para humedecer los conductos nasales y evitar infecciones.
  • Come ligero, evita el alcohol y el café, porque te deshidratan.