Por Soledad López, periodista especializada en salud

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Durante los meses de confinamiento la tecnología ha sido la salvación para muchos. Gracias a ella hemos podido teletrabajar y los niños realizar las tareas sugeridas por los profesores vía telemática. Incluso algunos tuvieron la suerte de recibir clases online (la mayoría no, según un estudio de la OCU).

Muchos padres reconocen la gran destreza que han adquirido sus hijos con el ordenador u otros dispositivos.

El problema es que la tecnología engancha. A los niños también. Y esto se ha producido en un contexto en que no podían salir de casa y, una vez acabadas las tareas escolares, ¿qué mejor distracción que jugar con el móvil o la tablet? Las cifras hablan por sí solas:

  • Antes del estado de alarma, los niños españoles pasaban unas 3 horas diarias enganchados a todo tipo de pantallas. Pero con el confinamiento, el consumo de televisión aumentó un 70%; y el de móviles, consolas y tablets un 80%.

"¿Se abusó de las pantallas? Sí. Pero no creo que debamos buscar culpables. Todos lo hicimos lo mejor que pudimos. Ahora solo podemos mirar hacia atrás e intentar aprender algo de aquella etapa", reflexiona Manuel Armayones, profesor de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) e investigador del eHealth Center.

¿Abuso o adicción?

Es cierto que el abuso de pantallas se ha acentuado en los últimos meses, pero Armayones recuerda que es un problema que viene de atrás y que, en la mayoría de los casos, se trata solo de eso: de un abuso, pero no de una adicción.

"Entendemos que es un problema cuando distorsiona otras esferas de la vida personal", insiste el profesor de la UOC.

Pero aunque no se trate de una adicción que requiera la intervención de un profesional, es cierto que la exposición excesiva a las tecnologías no es buena y puede tener consecuencias negativas para el niño:

  • El abuso de las pantallas genera malestar, irritabilidad y aislamiento.
  • A la larga el sedentarismo que conlleva puede alterar las horas de sueño y aumentar el sobrepeso. De hecho, la obesidad en los niños ha aumentado a causa del confinamiento.

Puede afectar al desarrollo cognitivo del niño

Está demostrado que el uso excesivo de pantallas en niños llega a afectar a su correcto desarrollo cognitivo.

De hecho, en niños menores de 2 años se desaconseja la exposición a todo tipo de pantallas, ya sea el móvil o la televisión aunque se trate de programas infantiles. Se sabe que los niños de esta franja de edad que pasan mucho tiempo frente al móvil:

  • Empiezan a hablar más tarde y tienen un lenguaje más pobre.
  • Tienen más problemas de atención e hiperactividad.

La desconexión digital es necesaria

A tenor de los estudios, los expertos recomiendan limitar el tiempo dedicado a las pantallas según la edad:

  • Los menores de dos años no deben hacer uso de las pantallas.
  • De 3 a 5 años se aconseja un uso máximo de 30 minutos.
  • De 6 a 12 años no hay que superar una hora al día.
  • Los chicos entre 13 y 16 años no deberían estar más de dos horas diarias ante las pantallas.

Cómo lograr que se desenganchen de las pantallas

La realidad es que a lo largo de la pandemia, confinamiento y post-confinamiento incluido, muchos niños que no habían jugado apenas con el móvil o la tablet se han acabado enganchando y para muchos padres resulta difícil evitarlo. Antes les daba por pintar o jugar en los momentos de aburrimiento, ahora buscan ansiosamente el móvil.

El profesor Armayones, experto en el impacto de estas nuevas tecnologías y autor de "El efecto smartphone: conectarse con sentido" nos sugiere 5 consejos para que los niños se desenganchen de las pantallas y la vuelta al cole sea más llevadera:

1. Marca unas normas claras

Es el primer paso para regular el uso de pantallas, por eso conviene "mantener una conversación sincera para que entiendan por qué no pueden estar todo el día enganchados y por qué deben seguir algunas normas", explica Armayones.

  • Los padres deben establecer cuánto tiempo puede estar el niño con el móvil, en qué momentos no puede usarlo y qué puede hacer y qué no con él.

"Cuánto es mucho o cuánto es poco depende del efecto que tenga en la vida personal. En el caso de los niños, hay que ver si el uso de estos dispositivos cambia su comportamiento o las actividades que realizan. Suele ocurrir en el caso de los videojuegos que crean una cierta adicción", advierte el experto.

"Todos sabemos que los venenos son veneno en función de la dosis. Con las nuevas tecnologías pasa lo mismo", añade.

2. Negocia sin miedo

Armayones aconseja negociar el tiempo de uso del móvil: "no hay normas de oro y cada niño es diferente, por lo que las condiciones se pueden pactar".

Eso sí, "hay que recordar que abordamos el tema como padres, no como amigos o colegas, y que la última palabra es de los progenitores", recuerda.

  • A la hora de negociar las condiciones, conviene hacerle saber al niño que el tiempo dedicado al móvil podrá variar en función de su comportamiento y que incluso se puede quedar sin él si el uso del móvil genera problemas o sencillamente dispone de menos tiempo como en época de exámenes.

3. Antes de prohibir, ofrece alternativas

Limitar el móvil cuando es el único elemento de ocio del niño puede resultar muy difícil para el menor.

Por eso es clave ofrecer a cambio actividades alternativas:

  • Las actividades al aire libre son claves para el desarrollo de los más pequeños y no requieren de ningún aparato. El deporte, las manualidades, leer en cuento, pasar un rato en familia... "Es lo que se ha hecho toda la vida. No tiene más secretos", explica Armayones. El problema es que hemos perdido la costumbre.

4. Predica con el ejemplo

Prohibir que los niños miren el móvil a la hora de comer resulta tremendamente incoherente si los padres hacen lo mismo. Y es una imagen más habitual de que lo que debería ser.

  • "Se estima que los adultos miran el móvil cada 10 minutos. Y los menores de 25 años, cada 7", asegura Armayones. No hay que olvidar que el uso excesivo de pantallas también perjudica (y mucho) a los adultos.

5. Sin contraseñas

Los padres tienen que tener el control total del móvil de sus hijos, así que nada de contraseñas en estos dispositivos.

Tampoco conviene que usen el móvil a puerta cerrada: "es más importante la seguridad de los niños que su privacidad, por eso es clave que estemos pendientes de cómo usan el móvil y qué hacen con él".

  • Armayones aconseja aplicaciones diseñadas para el control parental de estos dispositivos.

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