antihistaminicos

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Los fármacos que se usan en caso de alergia, conocidos como antihistamínicos, funcionan de un modo muy sencillo: bloquean la histamina, que es el neurotransmisor responsable (cuando se acumula en exceso) de los síntomas alérgicos.

efectos secundarios de los fármacos para la alergia

Pero eso lo consiguen a costa de "acallar" el sistema nervioso central, lo que acarrea algunos efectos adversos. Este "peaje" que paga el cuerpo es lo que explica por qué deben reservarse para cuando sean realmente necesarios; y siempre bajo control médico.

Puedes empezar a roncar si los tomas

Aunque los antihistamínicos más modernos, los conocidos como "de segunda y tercera generación" prometen no sedar, en realidad las guías médicas reconocen que incluso estos siguen manteniendo ese riesgo de sedación. Y quienes los toman habitualmente suelen corroborarlo: igualmente dan algo de sueño.

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  • Eso relaja los tejidos. Al provocar cierto efecto somnífero, los tejidos del paladar blando, la lengua, la campanilla... se relajan en exceso al dormir. Eso impide el flujo normal del aire y se produce el ronquido.

Provocan más cansancio

Si a ti te hacen roncar más, es lógico que descanses peor y sientas más fatiga al día siguiente. Pero además, los antihistamínicos de primera generación, en gran medida, actúan deprimiendo el sistema nervioso, lo que ya de por sí provoca cansancio.

  • La hora idónea. Cuando los receta el médico, el facultativo suele indicar a qué hora conviene tomarlos. A los alérgicos al polen, por ejemplo, se les suele recomendar tomarlos antes de ir a dormir.

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  • Una doble razón. Por una parte, al tomarlo a esa hora se evita que la somnolencia repercuta en la vida diaria. Por otro lado, se sabe que los árboles liberan el polen entre las 4 y las 6 de la mañana y, por ello, tomar el antihistamínico antes de ir a dormir ayuda a evitar o reducir los síntomas alérgicos al levantarse.

Al tomarlos, te puede costar concentrarte

Horas, o incluso días, después de tomarlos puedes sentir que te cuesta un poco concentrarte. Y aún más: una investigación publicada en Jama Neurology sugiere que algunos antihistamínicos pueden incluso reducir momentáneamente la memoria a corto plazo.

  • Por qué ocurre. El efecto del fármaco sobre el sistema nervioso central, y el cansancio que puede ocasionar, explican estas dificultades para centrar la atención y recordar algunas cosas.

Los antihistamínicos pueden abrir el hambre

La histamina no solo interviene en el sistema de defensas: también está implicada en otros procesos fisiológicos, como la digestión. De hecho, algunos de ellos incluso pueden provocar que aumente tu apetito.

FORMAS DE COMBATIR LAS ALERGIAS DE PRIMAVERA

Se ha comprobado que las personas que cumplen mejor el tratamiento prescrito (tomando las dosis adecuadas y siguiendo los horarios propuestos) evolucionan bien y tienen mejor pronóstico. Pero además...

  • Evita los alérgenos. Si has identificado qué sustancia te está provocando los síntomas alérgicos (puede ser el polvo, el polen, determinados alimentos, la polución...), lo más sensato es reducir, al máximo, la exposición a esas sustancias para no tener que recurrir a los antihistamínicos.

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  • Al menor síntoma de alergia acude a tu médico. Si se aplaca en cuanto aparece, se evita que la respuesta inmunológica se agrave. En algunas ocasiones, te los recetará como preventivo.
  • ¡Pero no por tu cuenta! Que te los recetasen en el pasado no implica que ahora los necesites.

CUÁNDO NO TOMAR MEDICACIÓN

Muchos antihistamínicos pueden comprarse sin receta, lo que en ocasiones lleva a pensar que todo el mundo los puede tomar. Nada más lejos de la realidad...

  • Quienes tienen glaucoma o problemas respiratorios (como una bronquitis crónica) deben ser prudentes. También deben preguntar al médico antes de tomarlos las personas hipertensas, con enfermedad tiroidea o cardiopatías.
  • Algunos de ellos son incompatibles con los fármacos que se metabolizan en el hígado (pasa con muchos antiinflamatorios). Si tomas otro medicamento, asegúrate de que no interacciona.

con el calor, más prudencia

Suele pasar inadvertido, pero algunos antihistamínicos empeoran nuestra respuesta adaptativa al calor:

  • Al tomarlos se secan las mucosas y se impide una correcta sudoración.
  • Si tienes que medicarte con ellos es importante que te hidrates bien y evites los ambientes muy calurosos para compensar ese efecto.