Por Pablo Cubí, periodista

Localizado un nuevo punto débil del coronavirus para poder atacarlo
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Como bien sabes, la lucha contra los virus no se puede hacer con antibióticos, que solo sirven contra las bacterias. Ante un virus, que es un microorganismo más simple, hay que buscar otras estrategias.

Los virus apenas realizan funciones. Se limitan a entrar en las células y multiplicarse usando el sistema reproductivo de esa célula. Por eso es difícil dar con métodos de atacarles cuando nos infectan.

Algunos hay y dependen del tipo virus. Los antivirales han dado buenos resultados en virus como el del herpes. Estos fármacos impiden que el virus se multiplique. Contra el coronavirus aún no hay nada definitivo.

  • De momento, el antiviral remdesivir, ha demostrado capacidad para reducir el tiempo de infección.
  • La célula, cuando se ve atacada, intenta defenderse creando una especie de señal de alarma, un aviso para otras células: el interferón. Inocular interferones al paciente puede ser una estrategia.

El problema es que el interferón puede tener importantes efectos secundarios. Ahora solo se da a pacientes graves.

LA ESTRATEGIA DE LAS VACUNAS

La otra estrategia para luchar contra el coronavirus es la de prepararnos antes de que nos haya atacado. Es decir, la vacunación.

Las vacunas más avanzadas que se han desarrollado hasta ahora utilizan técnicas muy diferentes, pero tienen un mismo objetivo: crear una proteína, la misma que el coronavirus utiliza para entrar en la célula.

Vayamos paso a paso:

  • ¿Qué es una proteína? Pues es como el burro de carga de las células. Hay de muchos tipos y se encargan de hacer todas las funciones que les encarga el código genético (el ADN).
  • El coronavirus (y cualquier virus) no es una célula. Es más simple y necesita entrar en una célula para reproducirse. Tiene en su superficie una proteína llamada S o Spike (púa en inglés) que es con la que entra en la célula.
  • Lo que hacen las vacunas es provocar que nuestras células creen esta proteína S. La célula la expulsa, al no serle útil. El sistema inmunológico la detecta como una sustancia extraña y crea anticuerpos para protegerse de ella.
  • Cuando el coronavirus entra en el cuerpo buscando células para entrar, los anticuerpos ya reconocen la proteína S e impiden a tiempo que entre en muchas células e inicie una infección masiva.

NUEVA ESTRATEGIA: DESORDENAR SU CÓDIGO

Los coronavirus utilizan muchas de las proteínas de nuestras propias células para que trabajen para él: mantener unida su membrana y organizar su material genético, por ejemplo.

Precisamente una de esas proteínas se ha convertido en un posible objetivo contra el virus. El coronavirus usa esa proteína para proteger su material genético (el ARN) mientras se replica dentro de la célula infectada.

  • Se trata de la proteína de transmembrana 41. Sobre ella han puesto los ojos un grupo de investigadores de la Universidad de Nueva York y la vecina Universidad Rockefeller.

En un estudio publicado recientemente explican que esta proteína de nuestra célula crea una membrana con la que todo el material genético, su código, queda junto. Si no estuviera, ese material se dispersaría y no podría crearse un nuevo coronavirus.

El estudio ha constatado que esta proteína la utilizan varios tipos de coronavirus y otros virus, como el que provoca el zika. Buscar un fármaco que logre inhibir esa proteína abre la puerta a tratar otras enfermedades.

PODRÍA EXPLICAR POR QUÉ HAY MÁS CONTAGIOS

No todo el mundo tiene exactamente la misma proteína en las células. El estudio constata que algunas personas tienen una transmembrana 41 mutada. Sobre todo, los asiáticos.

  • Un 20% de los asiáticos tiene esa mutación.
  • No pasa con la mayoría de la población de África. Y en menor medida con la europea.

Una mutación en la célula explicaría por qué se agrava la Covid-19

Es un elemento que podría explicar por qué hay casos más graves de Covid-19 en algunos países que en otros. No deja de ser una suposición, puesto que hay otros factores que también intervienen: la edad media de la población, el modo de vida, etc.

El estudio también ha ido más allá y ha localizado un centenar de proteínas más que podrían ser objetivos para luchar contra estos virus a través de nuevos fármacos.

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