Parenting

¿Y sus primeras amistades?

Nuestro hijo encontrará amigos con los que compartir juegos y emociones a partir de los tres años. ¿Cuál es nuestro papel?

Laura Gutman

Laura Gutman

Psicoterapeuta familiar. Directora de Crianza y autora de El poder del discurso materno y La revolución de las madres.

sus primeras amistades

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¿Es preciso intervenir para ayudar a los niños a forjar amistades? ¿Qué sucede si no nos gusta el niño que elige nuestro hijo? Y si es demasiado tímido, ¿es mejor forzarlo? ¿A qué edad es conveniente que un niño ya tenga sus propias amistades?

Estas son algunas de las cuestiones que nos preocupan cuando pensamos en las relaciones de nuestros hijos.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que cada niño va organizando su propia personalidad, pero dentro de una modalidad familiar. Si los padres no solemos recibir visitas, o actuamos con prejuicios, o el clima en casa es hostil, entablar amistades de un modo fluido quizá no sea una tarea fácil para ellos.

Siempre a su lado

Si nos importa que los niños se entrenen en el arte de la amistad, es preciso que acompañemos esos procesos. ¿Cómo? Facilitando las relaciones con las familias de esos niños, entablando conversaciones con los padres, abriendo nuestros hogares o proponiendo una salida conjunta.

Si los niños son menores de siete años, necesitarán la presencia de los adultos cuando juegan, cuando pelean, cuando comparten los juguetes o cuando no logran llegar a acuerdos.

El arte de la amistad se aprende.

Requiere sensatez, cariño, apoyo, paciencia y sabiduría. ¿Es obligatorio que un niño tenga amigos? Pensemos en su edad; los niños raramente pueden socializar antes de los tres años. Pero a partir de ese momento, la vida se suaviza si contamos con un semejante.

Por eso, estemos atentos a las elecciones de nuestros hijos y apoyémoslos cuando deseen acercarse a un niño determinado y no se atrevan. Defendámoslos o démosles recursos para distanciarse de ciertos niños que los lastiman. Conversemos sobre los beneficios de la amistad y sobre lo que ellos pueden hacer a favor de otros niños. No permitamos que sufran el mal trato de grupos de niños que no tienen quien los mire. Enseñémosles compasión por cualquier niño que tenga menos posibilidades de generar una amistad espontáneamente. Permanezcamos con ellos cuando juegan con otros niños, mediando en los desacuerdos y ayudándolos a encontrar soluciones a los conflictos.

A tener amigos se aprende, y los niños merecen que los adultos los llevemos de la mano.

Compromisos adultos

Los adultos solemos tener compromisos sociales, de los que habitualmente obtenemos algún beneficio. El problema aparece cuando nuestros hijos pequeños tienen que pagar el precio de ese compromiso que hemos decidido asumir.

Si no queremos ver que es maltratado por el hijo de nuestro jefe, o si tiene que aguantar los empujones de un primo porque no queremos problemas con la familia, reconozcamos que nosotros hemos dispuesto que él se lleve la peor parte.

En todos estos casos, es obvio que los padres hemos decidido dar prioridad a nuestro propio interés y reconocimiento.

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