Soledad López
Soledad López

Periodista especializada en salud

Descubren que la fructosa reduce el riesgo de cáncer
iStock by Getty Images

El vínculo entre el consumo de fructosa y el aumento de las tasas de obesidad y de algunos tipos de cáncer en el mundo es bien conocido.

Ejemplo de ello es el estudio del Instituto Catalán de Oncología (ICO) y del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL) que reveló la relación entre la ingesta de bebidas azucaradas, incluidos los zumos de frutas, y el riesgo de cáncer de mama, próstata, colon y páncreas.

Pero lo que no se sabía hasta ahora es por qué la fructosa puede llegar a tener este efecto nefasto en la salud. Investigadores del Weill Cornell Medicine parecen haber hallado la respuesta:

  • Tomar fructosa podría alterar las células del tracto digestivo de tal manera que le permite absorber más nutrientes y, en consecuencia, más grasas.

efectos en las vellosidades intestinales

Los investigadores analizaron el efecto de una dieta alta en fructosa en las vellosidades del intestino, unas estructuras similares a pelos que recubren el interior del intestino delgado.

  • Estas vellosidades son vitales para que el cuerpo absorba los nutrientes. De hecho, en las personas celíacas el gluten atrofia las vellosidades intestinales, lo que les provoca déficits nutricionales.

Pero en el caso de una dieta rica en fructosa ocurre más bien lo contrario:

  • Las vellosidades pueden llegar a ser entre un 25 y un 40% más largas, según ha observado este estudio publicado en Nature, lo que se asocia con una mayor absorción de nutrientes, aumento de peso y acumulación de grasa.

Por qué la fructosa provoca cambios

La fructosa es muy habitual en las dietas modernas.

  • Está presente en el azúcar de mesa, el jarabe de maíz (sirve para endulzar muchos alimentos procesados y bebidas) o alimentos naturales como la fruta.

Y en sí la fructosa no es mala, el problema es su consumo excesivo.

Comer 3 piezas de fruta al día es muy saludable. Lo que no lo es tanto es tomar habitualmente zumos de frutas elaborados con 5 o 6 piezas, por no hablar de dulces u otros ultraprocesados muy ricos en fructosa.

"La fructosa es estructuralmente diferente de otros azúcares como la glucosa, y se metaboliza de manera diferente", sugieren los investigadores.

"Nuestro estudio ha descubierto que el metabolito principal de la fructosa promueve el alargamiento de las vellosidades", aseguran.

Y cuando las vellosidades son más largas funcionan de manera diferente y promueven la obesidad y el cáncer, concluyen.

estudio en ratones

Para llegar a estas conclusiones, los autores del estudio dividieron a ratones en tres grupos según el tipo de dieta:

  • Dieta normal baja en grasas.
  • Dieta alta en grasas.
  • Dieta alta en grasas con fructosa añadida.

Y los resultados confirmaron la sospecha: los ratones del tercer grupo no solo desarrollaron vellosidades más largas, sino que se volvieron más obesos que los ratones que recibieron la dieta alta en grasas sin fructosa.

Alteraciones en el metabolismo

Los investigadores estudiaron en profundidad los cambios que se habían producido en el metabolismo de los ratones del tercer grupo y descubrieron que el culpable era la fructosa:

  • Un metabolito específico de la fructosa (fructosa-1-fostato) se había acumulado en niveles altos.
  • Este metabolito había interactuado con otras sustancias provocando el alargamiento de las vellosidades intestinales.
  • Cuando se eliminó la enzima que produce dicho metabolito, la fructosa no tuvo ningún efecto sobre las vellosidades intestinales.

El problema es el consumo excesivo

Este estudio viene a demostrar que la fructosa en exceso alarga las vellosidades y esto favorece tanto la obesidad porque aumenta la absorción de nutrientes como el crecimiento de tumores, en especial de colon.

Pero hay que hacer hincapié en el concepto "en exceso". Los investigadores recuerdan que los mamíferos que hibernan en climas templados comen fruta muy madura en otoño, que es más rica en fructosa.

"Comer mucha fructosa puede ayudar a estos animales a absorber y convertir más nutrientes en grasa que necesitarán para pasar el invierno", señalan.

"La fructosa no en sí dañina, el problema es que la consumamos en exceso porque nuestros cuerpos no fueron diseñados para comerla en grandes cantidades".