TESTAMENTO VITAL

Nadie duda que cuidar al planeta es cuidarnos a nosotros mismos y por eso cada vez más personas se deciden a dejar un legado a una organización que vele por él. Ana es una de ellas.

¿Cómo se te ocurrió?

Desde joven he sentido una necesidad de ayudar, aunque la idea de hacer un legado solidario fue creciendo en mí poco a poco. Con la edad vas colaborando con oenegés, te haces socia, vas descubriendo e implicándote. Cuando supe que existía esa posibilidad, lo vi claro. Es una decisión que tomas con el corazón.

¿Los trámites fueron fáciles?

Sencillísimos. En la notaría solo me dijeron que tenía que incluir el nombre de la oenegé a la que quería dejar una donación y luego comunicarles mi decisión.

No hace falta donar una barbaridad, solo lo que se pueda, y es muy ventajoso porque un testamento se puede cambiar, no te comprometes de por vida. Hay total libertad en ese sentido.

¿Cómo te sentiste?

Al principio dudas; te parece un poco una locura porque lo normal es dejarlo todo a tu familia, a la gente que conoces. Pero una vez lo decides te sientes genial. Yo sé que cuando muera, ese legado se usará para mejorar el mundo.

"Estoy totalmente segura de que se dedicará a algo necesario"

¿Has pedido que se dedique a algo en concreto?

Yo soy de las “cachorras” de Félix Rodríguez de la Fuente, recuerdo mi niñez viendo sus documentales en el regazo de mi madre. Gracias a él, WWF España/ Adena (oenegé dedicada a la defensa de la naturaleza y el medio ambiente) está trabajando en este país. Y gracias a él me conciencié muchísimo.

Por eso, me encantaría que sirviera para cuidar del lince ibérico. Pero si llegado el momento en WWF España/ Adena deciden dedican a otro proyecto, a recuperar un bosque o purificar un río… me siento igual de feliz. Estoy totalmente segura de que se dedicará a algo necesario.

¿Nos falta conciencia medioambiental?

Totalmente. También es cierto que hemos avanzado mucho, hay más conciencia social, se trabaja en muchos ámbitos a la hora de proteger la naturaleza y el medio ambiente. Pero yo creo que deberíamos ir un poquito más deprisa porque el afán devorador del hombre no tiene final. Y vamos a contrareloj, no tenemos tiempo porque el cambio climático no se detiene.

De todos modos, confío que con el paso del tiempo el ser humano podrá de alguna manera recuperar el equilibrio perdido con la naturaleza.

"Somos naturaleza, no podemos vivir ajenos a ella"

¿Necesitas entornos verdes?

A mí me falta oxígeno si no salgo los fines de semana. Intento hacer senderismo, visitar parajes procurando ser lo más respetuosa posible. Necesito esa conexión, creo que todos la necesitamos.

Nuestra salud y la del planeta no van por dos caminos distintos…

Desde luego, están íntimamente relacionadas. Esa es una idea que siempre ha estado dentro de mí. Somos naturaleza, no podemos vivir totalmente ajenos a ella. Y en las ciudades demasiada gente vive de espaldas a ella.

¿Ves la pandemia de la COVID-19 como un aviso?

Esta crisis que estamos pasando viene de destruir los ecosistemas. Si la gente fuera consciente de dónde viene este problema tan importante que estamos afrontando a nivel mundial, estoy segurísima de que muchas personas se plantearían contribuir de algún modo.

El ser humano tiene la capacidad de revertir las cosas. Todos podemos hacer algo, no importa lo pequeño que sea, pero necesitamos ese chip, esa voz interior que nos diga: “Venga, actúo”. Es la apatía lo que impide que en el mundo se afronten los problemas.

¿Qué sentimiento te queda después de dar este paso?

Siento que mi vida es útil, que lo que estoy haciendo sirve para mejorar la salud del planeta, me hace sentir muy bien conmigo misma. En esta vida hay una serie de cosas (ayudar, amar a los que tienes cerca…) que se pueden hacer de mil maneras y no cuesta mucho. El legado solidario no supone un gran esfuerzo, al contrario, te sirve para liberarte. Yo lo veo como una liberación: me siento preocupada por algo y puedo intervenir, ayudar. ¡Qué más quiero!

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