Parenting

Prejuicios y mitos sobre el destete

No importa cuándo ni cómo. Lo fundamental es que el fin de una experiencia única como la lactancia suceda del modo más natural posible. Cada caso, como cada relación madre-niño, es distinto.

Laura Gutman

Laura Gutman

Psicoterapeuta familiar. Directora de Crianza y autora de El poder del discurso materno y La revolución de las madres.

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Es posible que el inicio de la lactancia no haya sido completamente fluido y, sin embargo, con una buena dosis de paciencia lo hemos logrado.

Pero resulta que apenas han pasado unos meses desde el nacimiento del niño, justo cuando hemos logrado que los días y las noches se acomoden, nos vemos lanzadas al tobogán del “necesario destete” porque nuestro bebé ya es “mayor”.

Aparecen muchas opiniones alrededor: que tiene dos dientes, que no va a seguir mamando hasta los 18 años, que tiene hambre, que no le estamos permitiendo crecer, que necesita conocer otros sabores.

Recursos poderosos

¿Hay un momento adecuado para destetar al niño? A decir verdad, no lo hay. Podríamos decir que destetar a un niño es algo que, en el mejor de los casos, podría ir decidiendo el niño, en concordancia con su madre.

Y que el momento puede variar muchísimo, porque cada niño es diferente, y cada relación entre ese niño y su madre –incluyendo el hecho nutricio– es particular en cada caso.

Es oportuno aclarar que el ser humano está diseñado para mamar durante un tiempo mucho más prolongado de lo que en el mundo occidental estamos acostumbrados a pensar.

La succión y el llanto son las dos herramientas de supervivencia de la criatura humana. La succión le permite nutrirse, el llanto le permite avisar que está en peligro. Ambos recursos son muy poderosos y deberíamos rendirnos ante ellos.

La lactancia es un acuerdo entre dos personas: madre e hijo

Cualquier madre que observa a su hijo reconocerá que el niño, haya sido bendecido o no con la lactancia, continúa succionando hasta los cinco años, a veces hasta los seis o los siete. Durante este tiempo succiona lo que puede: el dedo, un trapo, un juguete o su propia lengua.

Dicho esto, no hay un momento determinado en el que “hay que” destetar a un niño. Algunos se destetan solos, otros tienen madres que deciden, con sus razones muy respetables, que ya no tienen disponibilidad para seguir dando el pecho. No hay problema. La lactancia es un acuerdo entre dos personas: madre e hijo.

Una decisión íntima

A veces es el niño quien decide no continuar, otras veces es la madre, y otras coinciden en el momento justo para ambos. Por lo tanto, no hay motivos para que el destete sea una indicación generada desde afuera de este vínculo.

¿Pero por qué sucede tan a menudo que quedamos sometidas a decisiones médicas o psicológicas que van en contra de nuestros sentimientos? La más común sucede en la visita pediátrica de los cuatro o cinco meses cuando el médico nos entrega una “receta” que incluye todos los alimentos que el bebé debe empezar a ingerir.

Nos dejamos llevar

La primera sensación que tenemos las madres es de angustia; pero acostumbradas a dejar de lado nuestras intuiciones naturales, aceptamos. Sin preguntar. Sin reflexionar. Obedientes y sumisas intentamos desesperadamente introducir alguna cucharadita de algo, sintiéndonos satisfechas cuando lo logramos.

De este modo agregamos preocupaciones no imaginadas días atrás, cuando estábamos acomodándonos al ritmo placentero de la lactancia. Ahora hay que agregar una hora específica para preparar el puré, y luego lavar las ollas y limpiar la suciedad que generó la intención de hacerle tragar alimento sólido al niño.

El bebé nunca lo pidió, nosotras tampoco, y además el puré de zanahorias resultó ser bastante menos nutritivo que nuestra leche. Poco a poco vamos aumentando las raciones diarias hasta que, en el mejor de los casos, el bebé acepta el alimento y va perdiendo interés o fuerza para succionar.

Debemos estar atentas a la evolución del niño y ver cuando empieza a tener interés por los alimentos

En algunas ocasiones, un mes más tarde, perdemos completamente la producción de leche y el niño queda destetado tempranamente sin necesidad, cuando teníamos disponibilidad para darle de mamar y tiempo suficiente para ocuparnos de él.

Volver a conectarnos

Lo que me resulta asombroso es la facilidad con que las madres “creemos” en ese profesional sin que medie diálogo al respecto. Completamente disociadas de nuestra intuición y de la relación íntima que hemos establecido con el niño, nos volvemos inseguras y desconfiadas.

Cada madre conectada con su esencia femenina podría cuestionarse: ¿Cómo me siento dando de mamar?, ¿cómo está mi bebé amamantado?, ¿disfrutamos?, ¿tenemos algún impedimento para continuar?, ¿crece bien y feliz?, si la gente se molesta ¿no será a causa de problemas que ellos necesitan resolver?

