Por Nuria Blasco, periodista

Carnet testimonio luis

Mataporquera es una pequeña población rural de Cantabria, que cuenta con unos 1.000 habitantes. Durante semanas fue un municipio libre de infectados ya que hubo un solo caso confirmado de Covid-19 y apareció bastante tarde.

Sin embargo, según nos cuenta Luis Noriega Pino, titular de la única farmacia de esta zona, los habitantes del pueblo han tenido igualmente mucho respeto a la Covid-19. “Aunque la nuestra sea una población rural, un núcleo pequeño con poca población y pocos contagios, la gente ha tenido bastante miedo y todo el mundo ha respetado el confinamiento al máximo”.

Con el ambulatorio cerrado, tuvimos muchas consultas

Este municipio tiene un centro de Atención Primaria, aunque durante el periodo de confinamiento no tenía sus puertas abiertas sino que los pacientes que necesitaban atención médica debían llamar al centro.

  • Además, había un solo médico para atender a la población de Mataporquera y los pequeños pueblos circundantes.

“Con cualquier afección respiratoria o que causara un poco de tos, la gente se intranquilizaba mucho. Y, al estar el ambulatorio cerrado, venían primero de todo a la farmacia. Las consultas que no ha tenido el ambulatorio las hemos tenido nosotros, aunque luego les decíamos que llamaran al médico”, explica el farmacéutico.

"Las consultas que no ha tenido el ambulatorio las hemos tenido nosotros"

La farmacia se convirtió en el punto sanitario principal de Mataporquera y de los pueblos de alrededor.

“Hemos tenido mucho trabajo, sobre todo en marzo y abril, hubo muchísima afluencia. A parte de venir a por paracetamol, gel hidroalcohólico, alcohol… ha habido muchas consultas de todo tipo, muchas demandas de fármacos sin receta y se ha hecho mucho acopio de medicación".

"También hemos tenido un trabajo extra de dar información, de aclaración y de desmentir los bulos que han ido surgiendo. La gente tenía muchas dudas”, nos cuenta Luis.

"Tuvimos un trabajo extra de dar información y de desmentir bulos"

“Los farmacéuticos también hemos ido aprendiendo día a día. Hemos estado compartiendo información con los compañeros de la SEFAC –Sociedad Española de Farmacia Familiar y Comunitaria– sobre cada novedad que salía: los tipos de mascarillas, la mejor manera de desinfectar, el tema de la hidroxicloroquina

Tratábamos de aprender lo que iba trascendiendo, sobre todo, para informar y tranquilizar a la población”.

En el pueblo ha habido preocupación y miedo

En este pequeño pueblo rural apenas ha habido contagios, sin embargo la población, entre la que hay mucha gente mayor, ha estado muy preocupada.

“En nuestra población ha habido un solo caso positivo confirmado y cuatro o cinco casos sospechosos de Covid-19de gente joven que trabajan en una fabrica cercana, pero sin diagnóstico confirmado por test”, explica.

“En este pueblo hay mucha gente mayor y también hay personas polimedicadas, con patologías cardiacas, cardiovasculares… por tanto, hay bastante población de riesgo. Y estaban bastante intranquilos. Además, como durante bastante tiempo no tuvimos mascarillas ni guantes para vender, y se daban informaciones contradictorias sobre si llevarlos o no, había mucha incertidumbre”.

“Durante el confinamiento muchos farmacéuticos hemos tenido que estar pegados a la farmacia porque ha sido un momento delicado en el que la gente requería las consultas, la medicación y nos necesitaban", confiesa.

"Yo no vivo en el pueblo, pero durante un tiempo estuve las 24 horas en la farmacia, porque arriba tengo sitio donde dormir y me quedé con dos de mis hijos. El resto de mi familia estaba confinada en otro lugar. En esos momentos tenía que estar aquí, por la gente”, nos revela Luis.

Me tuve que buscar la vida con las medidas de protección

Debido al riesgo de contagio, Luis puso medidas de protección en la farmacia desde el principio.

“Al principios de marzo no había ninguna indicación al respecto, de hecho las recomendaciones del Colegio de Farmacéuticos fueron saliendo un poco más tarde. Pero ya desde el principio, vimos que teníamos que poner alguna barrera, porque la gente venía a la farmacia con síntomas como fiebre, tos… y no había mascarillas”, afirma.

"Tuvimos que poner barreras, porque la gente venía a la farmacia con fiebre, tos..."

