Por Nuria Blasco, periodista

Carnet testimonio susana

Hace tres meses que Susana Armero no ve a su madre, Antonia, de 88 años. Ella se encuentra en una residencia privada para la tercera edad de Ciempozuelos (Madrid) donde, como en todos los centros de mayores españoles, no ha podido entrar ningún familiar desde principios de marzo debido a la pandemia del coronavirus.

Por suerte, poco a poco todo se normaliza y Susana y su madre pronto podrán estar juntas.

En plena oleada de contagios y cuando en los medios se contaba el drama que se vivía en muchos geriátricos, Susana recibió la noticia de que su madre había padecido la Covid-19.

Por fortuna, Antonia pasó la enfermedad de forma asintomática, pero no fueron momentos fáciles para Susana y su familia.

nos dijeron por e-mail que no podíamos visitarla

Con el inicio de la pandemia del coronavirus, la Consejería de Sanidad decretaba la suspensión de todas las visitas a las residencias de mayores con el objetivo de disminuir la amenaza de infección entre los residentes, que son el principal grupo de riesgo.

“Yo vivo en Madrid y la residencia de mi madre está en Ciempozuelos, un pueblo a 40 km de la ciudad. Yo, en circunstancias normales, voy a verla muy a menudo. Esta es la primera vez que estoy tanto tiempo sin verla, desde el 7 de marzo, y tanto a mí como al resto de la familia se nos ha hecho muy duro”, explica consternada Susana.

"Esta es la primera vez que estoy tanto tiempo sin ver a mi madre, es muy duro"

“Desde la residencia nos mandaron un e-mail donde nos decían que no se podía visitar más a los residentes. Entonces empezamos a llamar para que nos dieran más información, por si sabían durante cuanto tiempo, pero el teléfono estaba colapsado, no pudimos contactar”.

un voluntario llamaba a diario para informarnos

Esos primeros días fueron muy difíciles para la familia de Susana, que necesitaba saber algo más sobre cómo estaba su madre y cómo se iba a gestionar en la residencia la situación durante la pandemia.

“Fue a través de e-mail que nos dijeron que iban a tope, que todo estaba bien y que ya iríamos recibiendo noticias. Y claro, te quedas angustiada e intranquila. Mi madre de salud está bien, sufre artrosis pero anda bien y no tiene ninguna patología importante, lo que sí tiene es un deterioro cognitivo”.

"Nos dijeron que iban a tope, que todo estaba bien y que ya iríamos recibiendo noticias"

“A la semana y media nos llamaron y nos dijeron que un grupo de voluntarios que estaba trabajando para la residencia nos llamarían todos los días, tanto a nosotros como al resto de familias, para notificarnos cómo estaban los residentes. Y así lo hicieron. Cada día me llamaba una chica para decirme 'tu madre está bien, no tiene ningún síntoma…”, cuenta Susana.

Solo quedaba confiar y creer lo que nos decían

La situación no era nada fácil porque no tenían ningún contacto directo con Antonia, ni siquiera podían oír su voz.

“El primer mes después de que declararan el estado de alarma fue lo peor. No podíamos hablar con ella por lo que teníamos que creer lo que nos decían y confiar en que estaría bien".

"Cada día, cuando me llamaban desde la residencia, me daba un vuelco el corazón porque oías tantas cosas en los medios, y que morían tantos ancianos, que daba miedo. Luego, al pasar los días, me fui tranquilizando un poco”, explica Susana.

"Oías en los medios que morían tantos ancianos que daba miedo"

Las personas que llamaban a las familias eran de la misma empresa de la residencia, del grupo CLECE. Eran trabajadores de los Centros de Día, que al estar cerrados, se pusieron al servicio de las residencias.

Pasado un tiempo, eran ya los responsables del personal de la misma residencia (ATS, fisioterapeutas, asistentes sociales, etc.) los que llamaban a las familias.

“Yo les preguntaba, a parte de cómo estaba mi madre, si había algún caso. Y cuando me dijeron que sí había algunos enfermos de Covid-19, aunque leves, me preocupé mucho porque sabes que el virus está allí dentro".

"Cuando supe que había enfermos de Covid en la residencia me preocupé mucho"

"Ellos nos intentaban tranquilizar diciendo que esos casos estaban aislados en plantas distintas, pero eso no es suficiente para relajarte. Tampoco nos daban muchos más detalles. Lo que sí sabemos es que también algunos de los profesionales de la residencia tuvieron la Covid-19, pero ninguno grave”, afirma Susana.

Daba miedo pensar que podría no verla más

Lo más difícil para Susana fue el no saber durante cuánto tiempo estaría sin poder ver a su madre, que no hubiera una fecha límite. Incluso cabía la posibilidad de no verla más, dadas las noticias que veía cada día en los medios.

  • "He llevado la situación con impotencia, miedo y frustración. Es una sensación muy extraña. Que te prohíban ver a un ser querido como tu madre y no saber por cuanto tiempo es duro".

