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Son fechas de regalos y consumismo, también y especialmente para los más pequeños... Los niños se ven expuestos ahora a una gran cantidad de estímulos y publicidad. Esto puede generar algunas consecuencias negativas, como la falta de aprecio hacia las cosas que reciben, freno a la imaginación y un ansia de consumismo desmedida, expresada con rabia y pataletas.

Estos síntomas han empezado a llamar la atención de los psicólogos, que incluso ya lo han bautizado como el síndrome del niño hiperregalado. Un problema que se empezó a detectar hace quince años, antes de la crisis, pero que ahora vuelve a dejarse notar.

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CÓMO DETECTAS QUE LE REGALAS DEMASIADO

La psicóloga Cristina Ramírez Roa, que fue la primera en acuñar este término, señala que “hemos permitido un niño que lo podía pedir todo y tener todo. Una manera que no es la idónea para que el niño pueda desarrollarse”.

Hemos permitido al niño pedir todo y tener de todo

Según el Estudio de Consumo Navideño, de la consultora Deloitte, cada familia española gastará 682 euros en estas fechas. Somos el segundo país europeo que más dinero dedica al consumo de los niños, por detrás de Dinamarca. El 80% de los pequeños reciben un promedio de cinco regalos.

Si tienes demasiadas cosas, no las valoras ni el afecto con el que se dan. Te conviertes en un egoísta. El problema es que muchos padres han querido suplantar la falta de tiempo o de ganas de estar con los niños, que es fundamental, a base de regalos.

Puedes comprobar si regalas demasiado si:

  • Llega al punto de que los niños no saben ya qué pedir.
  • A los quince minutos se ha cansado del regalo.
  • Hay regalos que ni siquiera se ha dado cuenta que están.
  • No le satisface ninguno de los juguetes que tiene y quiere otro.
  • Empiezan la carta de regalos con un “quiero” en lugar de “deseo” o “me gustaría”.

QUÉ HACER PARA REGALAR BIEN

“El objetivo del regalo es gratificar al niño –recuerda la psicóloga–. Y sin embargo, ahora se regala porqué sí, sin que sienta que se lo ha ganado, que se lo merece”. Por suerte hay una nueva generación de familias jóvenes, crecidas en la crisis, que sí están promoviendo otro tipo de valores en el regalo.

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  • Se lo ha de merecer. El esfuerzo personal de ser mejores y más solidarios cada día son valores que tendríamos que tener en cuenta a la hora de regalar.
  • El catálogo lo miramos juntos. Los niños enloquecen ante tanta oferta. Incluso ahora hay catálogos virtuales, lo que hace que los padres ni siquiera hayan visto lo que pide el niño.
  • Los niños no pueden decidir. Todavía tienen que aprender a madurar. Los padres piensan que ya tiene capacidad de elegir y no es cierto. Hay que guiarles.
  • Ponerse de acuerdo con la familia. No puede marcar diez regalos en un catálogo y esperar que se lo traigan todo, porque como la abuela y la tía también traerán cosas... La familia ha de acordar y decidir quién regala y qué. Como máximo el niño ha de tener tres regalos.
  • Si tiene hucha, pregúntale si se compraría el regalo con su dinero. Si no quiere hacerlo, es un regalo innecesario.
  • Dejar un regalo pendiente. Tienen que aprender a gestionar la frustración y la espera. Que alguna de las cosas que le gustaría, tenga que esperar a que llegue el año que viene.

EL REGALO IDEAL A CADA EDAD

La clave del regalo es que despierte la creatividad. Y otros valores, como compartir y disfrutar en grupo. Son comunes, indistintamente de la edad del niño.

  • No puede ser muy caro para la familia.

Un adolescente valorará su regalo no por el producto en sí sino por lo que vale. Quieren un móvil pero no cualquiera. Sin embargo, hay que hacerle entender que el regalo es acorde con la economía de la familia.

Los niños pequeños ya saben también que hay regalos más caros que otros. Los niños no pueden estar ajenos a la realidad. Han de saber que no todo se puede conseguir”, advierte la psicóloga Ramírez Roa.

  • Debe ser valorado en su justa medida. “Se habla del precio del regalo, pero no del valor, que es más importante. La abuela regala unos calcetines que son mucho más valiosos que otros regalos, porque ella ha puesto además mucho amor en tejer esos calcetines y no tiene tanto dinero como otros para hacer regalos caros”, pone como ejemplo la psicóloga.
  • No todo ha de ser electrónico. Ellos sólo marcarán juegos de ordenador o de consolas. Los juegos inteligentes no son los que hacen que sean más inteligentes. Hay que saber que unos simples lápices de colores, pueden ayudarles a desarrollar más sus capacidades”, recalca la psicóloga. Acorde con la madurez, estaría bien escoger un libro.
  • Los animales no son regalos. Las mascotas se comprarán en otra época porque es una responsabilidad para toda la familia y toda la familia debe asumir su cuidado.

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ELLOS TAMBIÉN TIENEN QUE APRENDER A REGALAR

Se habla mucho de qué recibirán, pero también hay que tratar sobre qué pueden regalar ellos. Hay muchas formas de hacerlo y no implica siempre comprar.

Ir a visitar a la abuela es un regalo para ella. Hay adolescentes que van voluntarios una tarde a un centro con discapacitados. También es un buen regalo.

Los niños pueden convertir una tarde de visita o de voluntariado en un regalo

Cuando el niño recibe una paga semanal, a partir de los siete u ocho años podemos animarle a que dedique parte de lo que ha ahorrado para dar a los que no tienen. O incluso el regalo puede ser una propuesta de colaboración solidaria.

  • Por ejemplo este año, la Fundación Vicente Ferrer, ha creado lo que denominan "El Hiperregalo", un regalo que se basa en descubrir un nuevo mundo a los niños: el valor de la solidaridad y el compromiso con niños de la India rural, para que estos tengan oportunidades de futuro. Se materializa en regalarle a tu hijo una cajita que "contiene" un apadrinamiento para crear así un puente de amistad y compromiso entre niños de aquí y de la India.

De la misma manera hay que incentivar que los niños valoren a las personas por sus cualidades humanas. No que valoren mejor a la persona que regala más cosas.

  • Intercambiar regalos. En muchos centros se recomienda que los niños lleven un juguete que ya no usan para regalar a otros niños. O que los intercambien con los juguetes de los otros niños. Así se incentiva la reutilización.