Un insecticida sospechoso de provocar daños en el sistema nervioso

Un nuevo estudio se añade a la lista de investigaciones sobre los efectos dañinos que pueden tener algunos insecticidas. El carbaril, muy popular hasta hace pocos años, ha mostrado efectos nocivos sobre el sistema nervioso en peces, un impacto también probable en seres humanos.

Actualizado a
Pablo Cubí
Pablo Cubí del Amo

Periodista

Un insecticida que en España se utiliza de forma habitual puede afectar al sistema nervioso
iStock by Getty Images

El insecticida carbaril, de uso generalizado, tiene efectos nocivos sobre el sistema nervioso de los peces cebra, una reacción hasta ahora desconocida. Lo pone en evidencia un estudio llevado a cabo por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Los autores han señalado dos aspectos de esta investigación que nos afectan directamente:

  • Los efectos perjudiciales se han detectado incluso en concentraciones 35.000 veces más bajas de los niveles que la Organización Mundial de la Salud consideraba seguros.
  • Las pruebas se han realizado con larvas de pez cebra precisamente “por la similitud de su sistema nervioso al de los seres humanos”. Esto hace probable que también nos afecte.

Qué es y cómo actúa el carbaril

El carbaril es un plaguicida con capacidad para matar todo tipo de insectos, buscados o no. De hecho, una de las críticas es que ponía en peligro las abejas. Y es un insecticida que ya estaba bajo sospecha. Es uno de los productos considerados potencialmente cancerígeno.

En cantidades muy pequeñas ya afecta al comportamiento de los peces y pone en riesgo su supervivencia

Varios países del mundo han prohibido su uso. Otros, como España, han reducido su utilización. Con todo, su aplicación está aún muy extendida. En Estados Unidos ha llegado a ser el tercer insecticida más usado, tanto en la protección de plantas de hogar como de agricultura industrial. Se utiliza también para actividad antiparasitaria. En veterinaria se ha usado para ganado y animales domésticos, como perros y gatos.

Los restos de carbaril son patentes en toda la geografía del planeta. Sus efectos nocivos pueden producirse con la inhalación o la ingestión, a través de vegetales o animales expuestos a él.

Un nuevo efecto dañino

La investigación ha permitido comprobar que incluso en poca concentración, niveles que se pueden encontrar fácilmente en el medio ambiente, el carbaril actúa sobre los peces alterando su comportamiento y comprometiendo su supervivencia con apenas una exposición de 24 horas.

"La razón por la cual estas concentraciones, inferiores a las consideradas como seguras, afectan al comportamiento radica en un mecanismo desconocido hasta la fecha -explican los investigadores-. El insecticida bloquea los receptores de la adrenalina y serotonina, dos neurotransmisores clave para el correcto funcionamiento del sistema nervioso”.

"Los resultados inducen a pensar que el insecticida también podría ser perjudicial en los seres humanos"

El resultado es que respuestas de comportamiento como el huir de los depredadores o su actividad de movimiento en busca de comida o refugio se ven afectadas.

Además, el carbaril, mediante este nuevo mecanismo, también altera la actividad cardíaca, “aumentando significativamente el ritmo del corazón".

Un problema también para las personas

De estos datos se deduce que los niveles de insecticida que se encuentran en el agua y que hasta ahora se consideraban seguros “son de alto riesgo para las larvas de los peces”, ha explicado Demetrio Raldúa, investigador del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA), y director de la investigación.

Además, “este trabajo hace saltar las alarmas con respecto a su impacto en los seres humanos”, avisa Raldúa. Su repercusión en el sistema nervioso de los peces “induce a pensar que el insecticida también podría tener efectos perjudiciales en las personas”.

Cada vez son más los efectos peligrosos acumulativos de los productos tóxicos y nuevas voces se suman a la necesidad de un mayor control. A veces, como en este caso, los avisos llegan tarde, cuando el producto se ha utilizado extensamente durante décadas y sin poder evaluar el daño real que ha tenido.

Impacto tóxico de los contaminantes

Nos hace reflexionar sobre el impacto tóxico de los contaminantes, incluso a bajas concentraciones, sobre el medio ambiente y la salud humana”, ha apuntado Melissa Faria, investigadora del IDAEA y coautora del estudio.

"Trabajos como este ponen de manifiesto que tal vez sea necesario revisar los protocolos de regulación de los insecticidas por parte de las entidades responsables, de manera que se incluyan ensayos farmacológicos más exhaustivos", han añadido los investigadores.

La Organización Mundial de la Salud ha hablado en diversas ocasiones de este problema. Con la cantidad de insecticidas y plaguicidas que se están utilizando actualmente en todo el mundo, los riesgos son altos. Se calcula que hay más de mil productos diferentes. El efecto a largo plazo de muchos de ellos es aún una incógnita.

Y como se ha visto con esta última investigación, ni siquiera sabemos todos los efectos que tienen al instante sobre la vida animal.