Si las mujeres estuviéramos atentas a la evolución natural del niño, veríamos que algunos bebés empiezan a demostrar algún interés por los alimentos después de los seis meses, cuando logran sentarse.

Otros bebés no muestran ningún interés hasta los nueve, y otros incluso hasta el año. No les atrae. Están todavía muy absorbidos por la relación idílica con la teta. Hay que observarles –por ejemplo, si se le hace la boca agua al ver comer a los padres o hermanos, o si luchan por obtener un pedazo de pan–.

Hay bebés que ingieren comida y además siguen durante meses, o incluso años, tomando pecho

A veces sucede que están muy interesados en un trozo de pan pero no en el puré, es decir, quieren experimentar sensaciones con la boca pero no necesariamente alimentarse. Es importante comprender la diferencia.

Solo entonces determinaremos si ese niño en particular está maduro para introducir en su dieta la alimentación sólida. El destete debería ser espontáneo, y cada díada mamá-bebé tendría que manejarlo en tiempos muy personales.

Por otra parte, hay bebés que ingieren comida y además siguen durante muchos meses, o incluso años, tomando pecho. Cada díada madre-hijo debería tener su propia y original historia. Nosotras, si nos lo permitimos, sabemos qué necesitamos y qué experiencia nos hace más armónicos y felices.

Escuchar al corazón

Nadie desde afuera de la relación tiene derecho a dar indicaciones generales sobre cómo y cuándo destetar a un bebé, si no se le ha pedido ayuda concreta en ese sentido.

Muchas madres nos angustiamos al preguntarnos cómo actuar cuando “debemos” negarle el pecho a nuestro bebé mientras éste llora desconsoladamente reclamándolo. Sin embargo con frecuencia resulta que no tenemos inconvenientes en seguir amamantandolo. Es evidente que estas normas generales son de lo más absurdo, tanto para nosotras como para nuestros hijos.

Por lo tanto, deberíamos reflexionar sobre qué estamos permitiendo que suceda dentro del hecho materno. ¿Por qué cualquiera puede opinar sobre algo tan íntimo como es el inicio o el fin de la lactancia? ¿Cuándo vamos a decidirnos, por fin, a otorgar prioridad al niño?

Sin interferencias

El manejo autónomo de la lactancia en cuanto a su modalidad y duración, y en cuanto al placer y al contacto que provocan en sintonía con el mundo interno femenino, es un asunto íntimo.

Es decir, no incumbe a nadie más que a la madre y al niño. Todas las opiniones deberían quedar en calidad de lo que son: opiniones.

No se trata de “quitar el pecho” sin más, sino de reemplazar lo que le ofrece el pecho con otros recursos

El destete es una experiencia relativa a la lactancia, al vínculo amoroso, a la historia y a la experiencia de cada díada, y por lo tanto sería ideal que sucediera del modo más natural posible. No importa cuándo ni cómo... porque de todas maneras... en algún momento, va a suceder.

Qué hacer si nos ausentamos

  • Si ya no tenemos fuerzas o capacidad para extraernos leche, o bien si el bebé tiene más de seis meses, podemos dejar alimentos sólidos disponibles en nuestra ausencia.
  • Para no dificultar la lactancia, lo ideal es darle de mamar durante el tiempo que estamos juntos, desde que llegamos a casa hasta el día siguiente en que volvemos a salir.
  • Es posible que el bebé no acepte ser alimentado por la madre, sino que relacione a mamá con “teta” y a otras personas con “alimentos”. No tiene importancia. Los bebés son inteligentes, por eso deciden qué es lo que más les conviene en cada momento.
  • Trabajar no es un impedimento para la lactancia. Aunque trabajemos, tenemos más de 12 o 14 horas diarias para recuperar el tiempo con el bebé y ofrecerle el pecho.
  • En nuestra cultura, nos conviene prepararnos para alargar el tiempo de lactancia, ya que las presiones para que decidamos un destete precoz estarán a la orden del día.

Cuando es “mayor” y no lo acepta

  • En primer lugar, “mayor” puede ser una edad muy diferente para cada uno. Pero consideraremos los casos de niños mayores de dos años, cuyas madres no quieren dar de mamar durante más tiempo.
  • Con frecuencia, la lactancia se ha convertido en nuestra mejor herramienta para solucionar todos los problemas con el bebé. Si deseamos terminar la lactancia, tendremos que pensar en otras alternativas. Eso puede requerir más acompañamiento, más juego o conversación.
  • El destete de un niño “mayor” puede llevarnos mucho tiempo, sobre todo porque somos las madres quienes necesitamos aprender otros modos para relacionarnos, calmarlos, apoyarlos y sostenerlos.
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