Por Nuria Blasco, periodista

Carnet testimonio anna oliva

Anna Oliva trabaja en la farmacia Núria Bosch Sagrera, en el barrio de Sant Martí de Barcelona, donde, en los últimos meses, ha visto cómo cambiaban sus rutinas de trabajo debido a la crisis del coronavirus, viviendo de cerca la incertidumbre y el miedo de la gente.

Y es que los farmacéuticos como Anna han tenido que dar respuesta a muchas de las inquietudes y dudas de la población, conviviendo a diario con el riesgo al contagio, y teniendo que buscar la manera de hacer llegar la medicación a casa de las personas vulnerables que lo necesitaban.

Se notaba miedo y ansiedad en la gente

Como la mayoría de farmacéuticos, empezó a sufrir las consecuencias del coronavirus antes de que la crisis sanitaria llegara a Europa.

  • Al principio había mucha incertidumbre, aunque se veía muy lejano. Los primeros que vinieron a las farmacias fueron el colectivo chino, que venían a buscar mascarillas en grandes cantidades. Poco después se agotaron y ya fue imposible conseguirlas".

Nuestros clientes nos llamaban para encargarlas, pero no teníamos plazos de entrega de los proveedores y la gente se ponía nerviosa…”, explica Anna.

"Sin estado de alarma, la gente ya se ponía nerviosa porque no había mascarillas"

Poco después, con los primeros casos en España, vivieron la inquietud y las dudas de la población en general. Y más tarde, la ansiedad y el miedo que se generó ante la pandemia.

  • Cuando se recomendó no ir a centros médicos, tuvimos muchísimo más trabajo porque nos convertimos en el principal punto sanitario de información. Se notaba el miedo y ansiedad en la gente, que nos hacían muchas preguntas sobre el coronavirus, sobre todo qué hacer y qué tomar si tenían síntomas".

"La gente compraba medicamentos relacionados con la Covid-19 y material de protección. El tema de las mascarillas también fue algo traumático ya que durante bastante tiempo no tuvimos suministro”, recuerda la farmacéutica.

"Nos preguntaban mucho qué hacer y qué tomar si tenían síntomas"

Y todo ello realizando su trabajo a diario con un constante riesgo de contagio.

"Desde el Colegio de Farmacéuticos de Barcelona nos insistieron en las medidas de seguridad que debíamos tomar: las distancias mínimas, evitar aglomeraciones, las mascarillas y extremar la higiene, a nivel de manos sobre todo".

  • "Y tuvimos que hacer dos grupos de diferentes turnos para no coincidir entre nosotras, por si se daba algún caso de Covid entre el personal, poderlo aislar. Por suerte estamos todas bien”, afirma.

el teléfono no ha parado de sonar

La farmacia donde trabaja Anna lleva abierta hace más de 40 años, por lo que sus clientes son de toda la vida, muchos de ellos de avanzada edad.

“La mayoría de nuestros pacientes son gente mayor, algunos de ellos con enfermedades crónicas, y nos tienen como un punto de referencia, vienen mucho y nos tienen confianza. Los primeros días de la crisis, venían a la farmacia súper nerviosos, preocupados por si iban a tener problemas para conseguir la medicación".

Cuando se decretó el estado de alarma y el confinamiento, empezó la etapa de más estrés para las farmacias.

"El teléfono era un no parar. Fue bastante estresante porque era difícil tranquilizarlos. Nosotros les explicábamos que no debían ir a los centros de Asistencia Primaria ni a los hospitales, que llamaran por teléfono y luego nosotros podíamos darles los fármacos con la tarjeta sanitaria".

"Muchos toman varios medicamentos al día y tenían temor de quedarse sin ellos o no poderlos venir a buscar con el confinamiento, por lo que tuvimos que adaptarnos a este hecho”, cuenta la farmacéutica.

una red de voluntarios para llevar fármacos

Desde la farmacia, buscaron medidas para poder ayudar a los pacientes de edad avanzada o vulnerables, para que no tuvieran que salir de casa a buscar sus medicamentos.

“En la farmacia, al habernos dividido en dos grupos para no coincidir, éramos menos personal y no podíamos salir a llevar medicación".

"Llamamos al Colegio de Farmacéuticos de Barcelona y nos dieron una opción: habían creado una red de voluntarios con la que podíamos contar. Llevaban la medicación a casa de todas aquellas personas de riesgo o vulnerables que no podían desplazarse. Nos fue súper bien", asegura Anna.

