Por Pablo Cubí, periodista

agorafobia coronavirus

Los meses de confinamiento y desescalada progresiva han supuesto una dura prueba psicológica para muchos.

A nadie se le escapa que la vuelta a las rutinas tampoco está siendo igual para todos. No es tan fácil acostumbrarse a esta nueva normalidad.

Y hay quien no quiere o no puede pasar de fase a una situación que “es nueva pero no es normalidad», asegura María del Carmen Rodríguez, tutora del grado de Psicología en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Especial atención hay que prestar a dos colectivos más sensibles a estos cambios: los niños y los ancianos.

¿ESTAMOS ANTE UNA AGORAFOBIA?

Lo que muchos están viviendo son reacciones hasta cierto punto normales tras pasar por una de las experiencias más impactantes de nuestras vidas.

Según esta psicóloga, “será necesario tener muy en cuenta las agorafobias (por el confinamiento) y los cuadros de ansiedad”.

Algunos cuadros de ansiedad pueden resolverse en casa

Sin embargo, antes de que etiquetar directamente el problema hay que saber diagnosticar adecuadamente.

  • La agorafobia es el miedo exagerado a salir a espacios porque uno se siente en peligro.

Es un trastorno que para producirse debe cumplir unos criterios determinados. Solo un especialista podrá decirlo con certeza.

Podemos encontrar personas más afectadas, pero que no llegan a necesitar realmente tratamiento psicológico.

Quizá se trata de una inseguridad menor y podemos encontrar estrategias para solucionarlo.

SENTIRSE EN UN MUNDO HOSTIL

La situación en el caso de las personas mayores está muy relacionada con el miedo.

  • Han vivido la pandemia de un modo especial, sintiéndose los más vulnerables.
  • Han seguido más las noticias en los informativos y la prensa, con un bombardeo de cifras que han creado mayor sensación de inseguridad.
  • También han perdido más amigos de su edad y familiares. Han visto que el peligro es real.

Se hace muy presente la percepción de que las personas mayores son un estorbo, que si enferman se las puede dejar morir. Les ha quedado esa sensación”, reflexiona la psicóloga Rodríguez. Así, no es extraño que ahora se sientan en un mundo hostil.

CÓMO ACTUAR CON LOS MAYORES

Por eso los que tenemos personas mayores cerca podemos echarles una mano:

  • Ofrecerles hablar y compartir sentimientos.
  • Hay que escuchar, no aconsejar.
  • Respetar sus ritmos. Ir poco a poco y con paciencia.
  • Si llevan tiempo sin salir hay estrategias. Por ejemplo, un nieto que le anime a salir juntos, sin obligarlos ni forzarlos.

No hay que olvidar que a los mayores les cuesta más la adaptación a todo nuevo cambio. Les costó el confinamiento y les cuesta ahora la nueva normalidad.

Hay que respetar el ritmo de los mayores, que tardan en adaptarse

También es cierto queel reencuentro con la familia es un aliciente para salir de nuevo a la calle y tratar de rehacer la vida de antes.

los niños y las redes sociales

En cuanto a los niños, ha habido dos tipos de problemáticas ante esta situación de confinamiento:

  • Algunos han necesitado apoyo emocional durante el confinamiento, hecho que se ha manifestado en trastornos de conducta y pesadillas”, explica la psicóloga Rodríguez.
  • “Otros que al principio lo soportaban bastante bien y que, justamente en el momento de volver a cierta normalidad, están más nerviosos”.

Se trata de niños que se han interconectado mucho con otros niños, a través de las redes sociales y los videojuegos y ahora les cuesta volver a salir.

Han tenido la falsa sensación de que ya se relacionaban y se les hace extraño ese acercamiento presencial.

Además, los avisos de no acercarse a otros grupos, de mantener distancia y de llevar mascarilla, les crean una mayor sensación de peligro, sobre todo entre los más pequeños.

CÓMO ACTUAR CON LOS NIÑOS

Es ahora cuando salen los síntomas de ansiedad, las agorafobias y los miedos en general”, señala Rodríguez.

La agorafobia da reacciones extremas como taquicardia y mareos

Esos miedos provocan reacciones como: taquicardia, mareos, náuseas, sudoración excesiva, dolor estomacal, contacto constante con los padres.

Son señales que puede significar un caso de agorafobia y hay que acudir a un especialista.

Los jóvenes y adolescentes tienen en general una sensación menor del riesgo y además olvidan más rápido.

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