Soledad López
Soledad López

Periodista especializada en salud

Alertan sobre un aditivo habitual en golosinas, salsas y bollería
iStock by Getty Images

El dióxido de titanio es un colorante alimentario habitual en chicles, salsas o bollería procesada que hace tiempo que está en el punto de mira por su supuesta toxicidad.

Tanto es así que la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), junto con otras organizaciones de consumidores europeas, llevan años solicitando su eliminación de la lista de aditivos autorizados. De hecho, Francia ya prohibió su uso en enero del año pasado.

Las reclamaciones han hecho efecto y ahora la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria ha considerado que, finalmente, este aditivo no es seguro para la salud porque no puede descartarse su genotoxicidad, es decir, que pueda dañar el ADN.

Dónde se encuentra el dióxido de titanio

El dióxido de titanio o E-171 es un colorante alimentario que se utiliza como blanqueante. Se obtiene de la ilmenita, un tipo de roca de origen mineral. Su uso es habitual en confitería, bollería y salsas, aunque también puede hallarse en muchos otros productos procesados.

Según fuentes como Aditivos-alimentarios.com, una gran base de datos sobre aditivos, se encuentra en los siguientes productos:

  • Chicles, caramelos, golosinas, gominolas, piruletas, chocolates de colores.
  • Frutos secos, pipas y semillas procesados (obviamente no naturales).
  • Bebidas en polvo, cafés en cápsulas,
  • Galletas, bollería, pastelería, bizcochos, turrones, tartas, helados.
  • Yogures, natas, salsas, aderezos para ensaladas, sopas, quesos.
  • Surimi, derivados del pescado, palitos de cangrejo.
  • También se usa en pastillas, grageas, cápsulas, píldoras quemagrasa, complejos vitamínicos, pasta dental y muchos productos de farmacia.

Qué riesgos tiene este aditivo

Según la OCU, que se remite a la evidencia que arrojan estudios sobre el dióxido de titanio, el peligro de este aditivo reside en que una pequeña parte es absorbida por el intestino y puede acumularse en diferentes órganos.

Y ahora la EFSA reconoce que no puede descartarse su genotoxicidad, o lo que es lo mismo, la capacidad de esta sustancia química para alterar el ADN y provocar daños en el sistema inmunitario, microlesiones en el intestino y el colon, síndrome del intestino irritable e incluso cáncer.

Aditivos-alimentarios señala que en dosis pequeñas puede teñir las uñas de amarillo y en dosis grandes puede bloquear la respiración celular, en especial en órganos como hígado o riñones.

No se puede determinar una cantidad de ingesta diaria segura para la salud

No es cuestión de que cunda el pánico porque el riesgo no es inminente para la salud, sino que aumenta las probabilidades de sufrir ciertas patologías.

"Las pruebas sobre los efectos tóxicos generales del dióxido de titanio no han sido completamente concluyentes, pero no pudimos descartan la preocupación por la genotoxicidad y, en consecuencia, tampoco pudimos establecer una cantidad de ingesta diaria segura de este aditivo", ha afirmado Mattew Wright, presidente del grupo de trabajo de la EFSA sobre el dióxido de titanio.

Por tanto, si no se puede determinar un nivel de ingesta segura, lo propio sería prohibirlo.

Cómo aparece en la etiqueta

Identificar este aditivo en las etiquetas no es difícil porque aparece con su nombre común, dióxido de titanio, o la denominación E-171.

Según fuentes como Aditivos-alimentarios también puede aparecer con otros nombres como blanco de titanio, bióxido de titanio, TiO2, Blanc 6, CI Pigment White 6, CI-77891.

A la espera de su prohibición como aditivo

La alerta lanzada por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) no quiere decir que automáticamente se prohíba este aditivo.

Lo que ha hecho la EFSA es actualizar la evaluación sobre la seguridad del dióxido de titanio como aditivo alimentario y ha concluido que, definitivamente y a tenor de los estudios existentes, no es seguro para la salud.

Ahora, la Comisión Europea y los estados miembros recogen el testigo y tienen que trabajar para hacer realidad la prohibición del dióxido de titanio como aditivo alimentario.

Por su parte la OCU, y hasta que se confirme su prohibición, recomienda evitar los alimentos que lo contengan, en especial las golosinas y los dulces.