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“Vive la vida y después dónala”. El lema de la campaña de donación de órganos no puede ser más claro. Donar los órganos tras el fallecimiento, cuando ya no nos son útiles, puede significar recuperar la vida para un paciente con un problema grave.

Nuestro sistema sanitario te lo pone muy fácil. Si quieres ser donante basta con que le digas a tu familia o amigos exactamente eso: “Cuando me muera, quiero donar mis órganos”. Y ya está.

POR QUÉ ESPAÑA ES TAN GENEROSA

La legislación española establece que si, tras el fallecimiento, la familia no se opone o el paciente no ha dejado prohibición expresa, todos somos donantes potenciales. Y lo cierto es que en España pocas familias se oponen.

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España es el país del mundo con mayor tasa de donantes. Las encuestas de la Unión Europea dejan a las claras esa evidencia. Mientras que la media de la Unión es de un 57% de partidarios de donar sus órganos, en España llega al 87%. Es decir, casi un 30% más que el resto de europeos.

Se respeta la voluntad de la familia del fallecido y se espera a que dé el consentimiento

La razón, según el doctor Eduardo Martín, médico de la Organización Nacional de Trasplantes, parte del mérito es la manera en que el personal médico lo trata con la familia del fallecido. “Se le da la información adecuada y se hace un apoyo en su duelo. La donación no se plantea como una solicitud, sino como una posibilidad”.

La gran mayoría de familias lo entienden y acceden. Algo que, por ejemplo, no se da en Holanda, donde han tenido que obligar por ley a que se pueda extraer los órganos a todos los fallecidos si no han dejado por escrito su voluntad de no donar.

¿POR QUÉ NO HAY YA SUFICIENTES DONANTES?

Pese a nuestras envidiables cifras de donantes, la realidad es que hay diferencias muy significativas entre comunidades. Mientras la media de España no llega a 50 donaciones por millón de habitantes, en Cantabria y La Rioja, las más generosas, son de más de 70 donaciones por millón de habitantes. Eso significativa que hay zonas donde hay que seguir trabajando, como Madrid o Castilla-La Mancha.

Además, la cifra de solicitantes es larga y cerca de un 10% de receptores mueren mientras esperaban de que surja la oportunidad de una donación.

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Hay varias razones que explican esa falta de órganos:

  • La esperanza de vida crece. Los fallecidos relativamente jóvenes son cada vez menos, y por tanto sus órganos ya no son aptos para un transplante.
  • El número de accidentes de tráfico disminuye. Una gran noticia. Sin embargo, también hay menos opciones que hace unos años de obtener órganos de adultos jóvenes.
  • No todas las culturas están a favor. Aunque las principales religiones lo aceptan e incluso lo incentivan, los habitantes procedentes de otras culturas, principalmente los asiáticos, por tradición o superstición, son más reacios.
  • Hay la idea equivocada de que cualquier fallecido puede servir como donante, cuando es todo lo contrario. Muy poca gente está en condiciones de ser donante.

QUIÉN Y CUÁNDO PUEDE SER DONANTE

Todos podemos ser donantes. No hay edad máxima. Depende del estado en que se encuentre el órgano que se vaya a transplantar.

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Para poder aprovechar los órganos del fallecido, éste tiene que haber muerto en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del hospital, con un equipo médico preparado que certificará la muerte cerebral y que extraerá el órgano de manera adecuada para preservarlo y que no se quede sin oxígeno.

Los órganos no tienen más que un tiempo muy corto de isquemia, es decir, el lapso de tiempo para poder ser implantado con garantías en otra persona. Apenas 4 horas en caso del corazón e hígado. Un día en el caso del riñón.

El tiempo disponible para hacer el transplante a veces es de apenas 4 horas

Por tanto, no se podrá aprovechar los órganos de personas que hayan muerto en la carretera o en su casa. Precisamente, ese es otro de los avances de nuestra sistema sanitario. “Antes, cuando ya no se podía hacer nada por una persona, se recomendaba a la familia que se la llevara a casa a pasar sus últimas horas, ahora se explica la conveniencia de de que se quede en el hospital”, explica el doctor Martín.

LA DONACIÓN ES IGUALITARIA Y GRATUITA

Otro ejemplo que ha dado España es que se cortó de raíz la posibilidad de hacer donaciones por intereses económicos.

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La donación no cuesta nada ni para la familia del paciente donante ni para el receptor. Y para que no haya discriminación, hay unas rigurosas normas de listas de espera de pacientes acorde a factores de gravedad. Se prima además, por el problema de la isquemia, que el donante y receptor estén en la misma comunidad autónoma.

Lo más conocido son los transplantes de órganos enteros, riñones, hígado, corazón, páncreas y pulmones. Pero también hay transplantes de tejidos, como piel, córneas y arterias, entre otras.

Basta que informemos a nuestros familiares o conocidos que si se da el caso aceptamos donar

Muchas opciones para ayudar al prójimo. Sin embargo, no olvidemos que sólo el 2% de los que fallecen en el hospital están en condiciones de poder ser donantes.

Por eso, es importante que todos hagamos informemos a nuestros allegados que, si nos llegara la desgracia de un ictus, que suele ser el motivo más habitual en que se dan las circunstancias de poder donar, nuestro último deseo es que parte de ese cuerpo que ya no sirve cuando nuestro cerebro muera, cobre nueva vida en otra persona.