“Me tuve que buscar la vida porque estaba todo cerrado y no vendían todavía las pantallas protectoras de metacrilato. Con una mesa que tenía en casa con un cristal enorme y unas maderas, hice una mampara. Nos daba bastante tranquilidad y la gente lo entendió".

"También puse una cadena a metro y medio del mostrador. Los clientes al principio se sorprendían un poco pero debíamos concienciarlos sobre la distancia social de seguridad”, explica el farmacéutico.

  • Luis también asesoró a los comercios de servicios esenciales del pueblo que abrían durante confinamiento­ sobre las medidas de seguridad que debían tomar.

“Así como nosotros nos protegimos, había tiendas de alimentación que estaban abiertas que, a mi modo de ver, han estado desatendidos por las autoridades porque no sabían que hacer, no ponían ninguna medida de protección por falta de información".

"Yo les aconsejaba qué medidas podían adoptar, como limitar el aforo, poner gel hidroalcohólico en la entrada, mantener las distancias…”, aclara.

Entregamos medicamentos a domicilio a gente de riesgo

Entre la población de Mataporquera había personas que o no podían o tenían miedo a salir de casa, sobre todo, gente mayor. Así que desde la farmacia les dieron facilidades para que no tuvieran que salir a buscar su medicación.

“En esto hemos estado apoyados por el Colegio de Farmacéuticos, porque en principio no se puede llevar la medicación a domicilio, pero se ha podido hacer la entrega por la situación excepcional. Y lo hemos hecho directamente los farmacéuticos porque nos hemos tenido que asegurar que la persona entiende lo que tiene que tomar, la dosificación, etc”, subraya Luis.

"Hemos colaborado en un programa para asegurarnos de que la gente mayor de la zona estuviera bien"

“Y con esta entrega a domicilio, la farmacia ha colaborado con el Ayuntamiento y la Guardia Civil en un programa específico para conocer la situación de la gente mayor y asegurarnos de que estaban bien".

"El Ayuntamiento también dispuso personal para llevar productos de alimentación a casa de aquellas personas que no podían salir. Entre todos hemos estado haciendo una labor de comunidad”, explica.

Ayudamos a las personas más susceptibles al contagio

Durante el estado de alarma, Luis también ha participando en un programa de entrega de medicamentos hospitalarios en farmacia, para evitar así desplazamientos innecesarios y contagios. Ahora, este programa se ha retirado, algo que a Luis le hubiera gustado mantener.

"Hay fármacos que son únicamente de entrega hospitalaria, por lo que el paciente tiene que desplazarse hasta el hospital para conseguirlos, y a veces tienen que ir a Santander o Torrelavega, a más de 70 kilómetros de aquí".

"Durante el confinamiento, con el Colegio de Farmacéuticos de Cantabria, habilitamos un circuito para que el hospital nos enviara la medicación con la documentación pertinente y los pacientes lo podían recoger en la farmacia".

"Conseguimos que nos enviaran la medicación para que los pacientes no tuvieran que ir al hospital"

"Todos ellos han estado realmente agradecidos. Suelen ser pacientes que tienen alguna enfermedad de tipo inmune o cáncer, y son muy susceptibles al contagio. La pena es que ya han retirado este servicio".

"Nosotros pensamos que este servicio se debería seguir dando ya que estos pacientes siguen teniendo riesgo y tienen mucho miedo. Ya se están haciendo reclamaciones. Lo ideal sería que perdurase también en condiciones normales, no solo durante la situación de pandemia", afirma.

Los farmacéuticos, olvidados por las autoridades

Tanto Luis como muchos otros compañeros farmacéuticos tienen la sensación de que no han estado muy considerados por las autoridades sanitarias. Sin embargo, sí que han visto valorada su labor por la gente del pueblo.

"Como profesional te sientes bien de cumplir tu deber, incluso cuando no tienes el apoyo de las instituciones. A veces se piensa que los farmacéuticos no somos personal sanitario y hemos estado un poco olvidados cuando en realidad hemos estado en primera línea desde el comienzo: atendiendo a nuestros clientes, recibiendo a pacientes potencialmente infectados y hemos asesorando a los negocios cercanos, haciendo de agentes sanitarios para la comunidad".

"Nuestros vecinos y vecinas sí valoran nuestra labor y es lo más gratificante"

"También nos hemos tenido que solucionar nosotros mismos las medidas de seguridad, velar por nosotros y por el personal que tenemos en la farmacia y por nuestros clientes. Pero estoy satisfecho porque la gente, nuestros vecinos y vecinas valoran nuestra labor y, al final, esto es lo más gratificante".

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