Pablo Cubí
Pablo Cubí del Amo

Periodista

 errores habituales al ventilar para evitar los virus

La buena ventilación de espacios se ha comprobado como esencial para evitar la propagación de la covid y de otras infecciones.

Los espacios abiertos o bien ventilados son lugares con menos riesgo de contagio. Aunque a medida que aumenta la concentración de personas, el riesgo se incrementa.

Eso es especialmente evidente en las aulas de los colegios.

Unos investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) han analizado los flujos de aire que se producen en diversos espacios y han encontrado fallos que, por fortuna, tienen fácil solución.

La clave es cómo se mueve el aire

No basta con que el aire se mueva mucho para conseguir dispersar los virus y evitar los contagios. Si la calidad del aire es mala y hay mucha concentración de virus, pese al movimiento seguirá siendo un riesgo importante.

La ventilación ha de evitar que el aire vaya en horizontal por la habitación

  • Los aires acondicionados y ventiladores o las corrientes de aire si no están bien ubicados pueden no ser suficientes.

Este estudio del MIT, publicado en Building and Evironment, ha constatado que la falta de conocimiento sobre cómo se comportan las corrientes crea esos errores.

El aire frío circula por abajo y sube a medida que se calienta. Por eso, en las aulas, el calor corporal va haciendo que el aire que respiramos, potencialmente con más virus, vaya hacia arriba.

Lo ideal para una buena ventilación es que haya una fuente de aire exterior entrando por abajo y una salida en una zona más elevada, cerca del techo, para que el flujo sea rápido y constante.

Un problema: el frío exterior

Incluso así. Los análisis de las corrientes han constatado problemas.

Cuando miramos la concentración de aerosoles alrededor de otras personas en la habitación, en algunos casos fue mucho más alto de lo predicen los modelos estándar", explica el profesor Leon Glicksman, coautor del artículo.

Esta situaciones nos las podemos encontrar más a menudo a medida que llegue el frío. En concreto han visto dos problemas muy significativos.

  • Si la ventana de salida del aire está muy fría, parte del aire respirado vuelve a bajar al enfriarse e interrumpe el flujo ascendente general.

Si una persona infectada por la covid está sentada junto a esa ventana sería especialmente propensa para propagar sus aerosoles alrededor.

La solución simple sería que haya fuentes de calor cerca de las ventanas para compensar su enfriamiento.

Otro problema: ventanas alineadas

Los investigadores analizaron otro problema con las ventanas abiertas.

  • Si estas ventanas están alineadas con las filas de los asientos de los alumnos.

Unos simples difusores en la ventana que envíen el aire exterior al suelo son la solución

El movimiento del aire se produce en sentido horizontal y, aunque haya un buen movimiento, a lo largo del día se crea una propagación significativa de aerosoles.

Otra solución sencilla que lo evitaría es la instalación de unas pantallas en las ventanas que desvíen el aire al entrar del exterior y lo dirijan hacia abajo.

De esta manera, el aire fresco entrará en el aula cerca de los pies y ayudará a crear un mejor patrón de circulación general.

Cuando hicimos las simulaciones con estos difusores, la concentración de aerosol era mucho menor que si dejas que el aire entre directamente en horizontal", explica el profesor Glicksman.

Qué cambia con la variante delta

El estudio también constata problemas adicionales. Uno evidente es que las ventanas abiertas requieren un mayor gasto energético. Eso tiene repercusiones económicas y ambientales.

Por eso se recomienda buscar soluciones específicas a cada espacio. Un uso de filtros más eficientes si se tiene aire acondicionado puede reducir las concentraciones de virus sin necesidad de aumentar la ventilación.

También se ha de tener en cuenta la mayor capacidad de contagio que supone la variante delta, y que hace aún más necesario que la ventilación sea eficiente.

Todos los estudios de ventilación empíricos que se hicieron el otoño pasado se habían basado en tasas de contagio con variantes menos infectivas.

Por otro lado, tampoco se ha tenido en cuenta, el factor protector que supone de la vacunación, porque en Estados Unidos la proporción de vacunados no es tan alta como en España.

La mascarilla aún es fundamental

En todo caso, los investigadores constataron en sus simulaciones que el uso de mascarilla sigue siendo una herramienta fundamental para evitar la dispersión de virus.

  • Las mascarillas limitan la dispersión horizontal del aire exhalado. Ese aire directo es el gran caballo de batalla que propaga los contagios.

Al respirar expulsamos el aerosol a un metro por segundo y al toser va aún más rápido. Un aerosol con mucha carga viral.

La mascarilla frena la velocidad de salida y ayuda a que cuando se filtra por los laterales suba con la corriente de aire cálido de la habitación y se vaya dispersando.

Ni que decir tiene que cuanto más ajustada la mascarilla, menos se filtra y menos carga viral llega a los compañeros de aula.