efectos-secundarios-antiácidos-desconoces

Actualizado el

Parecen algo infensivo y son muchos los que recurren a ellos por su cuenta y de forma habitual. Pero se ha demostrado que incluso tomándolos solo una vez a la semana ya pueden ser dañinos.

efectos NEGATIVOS de los protectores gástricos

En cualquier caso, ni protectores gástricos ni antiácidos están exentos de efectos secundarios. Tomarlos demasiado tiempo es exponerse a sufrir alteraciones en el organismo, y algunas pueden ser verdaderamente serias:

  1. Pueden debilitar tus huesos. Desde hace ya varios años se sabe que tomar antiácidos durante un tiempo prolongado aumenta el riesgo de sufrir una fractura porque debilita los huesos, dado que el calcio necesita un determinado pH en el estómago para ser absorbido.
  2. Dejas de asimilar la vitamina B12. Cambios de humor, apatía, cansancio y desgana son algunas de las evidencias de un déficit de esta importante vitamina. Y esa carencia puede estar originada por estos medicamentos que "roban" la que vamos obteniendo de los alimentos. Si persiste esta situación se puede producir depresión o incluso daño neurológico.
  3. Tu corazón se puede resentir. Un grupo de investigadores de un hospital de Houston y otro de la Universidad de Stanford (EE. UU.) unieron esfuerzos para conocer qué ocurre en el sistema coronario cuando se toman antiácidos. Y la sorpresa fue mayúscula: descubrieron que el uso del antiácido más utilizado incrementa entre un 16% y un 21% el riesgo de infarto. Ocurre porque el fármaco va dañando la cubierta de los vasos sanguíneos.
  4. Y también tus riñones. La mayoría de las personas sabe que los fármacos pueden perjudicar a los riñones. Pero este peligro no lo asocian a los llamados "protectores". Sin embargo, un estudio de EE. UU. ha descubierto que el uso prolongado de un tipo de ellos (los inhibidores de la bomba de protones) aumenta el riesgo de enfermedad renal crónica y de insuficiencia renal.
  5. Hay más riesgo de demencia. Un estudio publicado en la revista médica "JAMA" asegura que las personas de más de 75 años que los toman tienen un 44% más riesgo de demencia. Su abuso afecta a unas proteínas que son las que se asocian a la aparición de alzhéimer. Según la investigación, esa relación puede darse si se toman estos fármacos habitualmente (varias veces por semana) durante un trimestre.

El peligro del "efecto rebote"

Los antiácidos logran reducir en relativamente poco tiempo la sensación de acidez o de quemazón y también el reflujo gastroesofágico (cuando la comida asciende hasta la garganta). Sin embargo, su uso debe ser muy puntual y en ningún caso puedes tomarlos más de 4-6 semanas (solo con el consejo del especialista).

Relacionado con este artículo

Si te excedes, corres el riesgo de sufrir un "efecto rebote". Piensa que cuando tomas un antiácido aumenta el pH y baja la cantidad de ácido en el estómago. Eso provoca que los carbohidratos se digieran peor y que aumenten ciertas bacterias por esa mala absorción.

Tomarlos demasiado tiempo puede agudizar el problema

Por esa razón, se produce más gas, aumenta la presión del estómago y se debilita el cardias, una válvula del estómago. Esto hace que el ácido entre en el esófago, lo que a su vez produce acidez y reflujo ácido.

no te automediques

En lugar de seguir con esta tendencia de tomar antiácidos para evitar las molestias, lo que conviene es acudir al médico, y juntos –incluso con la ayuda de alguna prueba médica si se considera preciso– averiguar el origen de esa acidez estomacal persistente.

Tras los problemas gástricos puede haber a una mala alimentación (excederse con las grasas, el alcohol, las bebidas gaseosas, el picante, el vinagre...), hábitos inadecuados (dormir justo después de comer, llevar una vida sedentaria que favorece el sobrepeso, el estrés... ) o una enfermedad. Pero a veces el culpable es otro fármaco (ansiolíticos, antagonistas del calcio, anticolinérgicos, antiinflamatorios, estrógenos y vitamina C).

¿Se abusa de este tipo de fármacos?

Tanto antiácidos como protectores gástricos (muchas veces se usan indistintamente aunque fueron creados para fines diferentes) son los medicamentos más vendidos en las farmacias de nuestro país, ganándole la batalla incluso a los analgésicos (tan solo uno de ellos, el más conocido, vendió 54,4 millones de envases en 2013).

Este astronómico consumo hace que los médicos se pregunten si se están usando para fines y situaciones en las que no son necesarios (ni eficaces). Estas formulaciones sí son útiles en ciertos casos, pero siempre que se tomen puntualmente y con precaución.