El 70% de la población está intoxicada con metales pesados con riesgo para la salud

Una investigación médica en España ha constatado que el 70% de la población presenta intoxicación por metales pesados en la sangre, como el plomo, el cadmio o el mercurio, que pueden causar enfermedades graves. Las personas con síntomas de cansancio o dolor persistente suelen presentar porcentajes más altos.

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Metales pasados

La intoxicación por metales pesados se produce por inhalación, ingestión o absorción cutánea.

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Soledad López
Soledad López

Periodista especializada en salud y nutrición

La mayoría de la población española tiene metales pesados en su organismo, que pueden derivar en enfermedades graves, tanto cardiovasculares, del riñón, neurológicas o de los huesos.

Había estudios que ya lo habían puesto en evidencia. La exposición al plomo de la gasolina, el mercurio presente en el pescado o el cadmio presente en el humo del tabaco han creado efecto acumulativo. Ahora un nuevo análisis incrementa esa preocupación.

Aumenta los niveles de metales tóxicos

Este último análisis llevado a cabo en Barcelona eleva las dosis de metales encontrados en sangre. Del 51% de un informe anterior de la Universidad de Granada, los investigadores de Hospital del Mar han hallado concentraciones que llegan al 70%.

La intoxicación por metales pesados se produce cuando una persona está expuesta a niveles excesivos de estos metales en su organismo, ya sea a través de la inhalación, ingestión o absorción cutánea.

Las personas con cansancio o dolor crónico es posible que tengan niveles más altos de estos metales tóxicos

Los investigadores constataron que este porcentaje tóxico se eleva en quienes presentan síntomas de cansancio o dolor e inflamación persistentes.

La doctora Montserrat González Estecha, de la Sociedad Española de Medicina de Laboratorio ha explicado las consecuencias que pueden tener sobre todo para la salud cardiovascular estos metales pesados.

Cómo afecta la exposición a estos metales

La exposición continuada a metales tóxicos provoca estrés oxidativo. Y es bien sabido que el estrés oxidativo puede acabar dañando todas las partes de la célula: el ADN, el ARN, las proteínas, los lípidos de la membrana plasmática, los lípidos de la membrana mitocondrial interna y la envoltura nuclear.

La doctora González Estecha señala que, como consecuencia de ello, disminuye la disponibilidad de óxido nítrico (actúa como vasodilatador favoreciendo la circulación), aumenta la inflamación y la apoptosis (muerte celular), puede haber daño endotelial (el endotelio recubre el interior de los vasos sanguíneos) e impedir su reparación, inhibir la angiogénesis (formación de nuevos vasos sanguíneos) y aumentar la agregación plaquetaria.

Y todo ello puede promover la aparición de hipertensión, arteriosclerosis, aterosclerosis, trombosis y enfermedad cardiovascular. El problema es que estas patologías no avisan, y cuando lo hacen muchas veces es demasiado tarde.

Pero lo que sí es posible, mediante análisis clínicos de laboratorio, es medir los productos que genera el estrés oxidativo. Y aquí es donde tendrían un papel preventivo clave los análisis clínicos de laboratorio, igual que se miden los niveles de colesterol o glucosa en sangre.

El plomo se inhala de la gasolina

Desde el siglo XX, la población general ha estado muy expuesta al plomo debido al uso de la gasolina.

La doctora González Estecha explica que sus efectos más estudiados sobre el sistema cardiovascular se han centrado principalmente en su asociación con la hipertensión arterial.

Además, el plomo se ha relacionado con la enfermedad coronaria, accidente cerebrovascular, enfermedad arterial periférica y alteraciones en la función cardiovascular, como hipertrofia del ventrículo izquierdo y alteraciones del ritmo cardiaco.

"También se ha evaluado el riesgo medioambiental y sobre la salud de la exposición al cerio, otro elemento traza altamente contaminante usado como componente de los catalizadores y como aditivo del diésel", apunta la especialista.

El cadmio procede del humo del tabaco

El cadmio, que procede principalmente del humo del tabaco, podría estar implicado en el inicio de la aterosclerosis.

La placa de ateroma puede empezar a formase desde edades tempranas. Cuanto mayor es la placa, más aumenta el riesgo de rotura y/o trombosis (formación de coágulos) que provocaría eventos agudos como el infarto de miocardio. Pero hasta que eso ocurre puede pasar mucho tiempo sin que se produzca ningún síntoma.

Tragamos mercurio al comer pescado

Atún rojo, pez espada, tiburón, caballa o lucio son algunos de los pescados que contienen más mercurio.

"Aunque la evidencia es débil, en adultos y en algunos estudios con población muy expuesta se ha observado cierta asociación entre el metilmercurio procedente del consumo de pescados contaminados con el infarto de miocardio, las arritmias, la hipertensión arterial, el descenso de la variabilidad de la frecuencia cardíaca y el desarrollo de la placa de ateroma", señala la doctora.

El arsénico está en el tabaco, agua y vegetales

Según el Instituto Nacional del Cáncer, podemos exponernos al arsénico con el tabaco, al beber agua contaminada o al consumir alimentos preparados con vegetales que fueron regados con agua contaminada (puede ocurrir con algunos tipos de arroz procedentes de Asia, por eso se aconseja lavarlos bien antes de cocinarlos).

Se cree que la exposición al arsénico por agua potable contaminada es más dañina para la salud que la que procede de alimentos contaminados.

En los últimos años se ha sugerido que el arsénico podrían tener un papel importante en el inicio de la ateroscleroris, la hipertensión, la diabetes, la enfermedad arterial coronaria o el ictus.

"Es fundamental seguir regulando y aplicando las medidas necesarias para disminuir esta exposición y actuar sobre el estilo de vida, principalmente a través del ejercicio, la dieta y el abandono del hábito tabáquico", concluye la doctora.