Por Pablo Cubí, periodista

fiabilidad articulos coronavirus

En estos meses las revistas científicas han empezado a citarse en los medios de comunicación y redes sociales más que los diarios de referencia.

  • Cabeceras como Science, Nature o The Lancet se han hecho populares más allá de su público objetivo.

Todos nos hemos pasado medio año obsesionados por saber más y mejor de este coronavirus, el Sars-CoV-2, y la enfermedad que provoca, la Covid-19.

Se han publicado más de 30.000 artículos científicos sobre la Covid-19

Un virus totalmente nuevo, del que se desconocía casi todo, y que estaba matando sin que los médicos supieran cómo frenarlo. Que nos ha tenido confinados y que aún crea muchas incertidumbres.

Era lógico que hubiera una ansiedad por certezas y las certezas se dan en los rigurosos estudios científicos.

MILES DE ARTÍCULOS AL MES

Cuando la Organización Mundial de la Salud declaró la emergencia mundial a principios de año, China, la principal afectada, apenas había podido hacer una decena de artículos explicando con primeros datos qué pasaba.

Según registros oficiales de los organismos internacionales:

  • A principios de mayo, convertida ya en pandemia, las publicaciones científicas sobre la Covid-19 superaban las diez mil.
  • A mediados de julio se superaban ya los 30.000 artículos en todo el mundo.

Y como la pandemia sigue creciendo, más y más datos se suman a lo ya descrito.

  • A día de hoy sigue la avalancha a un ritmo de 2.000 o 3.000 artículos a la semana.

Hay más de 1.500 ensayos clínicos en marcha nacionales o de colaboración internacionales para aportar nuevas evidencias.

Lo que es evidente es que nadie se ha podido leer todos y cada uno de los artículos ni se ha trabajado con el sosiego y tiempo que requieren.

POR QUÉ SE HAN COMETIDO ERRORES

Es científicamente evidente que los científicos podían equivocarse en sus artículos:

  • Si se publica mucho la probabilidad de que se cometa algún error crece. Es una verdad estadística.
  • Cuando se publica sobre algo de lo que no se tienen datos sólidos previos, ese margen de error es aún mayor.
  • Si además el tiempo apremia y hay urgencia por saber, el riesgo crece todavía más.

Los propios medios científicos asumieron las grietas de su armazón de evidencias científicas. Una investigación de la revista Nature confirmó que el tiempo de revisión de una publicación se había reducido a seis días, cuando en lo habitual era que tardara tres meses de media.

La presión por publicar ha reducido de tres meses a una semana la revisión

También el proceso de revisión falla porque el encargado más idóneo es otro científico de esa especialidad, que podía estar muy ocupado con sus propios estudios.

El resultado es que debido a la presión por publicar los revisores que finalmente hacen el trabajo probablemente no sean tan expertos como se requiere”, explica el profesor de comunicación de la UOC, Alexandre López-Borrull.

ALGUNOS ERRORES LLAMATIVOS

De esta manera, los ciudadanos nos hemos encontrado con informaciones que eran contradictorias. Incluso la propia OMS, que para dar su consejos se basa en estas publicaciones, ha variado su opinión:

  • La necesidad de ponerse la mascarilla. Así, hoy hay países que no obligan y otros la exigen en todo momento.
  • La posibilidad de que el coronavirus se quede flotando en el aire y tenga capacidad de contagio.

También los políticos se han convertido en difusores de errores graves:

  • El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recomendando el uso de la hidroxicloroquina como fármaco previsor.
  • El ministro de Salud francés advertía el 14 de marzo que los antiinflamatorios podrían agravar la infección. La OMS salió a desmentir eso.

Y las revistas científicas han tenido que salir a publicar alguna rectificación.

  • La más importante fue la The Lancet, que retiró un estudio en que alertaba del peligro de la hidroxicloroquina en pacientes graves, después de que unos científicos en Galicia pusieran en evidencia las supuestas pruebas en que se apoyaban.

¿NOS PODEMOS SEGUIR FIANDO?

Estas rectificaciones responden claramente a la pregunta inicial: ¿nos podemos seguir fiando de las revistas científicas?

  • La respuesta es claramente que sí.

Ser citado muchas veces y aparecer en medios da prestigio

El hecho de que estos errores hayan podido salir a la luz y se estén tomando medidas es una señal de que el sistema funciona.

Los científicos se han convertido en las estrellas de la atención mundial. Los medios les reclamamos y algunos de estos especialistas compiten por el número de veces que aparecen y el prestigio de los medios en que lo hacen.

  • Los científicos también son humanos.

Cuantas más veces se cite un estudio de un científico y más veces aparezca en los medios, más prestigio se gana.

Sin embargo, a diferencia de muchos políticos, tienen menos problemas para admitir errores y rectificar. Está en su ADN la asunción del error.

LOS ERRORES AVIVAN LOS BULOS

Pero hay que recordar que esos errores crean dudas entre la población y mayor riesgo de que aparezcan bulos en las redes.

Por suerte, los controladores de la información en línea, como Google o Facebook, ya están tomando medidas para frenar esos bulos y destacar fuentes fiables.

En época de desinformación y negacionismo científico va a ser importante avanzar en la llamada ciencia abierta, definida por una mayor colaboración y no competencia, la diseminación de contenidos de calidad de manera rápida”, señala el profesor López-Borrull.