Pablo Cubí
Pablo Cubí del Amo

Periodista

El 50% de lo que manifiesta un enfermo del corazón es psicológico
iStock by Getty Images

Las enfermedades del corazón siguen siendo hoy la primera causa de mortalidad mundial. Eso, pese a que la cardiología es una de las ramas de la medicina que más ha avanzado. Ha sido la que más tratamientos efectivos ha conseguido.

Hace quince años las cifras de mortalidad habían bajado gracias sobre todo a dos factores:

  • Los programas contra el tabaquismo.
  • La tecnología, como los desfibriladores.

Esta línea descendente no solo se ha frenado, sino que ha vuelto a subir. “La situación actual es alarmante”, admite el doctor Valentí Fuster, director del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares.

El gran riesgo de la obesidad

Un factor clave en este aumento es la obesidad. Ha crecido lo suficiente como para revertir los buenos resultados que dio la lucha contra el tabaco y la mejora científica.

La obesidad está relacionada con la presión arterial, ladiabetes y aspectos del colesterolque afectan en el buen pronóstico”, enumera el doctor Fuster.

"Sabemos mucho de las enfermedades y poco de cuidar la salud"

El problema es que las enfermedades del corazón son silenciosas en su evolución. Actuamos cuando ya es tarde.

  • Sabemos mucho de enfermedades y poco de cuidar la salud”, dice el cardiólogo, en un debate organizado por Caixa Research.

El cuidado se ha de dar en todas las etapas de la vida.

Una vida sana en la infancia previene que los vasos del cerebro no se alteren con los años.

Cómo educar en salud

Las estadísticas indican que un niño que ya sea obeso a los 3 años tiene un 90% de posibilidad de ser obeso en la adolescencia.

La educación es fundamental. La educación de toda la familia. Ya se han dado pasos en algunas escuelas educando en alimentación y vida sana. Falta que se traslade a todos.

  • En el colegio aprenden una cosa que luego no se mantiene en casa”, insiste el doctor Fuster.

Estamos en una sociedad demasiado competitiva y consumista que ha provocado una ceguera mental. Gana en marketing lo poco saludable.

En este sentido, los lazos familiares y sociales son fundamentales. “Si vemos y sentimos como propios los problemas de nuestros mayores, seremos más conscientes de la necesidad de cuidarnos”, opina.

La relación corazón y mente

La cardiología ha unido cada vez más corazón y cerebro. Se hace más evidente la relación de uno y otro.

  • El 50% de lo que un enfermos del corazón manifiesta es psicológico”, asegura el doctor.

Por eso insiste en que hay que mejorar la empatía con el paciente. Si le das confianza en que puede recuperarse, la evolución será mejor.

"La familia es un factor clave en la salud cardiovascular"

Es el cerebro del paciente el que va a decidir ir o no hacia unas mejores actitudes. También es fundamental el apoyo de la familia y amigos.

Unas comidas en común, uniendo lazos de cariño con buenos alimentos, hacen mucho por la salud cardiovascular.

Una conclusión optimista

El doctor Fuster concluye con una actitud optimista, también muy útil al afrontar la enfermedad. Los mala evolución de la mortalidad se puede revertir y lo que se ve en algunos niños son signos de esperanza.

Los niños son ahora los que influyen a los padres con sus preguntas”, explica.

¿Por qué fumas si es malo?, ¿Por qué no comemos todos juntos? Son aspectos que enseñan en las escuelas y que ellos plantean en casa.

Falta dar mensajes claros. Por ejemplo, que la población vea que el factor económico no tiene por qué ser tan definido en la salud del corazón.

  • Hay alimentos baratos muy saludables”, recuerda el doctor Fuster.
  • Eslóganes como lo de cinco piezas al día son útiles aunque demasiado genéricos.

¿Son fruta y verdura en total o cinco de cada? ¿En qué cantidad? Se necesitan buenos publicistas que aporten campañas más efectivas.

  • Campañas como las de tráfico, que en su momento consiguieron reducir la siniestralidad.

Podría ser una solución si se pudiera exigir más en prevención de salud, igual que se exige en seguridad vial: ya todos nos ponemos el cinturón en coche, el casco en moto.

Los accidentes cardiovasculares matan más que los de tráfico. Lo que pasa es que no son tan impactantes. Por eso no hay voluntad política más activa.