Caminar a paso ligero te hace envejecer más tarde

Un estudio ha comprobado que las personas que caminan más rápido son las que tienen un envejecimiento más lento. La investigación se ha basado en datos genéticos para calcular la posible longevidad y los resultados son muy significativos: puede haber más de quince años de diferencia.

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Pablo Cubí
Pablo Cubí del Amo

Periodista

Caminar a paso ligero te hace envejecer más tarde
iStock by Getty Images

El estudio ha comprobado la relación entre caminar más rápido y la longitud de los telómeros, unos elementos que protegen a nuestros cromosomas.

Que las personas activas tienen más y mejor esperanza de vida no es nuevo. Y también hay varios estudios que relacionan una mayor esperanza de vida con aquellas personas que tienen un ritmo de caminar más rápido.

Ahora se ha añadido una nueva investigación que, por su amplio número de participantes y su novedoso sistema de medición, aporta nueva luz sobre el tema. Sin duda, muy buenas noticas para los que son de paso ligero.

La longevidad está en los genes

El estudio se ha basado en un marcador genético que se relaciona muy directamente con la longevidad: los telómeros. Se trata de unos elementos que se sitúan al final del cromosoma (la estructura con nuestra información genética, formada por ADN). La función de los telómeros es proteger al cromosoma de posibles daños.

Hay una relación entre caminar rápido y la longitud de los telómeros, los marcadores que indican la juventud de las células

Con cada división de la célula, los telómeros se acortan, hasta que llega un momento en que ya no queda telómero y la célula no puede dividirse más. No renovamos las células y los tejidos dejan de regenerarse, lo que es un signo de envejecimiento. La pérdida de telómeros también se relaciona con la aparición de enfermedades propias del envejecimiento, como artrosis y osteoporosis.

Pues bien, este estudio, impulsado por la Universidad de Leicester (Inglaterra), ha comprobado que hay una relación entre caminar más rápido y la longitud de los telómeros. Después de analizar los datos genéticos de más 400.000 británicos, han calculado que caminar a buen ritmo puede suponer el equivalente a tener la edad biológica unos 16 años más joven.

La velocidad de la marcha es importante

Hay un vínculo causal entre un ritmo de marcha rápido y una longitud de telómeros más larga”, ha asegurado el profesor Paddy Dempsey, del Instituto Nacional para la Investigación Médica y primer autor del estudio. Al mismo tiempo, “una velocidad de marcha que sea habitualmente más lenta es una forma sencilla de identificar a personas con más riesgo de tener enfermedades crónicas o que envejezcan peor”.

El profesor Dempsey destaca que estamos hablando de cientos de miles de personas a las que se les monitorizó con los sistemas de medición de pasos, como son los relojes inteligentes. “Estudios previos similares se descartaron por ser poco consistentes y con datos muy pobres”, ha añadido.

Esta misma universidad ya había realizado otras investigaciones al respecto. La más llamativa, en el año 2019, apuntaba que caminar rápido aumenta la esperanza de vida entre 15 y 20 años.

Diez minutos cada día a paso ligero

En ese otro estudio de revisión de casos analizaron el índice de masa corporal y la velocidad al caminar. Se analizó a personas con una media de 58 años un IMC de 26,7, es decir, con sobrepeso. Comprobaron que los participantes que caminaban a paso más ligero tenían mayor esperanza de vida: hasta 87,8 años de media frente a los 72,4 de los que iban más lento.

Basta caminar rápido diez minutos diarios para notar una mejora, que puede suponer hasta 20 años más de vida

Estas diferencias se vieron independientemente del nivel de sobrepeso. Incluso comparaciones con personas sin sobrepeso también reflejaron que morían antes los que andaban más despacio.

Sus conclusiones eran que basta con caminar diez minutos diarios a buen ritmo para conseguir una mejora en la esperanza de vida. Pero que si lo aplicamos al modo de caminar habitual, la esperanza de vida puede ser de hasta veinte años más.

Otros factores que afectan al ADN

Hay otros varios factores que pueden influir en lasalud” de nuestro ADN. Uno muy importante es el estrés. Así lo puso en evidencia una investigación de la Universidad de Yale. Confirmaron que no es lo mismo la edad biológica y la edad cronológica. Personas mayores podían tener un cuerpo mucho más joven que otras que habían sufrido mucho estrés.

A medida que envejecemos ocurren cambios químicos en el ADN y no se corresponden necesariamente a la misma edad en todas las personas. Esos marcadores de longevidad los investigadores los llaman “relojes epigenéticos”.

Los científicos de Yale exploraron hasta qué punto el estrés aceleraba esos cambios químicos del ADN y lo hicieron con población relativamente joven (de 19 hasta los 50 años) y saludable.

Los resultados fueron que, incluso personas con algo de sobrepeso o que fueran fumadoras, tenían mejores análisis si eran tranquilas que aquellas que vivían en situación habitual de estrés.