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¿Recuerdas el ruido que hacía a veces la tiza sobre la pizarra del colegio? ¿O lo que ocurre cuando el tenedor araña un plato? Seguro que con solo pensarlo te entra un escalofrío.

Este y otros sonidos "estridentes" resultan muy molestos para la mayoría de nosotros, pero podemos soportarlo.

El problema surge cuando ruidos muy cotidianos y poco intensos, a los que generalmente no prestamos atención, se convierten en una molestia absolutamente insufrible para algunas personas, que pueden llegar a experimentar incluso ataques de ira, cambios de humor o de estado de ánimo.

Hay un problema cuando un ruido cotidiano afecta a tu ánimo

Los afectados, además, suelen sufrir la incomprensión del resto, que adjudican esa intolerancia a simples manías o un exceso de sensibilidad. Pero no siempre es así, en algunos casos puede tratarse de un trastorno llamado misofonía. Te explicamos sus síntomas y cómo afrontarlo.

detectar la misofonía

No todos los ruidos resultan insoportables para las personas que sufren misofonía. Estos suelen cumplir una serie de características muy concretas:

  • Generalmente son sonidos realizados por otras personas durante actividades cotidianas.
  • Oír el ruido que hacen otros al masticar, sonarse, toser e, incluso, simplemente respirar produce una alteración involuntaria e incontrolable a la persona que sufre misofonía.
  • Al principio, la reacción puede producirse ante un sonido concreto, pero con el tiempo se pueden ir haciendo molestos también otros ruidos.

Escuchar a alguien masticar o respirar llega a resultar muy molesto

  • No tienen por qué tener una intensidad elevada. Es decir, no hace falta que el sonido proceda de una persona especialmente ruidosa al masticar o que tenga problemas respiratorios tipo asma.
  • Las demás personas que hay alrededor ni siquiera perciben esos mismos sonidos o, si los oyen, no los consideran especialmente molestos.
  • Aunque con menor frecuencia, también pueden causar serias molestias otros ruidos no producidos por personas, como crujidos o el sonido de la lluvia.

La misofonía no debe confundirse con otro trastorno llamado hiperacusia. En este caso, el problema no es que no se puedan tolerar determinados ruidos por resultar extremadamente desagradables, sino que los sonidos en general se perciben a un volumen mucho más alto del real.

Qué reacciones provoca

La misofonía es un trastorno que puede afectar a la calidad de vida y la estabilidad emocional de quien la sufre. El ruido puede llegar a exasperar, irritar, enfurecer y sacar de sus casillas a la persona afectada, que se ve incapaz de dejar de prestar atención al sonido que la altera.

Al tratarse normalmente de ruidos muy habituales y cotidianos, de los que es difícil "refugiarse", la persona puede acabar sufriendo otros trastornos asociados:

  • Cambios de humor.
  • Ansiedad.
  • Aumento del ritmo cardiaco.
  • Sudoración.
  • Ataques de ira.
  • Necesidad de huir.
  • Aislamiento social.
  • Depresión.

CAUSAS DE ESTE TRASTORNO

Hasta ahora se creía que determinado ruido estaba asociado a una experiencia traumática vivida por la persona y eso explicaba que desencadenara este tipo de reacciones.

Pero investigadores de la Universidad de Newcastle, en colaboración con otros centros del Reino Unido, han descubierto recientemente que el cerebro de las personas que sufren misofonía funciona más rápido de lo normal.

Se pensaba que se debía a alguna experiencia traumática

Además, su cerebro presenta ciertas diferencias en el lóbulo frontal, en la materia gris y en las conexiones entre diferentes áreas cerebrales, que afectan a cómo se procesan las señales que proceden del exterior y las emociones que estas generan.

Los científicos hallaron estas alteraciones al comparar las imágenes de escáner cerebral de 20 personas que sufren misofonía y otras tantas que no tienen este trastorno.

La clave está en la parte del cerebro relacionada con los sentidos y las emociones

Los participantes fueron expuestos a una amplia variedad de ruidos, incluyendo los que más molestaban a los afectados por misofonía, mientras se les realizaba una resonancia magnética.

Y los investigadores vieron que la corteza insular anterior –la zona del cerebro vinculada con los sentidos y las emociones– mostraba mucha más actividad en las personas con misofonía. Según los científicos, todo ello podría explicar por qué ciertos ruidos o estímulos auditivos les producen un mayor malestar y una respuesta emocional excesiva y desproporcionada.

¿existe una solución?

Aunque todavía no hay un tratamiento para la misofonía, los expertos confían en que los recientes hallazgos ayuden a encontrar una solución terapéutica. Los investigadores británicos están trabajando, por ejemplo, en la posibilidad de dirigir niveles muy bajos de electricidad a través del cráneo para ajustar la función cerebral.

Psicoterapia y técnicas de relajación ayudan a minimizar su efecto en el día a día

Mientras tanto, existen diferentes técnicas y medidas que pueden ayudar a convivir con este trastorno y evitar que acabe afectando a la calidad de vida, la estabilidad emocional y las relaciones familiares y sociales:

  • Las terapias tipo cognitivo-conductual ayudan a mejorar la tolerancia a estos ruidos y a aprender a controlar las reacciones emocionales que provocan.
  • Practicar técnicas de relajación, como meditación o yoga, contribuye a combatir el estrés y la ansiedad derivados del trastorno.
  • El uso de tapones para los oídos en las situaciones en las que se producen esos sonidos, por ejemplo a la hora de comer, reduce las molestias.
  • Limitar el consumo de alcohol, cafeína y sustancias excitantes es otra de las recomendaciones.