"Hemos llevado medicamentos a casa de personas vulnerables para que no tuvieran que salir"

"Los voluntarios eran sobre todo estudiantes de farmacia, farmacéuticos que en ese momento no estaban trabajando, incluso personal de la Cruz Roja. Nosotros filtramos los casos para delimitar qué pacientes realmente lo necesitaban, unificamos las entregas y las organizamos para aprovechar el desplazamiento del voluntario”.

He extremado al máximo las medidas de protección

Junto con los sanitarios, los farmacéuticos han sido otro de los colectivos más afectados por los contagios en esta crisis.

“Yo personalmente no he tenido miedo al contagio. No me he planteado que yo pudiera caer enferma, quizá también porque lo que he hecho durante todo este tiempo es extremar al máximo las medidas de protección".

"No he tenido miedo al contagio porque me ha protegido al máximo"

  • El riesgo de contagio es importante en las farmacias ya que son puntos de atención de personas que pueden presentar sintomatología de la Covid o de quienes conviven con estas personas.

“En nuestra farmacia esto se ha tenido muy en cuenta. Desde el primer día se pusieron pantallas protectoras en los mostradores, tenemos dispensadores con soluciones hidroalcohólicas para que los pacientes se puedan desinfectar, trabajamos con guantes, y con mascarilla y pantallas en la cara”.

  • Y cuando llega a casa, Anna hace a diario un ritual exhaustivo de desinfección.

“En cuanto entro por la puerta, antes de que mis hijos o mi marido se acerquen, tengo un ritual de limpieza: de mi misma, de los zapatos, del bolso, pongo toda la ropa para lavar… lo he protocolizado un poco todo y me ha servido para sentirme más segura”, explica.

cuesta mantener la distancia, soy muy de tocar

Aunque todos hemos acabado conociendo bien las medidas de protección, no todo el mundo respeta las normas.

“La mayoría de las veces lo hacen sin darse cuenta, es un acto involuntario. Cuesta acostumbrarse a mantenernos distantes, a llevar la mascarilla, a las largas colas de espera fuera de la farmacia... Y los farmacéuticos hemos tenido que cambiar un poco el chip. Lo más difícil para mí ha sido pasar de un trato distendido y cercano con la gente a tener que ser más estricta, más breve en la atención, a tener que decir, ‘señora, no debería venir cada día', ‘señor, mantenga la distancia’…”

"Ha sido difícil tener que decirle a un cliente: no venga usted cada día"

  • “También había personas que en lugar de llevarse de golpe todos los medicamentos que tienen en su receta electrónica, venían a buscarlos con cuentagotas. Supongo que para tener la excusa para salir, o para ver caras conocidas".

"Hemos tenido que educar a muchas personas en esto y a veces incluso nos hemos tenido que cuadrar, explicándoles siempre que es por su bien y hay que ser responsable. Esto ha sido complicado de gestionar, y estresante muchas veces", afirma la farmacéutica.

"Hemos tenido que educar a la gente para evitar contagios"

Muchas de las personas que van a la farmacia conocen a Anna desde hace años, y les tiene mucha confianza. Mantener la distancia con ellos es una de las cosas de esta "nueva normalidad" que más le está costando.

"El contacto directo con la gente se ha perdido bastante, eso sí lo echo de menos. Casi ni nos vemos la cara con las mascarillas. Y mantener la distancia me cuesta mucho, soy muy de tocar. He tenido que mentalizarme, pero tenemos que hacerlo, es un bien común."

La covid-19 ha dejado estreñimiento e insomnio

Si al principio de la pandemia las farmacias se quedaron sin existencias de mascarillas y geles hidroalcohólicos, ahora se están agotando otro tipo de productos que no están directamente relacionados con la Covid-19, pero sí con el estado de alarma que ha provocado:

Antes de decretarse el estado de alarma se empezaron a vender muchos productos para activar las defensas, como complejos vitamínicos, que se agotaron. Y termómetros y paracetamol".

"Hay muchos problemas de insomnio debido a la ansiedad y el estrés"

"Actualmente, lo que más nos piden son productos para ayudar a conciliar el sueño, ya que hay muchos problemas de insomnio debido a la ansiedad y el estrés que provoca esta situación. Y también productos para el estreñimiento, debido a que el sedentarismo, la dieta y el picoteo están generando problemas de este tipo. Y ahora se están empezando a pedir productos que ayuden a adelgazar”.

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