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Cuando una persona esta sana, el secreto para seguir estándolo es cuidarse. Cómo te sientas tú física y emocionalmente es muy revelador de tu estado de salud pero, sobre el papel, una analítica es lo que te dirá si estás haciendo las cosas bien.

CÓMO SABER SI TE ESTÁS CUIDANDO

El análisis de sangre es una prueba básica para detectar enfermedades pero es importante hacerte uno periódicamente aunque seas una persona sin ningún problema de salud porque te ayuda a descubrir tus "puntos débiles".

Conocer tus puntos débiles te ayuda a cambiar

Lógicamente será un médico el que interprete los resultados y en función de otras variables haga un diagnóstico. Pero con el análisis en mano tú mismo puedes empezara a poner prioridades en tus cambios de hábitos. Piensa que pequeños cambios pueden ser la clave para que tu organismo actúe ante la primera señal.

1. ¿Tus defensas están preparadas para actuar?

Fíjate en cómo están tus leucocitos (o glóbulos blancos): los valores ideales son aquellos entre los 4.000 y los 11.000/mm3 . Si están ligeramente elevados (hasta 14.000) puede deberse solo a que has sufrido alguna infección (nasofaringitis, bronquitis…) que ha estimulado tus defensas, por lo que puede indicar que están “en forma”. Además, el médico tiene en cuenta los valores de los distintos tipos de leucocitos (neutrófilos, linfocitos...).

En una infección leve las defensas se elevan. Eso es buena señal

Por ejemplo, unos neutrófilos altos puede ser indicio de infección bacteriana. Si la cantidad es algo baja (entre 3.000 y 4.000) tampoco es preocupante. Puede deberse a que estás siguiendo algún tratamiento con antibióticos, antiinflamatorios... Solo cuando están bastante por encima o por debajo de lo normal podrían revelar trastornos más graves como enfermedades de la médula ósea, etc.

La clave para tener un número idóneo de leucocitos es ayudando a tu sistema inmunológico con una dieta sana, ejercicio y sobre todo evitar el estrés, que dispara los glóbulos blancos.

2. ¿Te falta hierro?

Si últimamente te notas muy cansada, revisa los datos de tus hematíes, hemoglobina y V.C.M. Cuando los hematíes o glóbulos rojos (que llevan el oxígeno desde los pulmones a los tejidos) y la hemoglobina (la proteína que contiene el hierro dentro del glóbulo rojo) están muy bajos es que hay anemia. Aunque la mayoría de las veces esta se debe a falta de hierro, no siempre es así.

Para saber exactamente su origen, el médico tiene en cuenta el V. C. M, un valor que da información sobre el tamaño de esos glóbulos. Si son más pequeños de lo normal la anemia puede ser por falta de hierro. Cuando son más grandes de lo habitual, puede deberse a que hay una carencia de ácido fólico o vitamina B por problemas de absorción de esas vitaminas o enfermedades del tubo digestivo.

La anemia no es siempre por falta de hierro, puede ser por un problema digestivo

De todos modos, piensa que con la anemia ocurre que los valores “ideales” pueden variar de una persona a otra. Por ejemplo, una hemoglobina algo baja (de entre 10,5 y 11,8) en una mujer puede ser normal en la etapa fértil por la pérdida de sangre y hierro que se da con la regla. Pero este mismo valor tras la menopausia puede ser algo más preocupante.

3. ¿Cómo regulas el azúcar en sangre?

La glucosa es un azúcar (hidrato de carbono) considerado la principal fuente de energía de las células. Sus niveles son máximos en las 2 horas que siguen a la ingesta de alimentos y mínimos tras ayunos prolongados. Los niveles normales oscilan entre 70-100 mg/dl en ayunas y menos de 140 mg/dl después de las comidas. Si en 2 o más ocasiones tu analítica arroja valores de glucosa por encima de 126 mg/dl en ayunas o más de 200 mg/dl tras las comidas, se trata de diabetes. Cuando están por encima de 100 mg/dl pero por debajo de 126 mg/dl, puede indicar un estado previo de diabetes.

Para mantener el azúcar a raya, vigila el índice glucémico (IG) de los alimentos, que sirve para comparar los alimentos que contienen hidratos de carbono, pero no por sus calorías sino por cómo afectan a los niveles de azúcar en la sangre tras la digestión.

Si un alimento tiene un IG menor de 55 quiere decir que es de IG bajo. Entre 55 y 70 se considera de IG medio. Y si es mayor de 70, es alto, lo que puede ser perjudicial sobre todo para las personas diabéticas.

4. ¿Y si tus riñones no van bien?

Los valores que afectan a estos órganos también son claves porque de su salud depende la de otros tan importantes como el corazón. El valor más importante es la creatinina, una proteína que circula por la sangre y que se elimina a través de la orina. Si está elevada significa que los riñones no la eliminan bien y puede haber cierto grado de insuficiencia renal.

También se analiza el nivel de urea. Se trata de un residuo de la descomposición de las proteínas y por lo tanto, está directamente relacionada con la cantidad de proteínas que comes. Los riñones filtran la urea de la sangre, pero cuando no funcionan bien, la cantidad filtrada es menor y queda más urea en la sangre. Esto provoca malestar digestivo (náuseas y vómitos). Y cuando los niveles son muy altos, alteraciones en el nivel de conciencia (uremia).

Las náuseas pueden estar indicando un problema de riñones

De todos modos, que los niveles de urea estén elevados no siempre es indicativo de algo malo. Quizá tu hidratación no es la correcta y puedes corregirlo tomando más líquidos. La analítica también mide los niveles de sodio y potasio. Que el sodio esté algo alto puede indicar que necesites beber más líquidos. Leves variaciones en el potasio pueden estar producidas por la toma de diuréticos.

5. Descubre si tu hígado necesita una depuración

Unos niveles altos de transaminasas (se presentan como GOT/ALT, GPT/AST y GGT) indican que hay inflamación del hígado. Si solo están un poco elevadas puede deberse al alcohol o algunos fármacos (estatinas, antibióticos...). Además, si la fosfatasa alcalina es alta puede indicar un problema de vías biliares. La bilirrubina elevada podría ser por piedras en la vesícula.

6. ¿Tus niveles de colesterol ponen al corazón en riesgo?

Eso ocurre porque a menudo en los análisis (sobre todo en las pruebas rutinarias) aparece un valor que indica el colesterol total, sin diferenciar entre el “malo” (LDL) y el “bueno” ((HDL, capaz de retirar el colesterol “malo” de los tejidos). Pero es importante saber si hay un equilibrio entre el" bueno" y el "malo" antes de tomar medidas.

En un análisis más completo sí se miden estos dos valores por separado porque un nivel alto de colesterol total puede estar compensado si el “bueno” también está muy alto.

En cuanto a los triglicéridos, sus niveles se corresponden con la grasa ingerida. Por eso los valores aumentan si la dieta es rica en grasa. También en personas con sobrepeso o gran ingesta de alcohol los triglicéridos son altos.