Por Nuria Blasco, periodista

Carnet testimonio Míssia

A mediados de marzo, ante la falta de personal sanitario, las comunidades autónomas más afectadas por la Covid-19 hicieron una llamada para que recién titulados en Medicina y Enfermería y estudiantes de último año se apuntaran a colaborar para hacer frente a la pandemia.

Míssia Torrado, de 24 años, fue una de las recién licenciadas en Medicina que se presentó voluntaria "por un sentimiento de responsabilidad".

No podía quedarme en casa, tenía que ayudar

Míssia había hecho en enero el examen MIR en Barcelona y estaba a la espera de la adjudicación de plaza para hacer su especialización. Mientras, se fue de viaje con sus compañeros de la facultad.

“La pandemia me pilló en Tailandia. Estaba con unos amigos haciendo el típico viaje post-MIR y desde allí vimos como la situación se complicaba en España. Decidimos volver dos días antes y llegamos el 14 de marzo, el día que empezó el estado de alarma”, explica Míssia.

"Volví de viaje y me encontré con la situación de alarma, tanta gente enferma, muriendo...”

“Pocos días después, el Col·legi oficial de Metges de Barcelona hizo la llamada para colaborar. Yo había estado siete años preparándome para ser médico, estudiando mucho pero sin que esto tuviera un impacto real".

"Y de repente, vuelvo de viaje y me encuentro con una situación de alarma con tanta gente enferma, pasándolo mal, personas que están muriendo, con todo el mundo tan tocado… Me presenté voluntaria por un sentimiento de responsabilidad. No podía quedarme en casa, he elegido esta carrera para esto, para ayudar”, afirma.

una semana de formación y a trabajar

En pocos días recibió la llamada del Hospital de Granollers (Barcelona), cercano a su casa, pidiéndole que se incorporara la última semana de marzo.

“Hicimos una semana de formación en el hospital con médicos de Medicina Interna viendo como funcionaba todo. Luego nos llevaron a un hotel de Granollers que estaba medicalizado para pacientes de Covid-19 que habían estado ingresados y que ahora estaban en proceso de recuperación. Allí estuve todo el mes de abril”, explica.

  • Los hoteles medicalizados han aliviado mucho la carga de los hospitales pero han sido espacios adaptados que también requerían de la atención y cuidados de profesionales sanitarios. Se ha necesitado un extra de personal en todo el país.

“Nuestros pacientes habían estado en el hospital en situación de gravedad moderada, y algunos incluso graves en la UCI. Y una vez habían pasado la fase aguda de la enfermedad se los traía al hotel para su recuperación y así dejar camas libres en el hospital. Teníamos bastantes personas mayores que viven solas, que quedaron muy tocadas después de pasar la Covid y necesitaban cuidados”, nos cuenta Míssia.

Ha sido como si de repente me lanzaran a la vida real

La situación atípica en la que Míssia se adentraba en el mundo laboral, sumado a la emergencia sanitaria, la llevó a tener momentos de inquietud.

“No tenía miedo pero sí la sensación de que aunque tenía muchos conocimientos, eran básicamente teóricos, y de repente me lanzaba de golpe a la vida real sin saber si tendría suficientes armas para enfrentarme a determinadas cosas. Sí que estaba nerviosa por no saber qué pasaría ni que podría aportar”.

"Siempre hemos tenido a un profesional detrás a quien consultar"

“Pero la verdad es que en ningún momento se esperó algo más de nosotros de lo que podíamos ofrecer. Íbamos a dar apoyo, a ayudar y a aliviar el agobio de los médicos que llevaban desde el principio de la pandemia".

"En ningún momento se nos pidió que tuviéramos ninguna responsabilidad, así que nunca nos hemos sentido desprotegidos, siempre teníamos a un profesional detrás a quien consultar y que estaba pendiente de todo”, asegura.

he visto situaciones personales muy duras

Estos voluntarios no tuvieron que atender a ningún enfermo en situación grave pero sí que se encontraron con pacientes que vivían situaciones emocionales muy difíciles.

"Había pacientes de edad avanzada que se estaban recuperando, pero que su pareja estaba grave en el hospital. Y recuerdo un hombre que su mujer acababa de morir a causa del coronavirus. También había algún paciente que había perdido a alguno de sus padres mientras estaba ingresado y no pudo despedirse. Estos casos tenían una carga emocional muy dura, y lo peor es que lo pasaban en soledad”, explica Míssia.

“Muchas veces, en lugar de practicar la medicina más objetiva, hacíamos más un trabajo de apoyo emocional. Los pacientes necesitaban hablar con alguien, desahogarse. Y lo agradecían mucho porque había miedo, muchas dudas sobre la enfermedad y las secuelas, o sobre cuándo podrían ver a la familia. No puedes evitar preocuparte por ellos. Anímicamente es duro”.

ver a alguien que se iba a casa era un alegría

Durante su experiencia, lo mejor de su día a día era el momento en que le daban el alta a algún paciente y podía volver a su hogar.

"En el hotel, a nivel de salud, la gente se recuperaba, veías como día a día iban mejorando y finalmente se podían ir a casa. En estos momentos la gente estaba súper feliz, y claro, esto motiva mucho. Seguro que habría sido muy distinto si hubiera tenido que estar en una planta de hospital o en una UCI”, asegura Míssia.

"Veías a la gente como día a día iba mejorando y su cara de felicidad cuando les daban el alta"

Y aunque sus pacientes se estaban recuperando, Míssia y el resto de personal sanitario convivían a diario con el riesgo de contagio.

"Al principio estaba un poco obsesionada con el tema de la limpieza para evitar el contagio, y cada vez que tocaba algo, aunque fuera un bolígrafo, me desinfectaba las manos. Pero luego lo racionalizas, mantienes los protocolos y ya está".

"No me daba miedo contagiarme yo, porque tengo solo 24 años, pero sí que pensaba en mis padres ya que vivo con ellos, y aunque no son población de riesgo sí que se acercan más que yo".

"No me daba miedo contagiarme yo, lo que temía era que pudiera contagiar a mis padres"

"Cuando llegaba a casa dejaba fuera en una bolsa la ropa que había llevado en el hotel, entraba en casa sin tocar nada y me iba directamente a la ducha. Lavaba la ropa a alta temperatura y limpiaba bien las gafas y el móvil. Era todo lo que podía hacer", explica.

he descubierto el valor del acompañamiento

Míssia ha aprendido mucho de esta esta experiencia, que le ha servido, entre otras cosas, para valorar todavía más la que ya es su profesión y reafirmarse en el camino elegido.

“Además de tratar o medicar a las personas, con esta experiencia he visto el valor del acompañamiento. En este caso, en que los pacientes tenían lejos a la familia, nosotros hablábamos cada día un rato con ellos, con lo que establecíamos unos lazos que ellos agradecían muchísimo".

"A mí me gusta mucho la Medicina de familia o la Pediatría, el acompañamiento largo del paciente, y esta vivencia me ha reafirmado la importancia de este contacto”.

"Esta experiencia ha sido un primer acercamiento de lo que será mi vida"

“Para mí ha sido una experiencia extraordinaria en muchos sentidos. Hemos entrado de una forma diferente en el sistema laboral pero nos ha servido para hacer un primer acercamiento a lo que será nuestra vida en los próximos años. Y lo que más valoro, es que hemos podido ayudar y poner nuestro granito de arena en esta crisis”, concluye.

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