claves para no discutir en verano

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En verano se alteran nuestras rutinas y acostumbramos a disponer de muchas más horas libres para pasar con nuestros seres queridos y realizar viajes y actividades lúdicas con ellos. Y al compartir tanto tiempo juntos, es inevitable que aparezcan roces que pueden terminar en discusiones tediosas que nos amarguen las vacaciones.

5 CONSEJOS PARA EVITAR LOS CONFLICTOS

¿Y si tuvieras herramientas eficaces para no llegar a esas situaciones de conflicto? El psicólogo Jesús Matos nos presenta 5 sencillas recomendaciones para lograr que estas vacaciones sean lo más placenteras posibles, sin roces desagradables ni discusiones.

1. Explica bien cuáles son tus expectativas

Es importante entender que cada uno tiene una serie de gustos distintos. Cada persona es un mundo y es difícil que coincidamos en todo con alguien. Y quizá tampoco es lo deseable.

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Por eso es buena idea hablar claro sobre nuestras preferencias. En demasiadas ocasiones optamos por callarnos cuando los demás proponen un plan que no nos gusta y eso, a la larga, desgasta las relaciones.

  • Supera tus temores. La recomendación de Jesús Matos es que dejes claro, de entrada, lo que realmente te apetece hacer. Así los demás sabrán qué es importante para ti y será más fácil que lo tengan en cuenta... o incluso que acabéis escogiendo tu propuesta.

2. Aprende a ceder en algunas ocasiones

En general, las relaciones sanas se basan en un intercambio igualitario. Solemos huir de aquellas personas que nos exigen que hagamos siempre lo que ellas quieren. Nos hacen sentir poco valorados. Pero si no nos gusta ver esta actitud en los otros, deberíamos aplicarnos el cuento y, a veces, dar nuestro brazo a torcer. Así, para que los demás nos acompañen a realizar actividades que nos gustan, tendremos que dedicar también tiempo a lo que para ellos es importante.

  • Un intercambio justo. Si quieres recibir, tendrás que dar primero. La buena noticia es que la amabilidad y los actos altruistas sin esperar nada a cambio han demostrado ser una fuente inagotable de bienestar.

Hablar las cosas y saber ceder evita muchos conflictos

3. Acepta que hay distintos biorritmos

Para evitar roces en el día a día es básico comprender que algunas personas son más activas por la mañana y otras lo son por la tarde. Esto suele generar problemas, sobre todo cuando nos vamos de viaje juntos. Además, algunos necesitamos dormir más y otros necesitamos dormir menos.

  • Llega a un acuerdo. Si te vence el cansancio o, por el contrario, el cuerpo te pide más actividad, dilo. No esperes que los demás adivinen lo que quieres. Así, entendiendo las necesidades de los demás y comunicando las nuestras, será mucho más fácil llegar a un acuerdo justo para todos.

4. Negocia para que todo el mundo gane

Una negociación es un diálogo que busca un punto en el cual las dos partes acerquen posiciones. Lo ideal es buscar un modelo en el que las dos partes consigan algo.

  • Busca un beneficio común. Se han estudiado los distintos estilos de negociación y los resultados siempre suelen ser los mismos: el modelo que mejor funciona es el de "ganar-ganar". Por ejemplo, si a alguien le apetece ver una película que a nosotros no nos gusta, podemos acceder a acompañar a esta persona al cine y proponer un lugar para comer que nos guste a nosotros. De este modo, todos salimos ganando y podemos disfrutar de dos actividades acompañados.

5. Valora todo lo que te regala la gente

Haz el siguiente ejercicio: piensa en los mejores momentos de tu vida. ¿En esas situaciones estabas acompañada? Muy probablemente, así fue. Y es que cuando compartes tiempo con tus seres queridos no necesitas más para encontrarte bien.

Relacionarse nos da felicidad así que trabajar en ello es una inversión

  • En momentos de tensión con tus hijos, pareja o amigos, intenta traer a tu mente esos momentos de felicidad. De esta manera, recordarás la importancia de tener a esas personas en tu vida y eso te hará ver la situación de otra forma.
  • Invierte en felicidad. Si aprendemos a otorgar la importancia necesaria a las relaciones personales, estaremos invirtiendo en nuestra felicidad a corto, medio y largo plazo. Y es que, según las investigaciones, las personas que tienen una red social extensa y gozan de relaciones "sanas" son las más felices.

CÓMO DEJAR DE DISCUTIR

Es importante que, si se produce finalmente una discusión, intentemos que la situación no se nos vaya de las manos. El psicólogo Jesús Martos nos da unos consejos para que no se enquisten los conflictos:

  • Procura calmarte un poco. Si prevés que vas a "estallar", es mejor que vayas a dar un paseo a solas durante unos minutos. Respira profundamente, visualizando cómo entra y sale el aire.
  • Después, háblalo de forma clara. Cuando estés más tranquila, trata de explicar a los implicados por qué te sientes mal. Hazlo de forma clara, pero sin realizar reproches, alzar la voz o culpabilizar.
  • Intenta escuchar su versión. Decirles cómo te sientes fomentará la empatía en los demás y será más fácil que lleguen a entenderte. Pero trata tú también de ponerte en su piel.

Y es que , las discusiones con nuestros seres queridos nos alteran más de lo que podemos imaginar:

  1. Afectan a tu estado anímico. Discutir con tus hijos, tu pareja, los amigos... hace que te sientas mal tanto durante el momento de conflicto como después. Por ello, esta situación repetida puede llegar a arruinar tus vacaciones.
  2. Y cuanto más discutes ¡menos salud tienes! Un estudio publicado en Health Psychology demostró que las disputas continuas entre amigos y familiares aumentan un 38% el riesgo de sufrir hipertensión. Algo que, curiosamente, no ocurría si la discusión se producía en el trabajo.

¿Discutes siempre en pareja?

Las estadísticas indican que justo después de las vacaciones de verano es cuando más separaciones se producen. Casi una tercera parte de las solicitudes de divorcio que se solicitan en España tienen lugar a finales de agosto, coincidiendo con el fin de las vacaciones.

Muchas solicitudes de divorcio llegan tras las vacaciones

Y es que las parejas que están en crisis pueden ver esta época, en la que se dedica más tiempo a la pareja, como una buena oportunidad para arreglar sus diferencias. Pero muchas veces no se cumplen estas expectativas ya que es más fácil que en vacaciones salgan a la luz problemas latentes que no salen durante el año, cuando hay menos convivencia.

Intentar mejorar la comunicación con la pareja, aceptar las diferencias e intentar entenderlas puede evitar este extremo.