Asesorado por Oliver Martínez, director del gabinete de psicología deportiva Deportivamente y fundador del máster en psicología del deporte del Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya

Por Diana Llorens

Secuelas del coronavirus: hafefobia, el miedo a tocar
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La pandemia de Covid-19 ha alterado nuestros hábitos de diversas maneras. Nos hemos acostumbrado a lavarnos las manos constantemente, a llevar mascarilla, a evitar tocarnos…

Aunque la prevención nos ayuda a evitar el contagio, llevada al extremo puede favorecer la aparición de algunas fobias. Una de ellas es el miedo al contacto físico con otras personas, algo que se conoce como hafefobia.

Miedo a tocar y a que nos toquen

La hafefobia es un trastorno raro que consiste en un miedo irrefrenable a tocar a personas o cosas o a que nos toquen.

La Covid-19 se transmite a partir de las pequeñas gotitas que se expulsan al toser, respirar o hablar las personas contagiadas. Es por ello que las autoridades sanitarias indican que debemos mantener la distancia respecto a las otras personas y evitar el contacto.

En este sentido, el psicólogo Oliver Martínez, director del gabinete de psicología deportiva Deportivamente y fundador del máster en psicología del deporte del Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya, indica que “la hafefobia tiene que haber aumentado significativamente porque una de las premisas que se nos piden es precisamente que no haya contacto”.

  • El hecho de que la distancia social sea una obligación, nos puede llevar a obsesionarnos todavía más.
  • Cada vez son más las personas que están constantemente preocupadas por evitar el contacto, vigilando hasta el extremo que se mantenga la distancia (incluso exagerándola), ya sea en la cola del supermercado, paseando por la calle...
  • La hafefobia, como hemos dicho, no solo afecta al contacto con otras personas, sino también con los objetos.
  • Las personas con esta fobia, por ejemplo, pueden seguir lavando la ropa al llegar a casa, evitar abrir una carta que les ha llegado al buzón, etc., a pesar de que ya se sabe que el riesgo de contagio en estos casos es prácticamente inexistente.

Pero esta no es la única fobia que está aumentando durante la pandemia, otras como la agorafobia (el miedo a los espacios donde hay mucha gente) o el síndrome de la cabaña (el temor a salir de casa, algo que sucede especialmente en las personas mayores) también están más presentes.

¿Qué distingue el miedo de la fobia?

Hay miedos que están fundamentados, como el miedo al contagio en la situación de pandemia actual. Estar en alerta y tomar las medidas de prevención necesarias nos ayuda a prevenir contagios y no saturar los hospitales.

El problema viene cuando este miedo racional se convierte en irracional.

El miedo irracional tiene mucho que ver con la ansiedad y la ansiedad no deja de ser un miedo que creamos en nuestra mente cuando exageramos la realidad y la vemos como una amenaza”, explica Martínez.

De acuerdo con él, “el camino entre el miedo y la fobia es la obsesión”.

¿Quién tiene más riesgo de sufrir hafefobia?

Las personas que realmente son grupo de riesgo de contagio tienen más posibilidades de desarrollar esta fobia”, asegura Martínez.

Esto incluye las personas mayores y aquellas con enfermedades que les convierten en grupo de riesgo.

Por otro lado, “las personas que ya tenían trastornos fóbicos, trastornos relacionados con la paranoia o cuadros de ansiedad tienen más posibilidades de padecer este tipo de fobias”, indica.

¿Cómo se trata la hafefobia?

Tiene que haber un equilibrio entre la prudencia y el miedo a contagiarse. Los dos extremos de ambos polos son negativos”, señala el psicólogo.

Para superar las fobias, hay que racionalizar el miedo.

El tratamiento consiste en plantearle a la persona lo que está ganando y lo que está perdiendo con su conducta para que se dé cuenta de que está perdiendo más que ganando”, explica.

De esta manera podrá empezar a cambiar su conducta y adoptar comportamientos más conformes a la situación real, sin olvidar la prudencia y la prevención.

Secuelas a nivel colectivo

La incertidumbre que genera enfrentarnos a un virus desconocido, que no podemos ver y al que, hasta que se generalice la vacunación, solo podemos enfrentarnos siguiendo medidas de prevención como la distancia social, tiene un gran impacto en nuestra manera de relacionarnos.

Nos vamos a acostumbrar a distanciarnos y a tocarnos menos que antes porque lo estamos interiorizando”, explica.

Aunque es una situación que no va a durar para siempre, en un futuro temprano esto puede tener un gran impacto a nivel emocional. El ser humano necesita contacto físico, es lo que nos acerca a las personas y la mejor muestra de afecto.

Sobre todo en los niños, porque en el desarrollo de su madurez afectiva necesitan el contacto”, indica.

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