Por Eva Mimbrero, periodista especializada en salud

El dolor crónico ha aumentado por la pandemia
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Cuando el dolor hace más de tres meses que dura o, se tiene, como mínimo, 5 días a la semana, pasa de ser un síntoma a convertirse en una enfermedad.

¿Pero por qué puede cronificarse el dolor? Es algo que aún no está del todo claro. Lo que sí se sabe es que, aunque la causa inicial del dolor desaparezca (por ejemplo, una infección o un fuerte traumatismo), las molestias persisten.

Se calcula que, de media, un 11% de los españoles sufre dolor crónico

  • "Cuando hay un problema de dolor crónico, es importante que las personas puedan aprender a vivir con él, y que puedan centrarse en conseguir sus objetivos vitales, tengan o no dolor", explica al respecto Rubén Nieto, del grupo de investigación de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC.
  • "Eliminar por completo el dolor es difícil, pero aprender a afrontarlo y a vivir con él es posible", insiste.

Así les ha afectado el coronavirus

En las personas que sufren este trastorno, el dolor puede activarse debido a un gran número de desencadenantes.

  • El estrés y los cambios de tiempo eran los más frecuentes antes de la llegada de la Covid-19.

Pero, durante el confinamiento, las causas que han propiciado episodios de dolor han cambiado, según un estudio liderado por Nieto y en el que, además de la UOC, han participado investigadores del Hospital Sant Joan de Déu, entre otras instituciones.

  • Tras analizar los datos recogidos en el informe, el equipo ha visto que la preocupación por el futuro, los problemas de sueño, la inseguridad, los pensamientos negativos, la tristeza, la soledad, el sedentarismo y el miedo a contagiarse han sido los principales desencadenantes de dolor.
  • Unos episodios cuya frecuencia y/o intensidad han aumentado nada más y nada menos que en 7 de cada 10 personas con dolor crónico.

Combatir el dolor de otra manera

La pandemia nos ha hecho cambiar nuestra forma de vivir, y esto también ha influido en cómo los afectados por dolor crónico lo afrontan.

  • "El estudio ha mostrado que, desde el inicio del estado de alarma, más de la mitad de los pacientes ha utilizado el descanso para hacer frente al dolor, y un porcentaje similar ha incrementado el consumo de medicación. Ambas cosas podrían ser contraproducentes", advierte el investigador.
  • Pero el coronavirus no ha tenido, solo, consecuencias negativas en este sentido. Durante la pandemia, un 48,2% de los afectados ha incluido nuevas y saludables rutinas, como los estiramientos, como una herramienta para combatir el dolor.

Más opciones con las nuevas tecnologías

A la hora de gestionar el dolor es fundamental tratarlo de forma global, valorando un gran número de aspectos: tanto la manera en la que se enfrenta el afectado por dolor crónico a su enfermedad como también cómo es su entorno.

La ayuda de profesionales de la salud expertos en la gestión del dolor es fundamental. Pero, a veces, no se tiene acceso fácil o rápido a ellos, y es en este contexto en el que las nuevas tecnologías pueden ser una herramienta muy útil para las personas con dolor crónico.

Las nuevas tecnologías pueden hacer más accesible el conocimiento y las estrategias para combatir el dolor crónico

  • "Las TIC representan una oportunidad para luchar contra el dolor y mejorar el bienestar, dado que pueden facilitar el acceso a intervenciones basadas en la evidencia con un coste asequible. Y pueden aumentar la autonomía y empoderar a la persona", explica Rubén Nieto.
  • "Las posibilidades son infinitas, desde la clásica teleconsulta hasta soluciones basadas en inteligencia artificial, pero antes es imprescindible planificar y probarlas", matiza.

Las Mujeres, las más afectadas

En esta investigación del eHealth Lab han participado 502 personas, la mayoría (en concreto, un 88%) mujeres de entre 30 y 59 años que sufren dolor crónico desde hace bastante tiempo (siete años de media).

  • El 87,6% tenía dolor en más de un punto, sobre todo en el abdomen, las lumbares y el cuello.

Los autores del estudio tienen previsto seguir investigando cómo la pandemia está influyendo en los pacientes con dolor crónico. De hecho, hay planificada una segunda fase, en la que se harán entrevistas en profundidad a los participantes.

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