adelgazar sin riesgo

Cuando nos coge el ansia por perder algo de peso de forma rápida (el bañador llama a nuestra puerta) podemos caer en la tentación de quererlo hacer rápido...y mal. La mayoría de "dietas milagro" prometen resultados alentadores pero no nos cuentan como afectará a nuestro cuerpo establecer ciertos hábitos que no siempre son saludables (ni funcionan).

Las dietas que prohíben algún alimento, las que son demasiado restrictivas (menos de 1500 kcal), las que se basan en un solo alimento o grupo de alimentos, y muchas otras de este estilo, ponen en riesgo tu salud y no logran equilibrar tu peso. Más que "ponerte a dieta" debes adoptar unos hábitos saludables, una forma correcta de alimentarte, que no dure unas semanas o meses: debe ser un cambio de ahora en adelante.

Puedes empezar por unas pautas básicas pero muy efectivas:

1. Come más a menudo

Reparte la comida del día en cinco o seis tomas regulares (3 comidas principales y 2 tentempiés, uno a media mañana y otro a media tarde) y entre cada comida no dejes pasar más de 2-3 horas. Mantendrás estables los niveles de glucosa y evitarás bajones.

Cuando esto ocurre (hipoglucemia), al organismo le falta energía y tiene la sensación de no estar bien alimentado. En consecuencia, aumenta mucho el apetito con el objetivo de obtener glucosa de inmediato. La forma de evitarlo es comer más a menudo.

Un consejo, para no excederte con las calorías, prepara raciones más pequeñas y, sobre todo, mastica muy bien (cuantas más veces mejor). Te ayudará a sentirte saciada.

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2. No te saltes el desayuno

Saltarte una comida no adelgaza. Al contrario, puede hacer que ganes peso. Primero, porque seguramente comerás de más en la siguiente comida. Y segundo, porque tu organismo, al darle menos alimento, se vuelve ahorrador y quema menos.

Lo ideal es, por supuesto, evitar la bollería industrial y las grasas. El desayuno más indicado debe incluir un lácteo desnatado, una pieza de fruta fresca y cereales integrales.

3. Procura beber agua

Es básica para eliminar toxinas del organismo, pero además ayuda a controlar el peso gracias a su efecto saciante. En efecto, beber un vaso de agua antes de las comidas produce sensación de saciedad, con lo que comes menos. Lo mismo ocurre si tomas un vaso entre horas para controlar el hambre.

Pero ten claro que el agua no engorda, la tomes cuando la tomes: la forma en que te ayuda es "engañando" a tu estómago y a tu cerebro con la sensación de plenitud.

4. INCLUYE LOS IMPRESCINDIBLES

Para sentirte saciada, además de comer 5 veces al día es esencial que incluyas en tu dieta vegetales cada día (por lo menos tres raciones de fruta y dos de verdura diarias), preferentemente frescos. Aparte de vitaminas y minerales, la fibra y el agua que aportan te ayudarán a sentirte llena por muy pocas calorías y a regular el tránsito intestinal.

5. POTENCIA EL SABOR

Una dieta debe ser equilibrada y ligera, pero también apetitosa y sabrosa porque de lo contrario se convierte en un auténtico suplicio. Para conseguirlo sin añadir calorías, las especias y las hierbas aromáticas son tus aliadas.

También el ajo y el limón, tienen un sabor intenso. Con poca cantidad aromatizarás tus platos.

Lo que eliminas de tu dieta por error

A veces, con la intención de no engordar, se eliminan de la dieta alimentos o nutrientes que en realidad no deberían desaparecer. Toma nota de todo lo que no deberías dejar de tomar:

  • Cereales. Son la principal fuente de energía y no debes prescindir de ellos porque desequilibrarías tu dieta. Se recomiendan cinco raciones repartidas a lo largo del día, preferentemente integrales. Así que no dejes de tomar pan, pasta o arroz.
  • Legumbres. Es un error dejarlas de lado, ya que resultan esenciales en una dieta equilibrada. Eso sí, en lugar de prepararlas en platos consistentes, hazlo de forma más ligera y fácil: en ensaladas, salteadas con verduras, en forma de puré…
  • Proteínas. Tu dieta también debe incluir una ración de un alimento proteico en cada una de las comidas principales. Puedes elegir entre pescado, marisco, huevos y carnes (pollo, pavo, conejo…) y prepáralas siempre de forma sencilla, como a la plancha, al horno o la parrilla.
  • Lácteos. Para mantener los huesos en forma, debes tomar dos raciones diarias de lácteos, mejor si son desnatados. Si eres intolerante a la lactosa, busca opciones libres de este azúcar.