Parenting

¿Puede mi hijo convertirse en un adicto a la tecnología?

Los ordenadores y las pantallas son una buena herramienta. Pero a veces se convierten en un refugio de soledad. Es cosa de los padres reemplazar las pantallas con nuestra permanencia efectiva.

Laura Gutman

Laura Gutman

Psicoterapeuta familiar. Directora de Crianza y autora de El poder del discurso materno y La revolución de las madres.

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No podemos imaginarnos la vida sin tele o sin móvil. Si un extraterrestre llegara a la Tierra con su nave espacial, constataría que existe un elemento común en todos los rincones del planeta a pesar de las grandes diferencias entre regiones, climas, suelos y culturas que nos tiene totalmente atrapados, casi inmovilizados y prácticamente hechizados a todos los seres humanos que la habitamos.

Nos verían a todos frente a una caja cuadrada, más plana o más redondeada, más grande o más brillante según los casos, pero claramente identificable, junto a la que entramos en una frecuencia alfa, atraídos hacia el aparato como si en su interior tuviera una varita mágica para mantenernos en un estado de encantamiento general.

Así nos verían: absortos, enajenados, atraídos, aferrados a los colores, los movimientos, las voces y la música, imponiendo misteriosamente el ritmo a nuestras vidas cotidianas.

Los niños crecen rodeados de tecnología

Los niños nacen, crecen, comen, duermen, se relacionan, se pelean y se desdibujan con la tablet, la televisión o el teléfono encendido.

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Hemos permitido que la televisión se instale en los rincones más íntimos de nuestra vida cotidiana, hasta el punto de que no sabríamos cómo vivir si no estuviera.

En muchas ocasiones, los niños pasan demasiadas horas frente a la pantalla, pero tendremos que aceptar que el problema no es la pantalla en sí misma sino el hecho de que se haya convertido en la compañía más satisfactoria, gozosa y fiel que los niños han encontrado a falta de algo mejor.

Debemos estar dispuestos a reemplazar la pantalla con nuestra permanencia afectiva

Es lógico que los niños adopten a la pantalla como una compañía fiel, sobre todo cuando la soledad y el aislamiento duelen hasta el alma.

Por eso, es ridículo hacerle la guerra si no estamos dispuestos a reemplazar la pantalla con nuestra permanencia afectiva.

Cualquier niño elige la presencia amorosa si tiene que elegir entre el vínculo con un ser vivo o con un programa. Pero entre la nada y la pantalla, obviamente, elige la pantalla.

El ordenador tiene una ventaja sobre la televisión: comporta acción. Messenger, WhatsApp, Facebook o Twitter son herramientas que nos permiten interactuar en lugar de ser solo un observador pasivo.

Entre la presencia cariñosa de alguien cercano y amoroso, y el chat, el niño elegirá la primera opción

Sin embargo, entre la presencia afectiva, cariñosa y comprometida de alguien cercano y amoroso, y el chat, el niño elegirá sin duda la primera opción. Pero entre la nada y el ordenador, está claro que elegirá el segundo.

Dependerá de los adultos que el ordenador sea una herramienta vincular para los niños, o que sea un abismo de soledad.

¿Y qué hay de otro tipo de adicciones?

  • Es sabido que la ingesta de alcohol es cada vez más prematura, especialmente en las sociedades donde el aislamiento es más frecuente.

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  • Los niños no empiezan a consumir alcohol porque sea delicioso, sino porque calma al corazón. Y también porque les facilita la comunicación entre pares. Incluso si no tienen gran cosa que compartir, el alcohol abre las compuertas de la intimidad y afloja las tensiones.
  • Al igual que sucede con otras sustancias, como el tabaco o el consumo desenfrenado de lo que sea, sienten que es mejor tomar algo que permanecer heridos de todas maneras, pero a causa del vacío interior.
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