"Además sabes que es muy mayor, que está en el grupo de riesgo. Me daba miedo pensar que quizá podría ponerse enferma y no verla más, es una situación muy difícil. Por otro lado, asumes que no recibir visitas es lo mejor para ella, que es por su bien, para no ponerla en riesgo. Es duro pero lo haces por ella", afirma emocionada.

Me dijeron que mi madre había pasado la Covid-19

A principios de mayo, desde la residencia llamaron a los familiares para notificarles que iban a hacer test a todos los ancianos y al personal del centro.

"Cuando me llamaron para darme el resultado me dijeron que mi madre había pasado la Covid-19, pero que lo había hecho de forma asintomática. Además, me dijeron que había bastantes casos como ella. Y de hecho, había unos pocos ancianos que sí habían pasado la enfermedad con síntomas, pero por suerte, todos ellos de manera leve”.

"Bastantes ancianos de la residencia habían pasado la enfermedad de forma asintomática"

“Para nosotros fue una sorpresa porque siempre nos decían que estaba bien cuando nos llamaban. Pero que la haya pasado de forma asintomática, ha sido una suerte por la edad que tiene”, dice Susana.

ella no comprende la gravedad de la situación

Al cabo de un tiempo empezaron con las videollamadas y cada anciano podía hablar un ratito con sus familiares. En el caso de Antonia, debido a su deterioro cognitivo, no percibe la gravedad de la situación ni el tiempo exacto que lleva sin ver a su familia.

“Cuando hablamos con ella por videollamada, a ella se la ve perfecta, con su genio habitual. Siempre nos dice: ‘¿Por qué no venís a verme?’, y le contestamos: ‘es que no se puede, que hay un virus’. Pero ella no lo entiende, solo sabe que no vamos a verla desde hace tiempo, nos pregunta el porqué y se enfada con nosotros. Aunque tampoco percibe si han sido dos meses o dos semanas".

"Ella sabe que no vamos a verla y se enfada con nosotros, no entiende el porqué"

"En estas videollamadas, entre que somos varios y se nos ve en pequeñito, sumado a que ella tiene mal la vista, ni siquiera nos ve bien. En realidad, son más para nosotros que para ella, para que nos quedemos tranquilos viéndola y sabiendo que está bien”.

En la residencia compraron ellos mismos los test

Susana opina que las residencias han hecho un esfuerzo tremendo, gestionando una situación complicadísima, con pocos recursos y sin mucha ayuda de las Administraciones.

“Según me han explicado, aíslan los casos positivos en habitaciones diferentes, plantas diferentes y les hacen un seguimiento exhaustivo".

"Al resto de ancianos, les miden a todos la temperatura cuatro veces al día. En el momento en que ven algún síntoma sospechoso lo aislan en la habitación. Aún así, al haber varios asintomáticos se lo han pegado entre ellos, porque no les han enviado material para hacer test", explica Susana.

"Pidieron a la Comunidad de Madrid poder hacer test a los ancianos pero no les hicieron caso"

“En la residencia estaban bastante indignados porque habían pedido a la Comunidad de Madrid poder hacer test a los ancianos porque eran grupo de riesgo, pero no les hicieron caso".

"Así que la propia residencia compró los test para poder hacerlos a nivel privado, tanto a los abuelos como a todos lo que trabajaban allí”.

“Además, como no les dejaban ir a los hospitales a no ser que fuera totalmente imprescindible, tenían que tratar todos los casos en la misma residencia. También de cualquier otra patología que no fuera Covid. Incluso me contaron que un abuelito se había caído y se había hecho una brecha, y que trajeron una UVI móvil al centro para tratarlo, pero nada de ir a un centro sanitario”.

Cuando nos reencontremos será muy emotivo

Quedan pocos días para que llegue el esperado reencuentro, un momento que Susana, sus hermanos y el resto de la familia esperan con mucha ilusión, aunque también con incertidumbre.

“Cuando la vuelva a ver el corazón me va a ir a mil y seguro que se nos caerán las lágrimas, será muy emocionante, lo estoy deseando. Tengo muchas ganas de verla y también curiosidad por ver cuál va a ser su reacción, dado que no es consciente de lo que está pasando".

"También tenemos la incógnita de cómo va a ser el reencuentro, si habrá besos y abrazos, si podré tocarle la mano… O bien tendremos que estar a dos metros de ella, saludarla de lejos y llevando mascarilla, con lo que igual casi ni nos va a reconocer”, dice Susana emocionada.

"No sabemos cómo va a ser el reencuentro: si habrá abrazos o estaremos a dos metros de ella"

“Aunque hemos pasado mucha angustia y mucha incertidumbre, puedo decir que estoy contenta porque, por suerte, ha ido todo bien. Y también pienso que si ya lo ha pasado, seguramente estará un tiempo inmunizada, por lo tanto a salvo".

"Y esto me reafirma lo que siempre he pensado, que mi madre es una mujer muy fuerte. Estoy muy orgullosa de ella”, concluye Susana.

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