Eva Mimbrero
Eva Mimbrero

Periodista especializada en salud

El epidemiólogo Oriol Mitjà hace balance tras un año de Covid-19
Planeta

Lo que hemos vivido durante este último año es algo que, la mayoría de nosotros, recordaremos siempre. La pandemia ha sacudido nuestras vidas y ha hecho que muchas personas experimenten situaciones dramáticas difíciles de imaginar antes de la llegada del SARS-CoV-2.

La lucha contra el coronavirus nos ha abocado a toques de queda, confinamientos domiciliarios, una presión enorme en los hospitales... ¿pero se podría haber actuado de otra manera? ¿Políticos y gestores han estado a la altura?

El doctor Oriol Mitjà, uno de los epidemiólogos que ha estado permanentemente en el foco mediático durante la pandemia, analiza estos y otros aspectos en "Un año a corazón abierto" (Ediciones Destino).

"He escrito este libro para mirar atrás y reflexionar sobre lo que ha pasado"

Pero en el libro no se limita a hablar de los aspectos científicos y políticos de la Covid-19. También plasma sus vivencias, tanto durante la pandemia como en su infancia y en sus primeros años como médico para, así, mostrar la trayectoria personal y profesional que le ha llevado hasta el momento actual.

  • "Espero que mis vivencias durante esta crisis sanitaria, en sus diferentes vertientes, os ayuden a reflexionar sobre qué es lo que ha pasado y qué es lo que hay que cambiar", escribe el investigador en su libro.

El desconcierto al principio de la pandemia

Cuando la OMS dio nombre a la nueva enfermedad provocada por el SARS-CoV-2, el 12 de febrero de 2019, eran pocos los que creían que iba a acabar generando una emergencia sanitaria a nivel mundial.

  • "En las últimas décadas no habíamos vivido una epidemia infecciosa, nuestras agencias de salud pública, y también nuestra sociedad, no estaban acostumbrados a actuar en estas condiciones", ha afirmado Mitjà en la presentación de su relato.

Para el especialista esta es una de las razones por las que, en la mayoría de países occidentales, ser conscientes de la potencial gravedad de la situación (y reaccionar frente a ello) costó tanto. Pero no fue la única.

No se supo reaccionar con rapidez

Todo ello hizo que, según el investigador, perdiéramos un tiempo de oro al inicio de la pandemia.

  • "No estábamos acostumbrados a reaccionar frente a emergencias sanitarias y no llegamos al umbral mínimo de rapidez, eficiencia o intensidad que la OMS habría exigido a cualquier país", sostiene en su libro.

En España, por ejemplo, al principio se hacía una PCR solo a las personas con síntomas que venían de países en los que había un brote (como Italia). Esto hizo que no se detectaran los casos autóctonos: "se perdieron veinticinco días sin buscar el virus allí donde estaba", remarca el epidemiólogo.

Y una vez el SARS-CoV-2 comenzó a transmitirse de forma comunitaria, el confinamiento también llegó tarde según Mitjà.

  • “Si las señales se hubieran interpretado de la forma adecuada, se habría podido contener la crisis con la aplicación precoz de medidas de control como el testeo y el aislamiento. Así lo hicieron Alemania, Islandia, Corea del Sur, Taiwán y otros países", escribe en su obra.

"Cada cien años hay una gran pandemia y nos ha tocado vivir la del siglo XXI. Por primera vez teníamos los medios para enfrentarnos a ella"

Mitjà ha afirmado en la presentación que en la segunda, tercera y la cuarta ola también ha habido deficiencias, que achaca a la poca capacidad de las autoridades de aceptar la innovación.

  • "No confían en lo que se ha hecho en otros países más lejanos, como los confinamientos vigilados o los test masivos de antígenos. Las medidas que se toman son las comunes de los países vecinos", remarca.
  • "Creo que la corresponsabilidad de los políticos no debe perderse de vista, y esta queda patente cuando se amplían las miras y se observan los resultados de las estrategias adoptadas por países lejanos, sin limitarnos a tomar como referencia solo los que nos rodean", insiste.

Tampoco hay que perder de vista que "la Covid-19 es como un incendio forestal: mientras en el bosque queden árboles, y por consiguiente material combustible, el fuego sigue ardiendo", expone Mitjà.

  • "En este caso, los árboles son las personas no inmunizadas" que, a día de hoy, siguen siendo mayoría.

Lo que hemos aprendido en este año

"Por primera vez en muchos años, la salud de la especie humana se ha visto gravemente amenazada de manera simultánea en todo el planeta y una enfermedad infecciosa ha sido la primera causa de muerte en nuestro país. Es el momento de mirar atrás y reflexionar sobre lo que hemos hecho mal y cómo afrontaremos nuevas pandemias", remarca el epidemiólogo.

  • Hay que seguir investigando: "Los descubrimientos que hemos hecho sobre el coronavirus también nos pueden servir para combatir otros agentes patógenos en el futuro", cuenta en su libro.
  • Se debe vigilar el virus en la naturaleza: "Es vital para entender qué animales salvajes son portadores de la amenaza y minimizar las oportunidades del salto entre especies", añade.
  • Los científicos han de participar en los discursos públicos: El objetivo es seguir explicando a la ciudadanía, y también a la clase política, las soluciones que la ciencia propone frente a una posible nueva emergencia sanitaria.

Prepararse para el futuro

Para que una posible futura pandemia no nos pille desprevenidos como ha ocurrido con la Covid-19, el investigador considera fundamental potenciar el estudio y la prevención de las emergencias epidémicas infecciosas.

  • "En nuestro país tenemos un déficit absoluto de instituciones de salud pública para el control de las infecciones", sostiene.
  • Se debería prestar más atención a ello, "ahora que no podemos negar que son una amenaza real. Habrá nuevas pandemias. Y debemos estar preparados", concluye.

En definitiva, tal y como apunta la periodista Julia Otero en el prólogo del libro, "Oriol Mitjà espera que la humanidad salga más sabia después de haber estado al borde del abismo y nos pide que recordemos nuestra fragilidad para no estar indefensos en la próxima crisis".