HIPOTIROIDISMO

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La glándula tiroides, situada en tu cuello, tiene un ritmo de trabajo y cuando este es más lento o más rápido de lo normal, genera problemas. Hay multitud de señales que pueden hacerte sospechar que tienes un problema de tiroides y los cambios en el peso (tanto para sumar como para restar) son una de ellas.

LA RELACIÓN ENTRE LA TIROIDES Y EL PESO

En concreto, en el hipotiroidismo lo que ocurre es que esta glándula no produce suficiente tiroxina, una hormona que estimula el metabolismo basal. Por eso, cuando disminuye, hace que el metabolismo sea más lento (el cuerpo por sí solo consume menos calorías), lo que conduce a una tendencia a ganar peso o dificultad para perderlo.

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Así, una de las formas de controlar el peso cuando aparece una alteración de la tiroides es jugando con la alimentación a tu favor: los alimentos pueden ayudarte a regular el funcionamiento de esta glándula. Si la glándula funciona mejor, tu metabolismo dejará de ser lento y te ayudará a no engordar tan facilmente.

Tengas o no problemas de tiroides, no consumir más calorías de las que quemas y la actividad física son los dos pilares principales para no sumar kilos extra.

¿QUé comer si tienes hipotiroidismo?

Las hormonas tiroideas, como la tiroxina, son los únicos componentes del organismo que contienen yodo. Nuestro cuerpo no puede sintetizar este mineral por lo que es fundamental obtenerlo a través de los alimentos.

Una de las causas más habituales que producen hipotiroidismo es la deficiencia de yodo. Por tanto, para prevenir esta alteración debes seguir una dieta variada y equilibrada que incluya alimentos ricos en yodo.

Y en el caso de que ya tengas este problema, además de la dieta rica en yodo probablemente tendrás que seguir un tratamiento “sustitutivo” cosa que será el médico quien prescriba. Las medidas dietéticas pueden hacer mucho para suavizar los síntomas derivados de este problema pero nunca deben sustituir las recomendaciones médicas que el especialista considere necesarias.

Con la alimentación debes tener en cuenta lo siguiente:

  • La sal, que sea yodada. Para asegurarte de que cubres tus necesidades diarias de yodo, sustituye la cantidad que usas de sal común por la sal yodada. Pero no te excedas en la cantidad: una cucharadita de café al día basta (unos 3 gramos).
  • No olvides los alimentos del mar. Pescado, marisco y algas son las fuentes más ricas en yodo. El pescado además te aporta proteínas, vitaminas minerales y ácidos grasos omega 3. Para tener un aporte adecuado de yodo, toma como mínimo cuatro veces a la semana una ración de pescado o marisco. Pero procura que este sea marino (100 gramos suponen entre 150 y 300 microgramos de yodo). En cuanto a las algas, también son muy ricas en yodo. Eso sí, las debes tomar con moderación.
  • Aumenta lo verde y lo naranja. Algunas verduras, como las espinacas y los berros, concentran el yodo presente en la tierra en que han sido cultivados. Las zanahorias o la calabaza proporcionan vitamina A, cuya deficiencia puede llegar a agudizar los efectos de la carencia de yodo.

ALIMENTOS QUE DEBES EVITAR

No se trata de prohibir nada pero en caso de que tengas problemas de tiroides es mejor limitar el consumo de ciertos productos.

Algunos alimentos como las hortalizas de la familia de las crucíferas (col, coliflor, coles de Bruselas, brócoli, nabos, berzas, rábanos, mostaza...) la yuca y el boniato contienen bociógenos, es decir hacen que el yodo que entra en el organismo no se absorba bien. Así, aunque te esmeres en tomar algo rico en yodo, estos productos evitarían que tu cuerpo lo aprovechara bien.

No abuses de ellos y tómalos siempre cocinados, ya que con la cocción estas sustancias desaparecen.