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Muchos estudios demuestran que las inclemencias del tiempo influyen en nuestra salud.

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Los cambios, sobre todo si son bruscos, exigen una adaptación del cuerpo. Pero podemos minimizar ese estrés con trucos contra el frío como las siguientes:

1. contra el frío, sal fuera

Nos hemos obsesionado con el bienestar y hemos creado entornos ideales con medios artificiales... a costa de reducir la resistencia del cuerpo al "estrés meteorológico".

  • Pasa más tiempo al aire libre, haga sol o esté nublado, para que tu cuerpo pueda ir adaptándose poco a poco a los cambios atmosféricos. Le estarás dando una información muy valiosa y evitarás que se vuelva hipersensible a las variaciones del clima.

2. Viste y come según el tiempo

Acomódate progresivamente a lo que cada estación del año propone, para que tu cuerpo no tenga que hacer un esfuerzo extra. En otoño e invierno agradece los platos calientes y nutritivos, más energéticos que en verano, como también la ropa de abrigo y el descanso, de acuerdo con las horas de luz más escasas.

  • Aprovecha cada etapa del año, sea de recogimiento o de expansión, y colabora con tu cuerpo para que no tenga que hacer un esfuerzo extra.

3. ducha fría y caliente para no tener frío

El frío puede hacer que te duela la cabeza (al contraerse los vasos sanguíneos). Si te ocurre, sumerge los brazos o las piernas en agua a unos 36º y, a los 10 minutos, añade agua caliente para elevar la temperatura hasta los 40º.

La hidroterapia pueden hacernos más fuertes ante los cambios de tiempo

  • Las duchas alternas frías y calientes, además, son magníficas para reforzar la capacidad de adaptación tan necesaria durante los cambios de tiempo.

4. calor en las articulaciones

Tus articulaciones pueden “quejarse” ante el frío, la humedad o los cambios en la presión atmosférica (duelen, puedes notarlas más rígidas…).

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  • El calor ayuda a reducir estas molestias: usa un saquito de semillas o una bolsa de agua calientes. Y, si te es posible, busca lugares cálidos y secos para pasar el otoño y el invierno.

5. Instala un barómetro en tu balcón

Con una pequeña estación meteorológica en tu balcón o terraza podrás conocer de primera mano las condiciones climáticas del exterior y prever, al menos en parte, cómo te vas a encontrar. Eso te permitirá tomar algunas precauciones.

  • Es suficiente con tener un termómetro, un barómetro (que mide la presión atmosférica) y un higrómetro (para conocer la humedad en el ambiente)

6. Pasea por la orilla de una playa

La cantidad y el tipo de cargas eléctricas que hay en el aire nos influyen. Se sabe que cuando los iones que predominan son los negativos, nuestro estado anímico y las funciones corporales mejoran.

El aire fresco de la montaña es rico en iones negativos

  • El agua en movimiento los produce: por eso te conviene pasear por la orilla de una playa, o acercarte a saltos de agua y fuentes. Los rayos de las tormentas también dejan la atmósfera cargada de estos iones: sal a pasear cuando acaben.

7. en lugar de calefacción, un ionizador

Es otra manera de generar iones negativos, que en este caso mejoran la calidad del aire doméstico. Si te decides, es muy importante que adquieras uno que esté convenientemente homologado.

  • Úsalo... para facilitar la relajación y prevenir, por ejemplo, dolores de cabeza e insomnio (que pueden deberse al frío, al viento…).

8. Aísla bien tu hogar

Es importante conservar la temperatura de tu casa al máximo y evitar corriente. Tu salud se beneficiará y te ahorrarás dinero y molestias.

Distribuye los radiadores en puntos estratégicos

  • Deja entrar el calor del sol, sella bien las ventanas, instala burletes y juntas en las puertas que dan al exterior y aísla el cajón de las persianas.

9. PROTÉGETE DEL FRÍO O EL CALOR EXTREMOS

¿Sabías que en países fríos como por ejemplo Alemania la previsión del Servicio Nacional de Meteorología incluye advertencias a pacientes sensibles al tiempo?

Mantente alerta ante la llegada de un frente frío

Consulta los partes meteorológicos de tu zona para que un cambio brusco de temperatura no te pille desprevenido. Si no te abrigas lo suficiente, se puede agravar el estrés que el frente frío provoca en tu cuerpo.

10. Apunta tus reacciones

Lleva un diario que recoja los datos meteorológicos que registres (temperatura, humedad, presión, aspecto del cielo…) y, al lado, los síntomas que sientes en esos momentos (o, si es el caso, los que dejas de sentir).

  • Pasado cierto tiempo, es posible que revisando esas notas, descubras asociaciones en las que no habías reparado hasta entonces.