1 / 6 Prepararse para el parto

Una mujer conectada con ella misma puede dar a luz sin saber nada sobre el parto, solo dejándose llevar por el instinto que todo mamífero lleva grabado en sus células.

Las respiraciones que se enseñan en las clases de preparación al parto convencionales tienen su origen en los años 60-70 y son un intento de controlar el trabajo de parto. Sin embargo, cuando se intenta dirigir un proceso fisiológico, lo que se consigue es inhibirlo.

Las clases de preparación al parto son interesantes si la información sirve para que la mujer se sienta capaz de parir por sí misma. En muchos casos, sin embargo, estas sesiones tienen como finalidad preparar a la mujer para el protocolo del hospital.

2 / 6 Pruebas, solo las necesarias

Cualquier examen no necesario puede arrojar un resultado que siembre nuevas dudas y la necesidad de hacer más pruebas.

Por ejemplo, si en una ecografía realizada demasiado pronto no se aprecia el latido del embrión, la gestan puede entrar en un estado de ansiedad perjudicial.

Además algunas pruebas pueden ser invasivas o contraer un riesgo para la madre o el bebé, así que hay que analizar a fondo los pros y los contras y no hacerlas si no son estrictamente necesarias.

3 / 6 Cuidar las emociones

El estrés agudo prolongado aumenta el riesgo de parto prematuro y de bajo peso del bebé al nacer.

La principal causa de ansiedad en este periodo está relacionada con el propio embarazo y con el miedo al parto. Es esencial trabajar la confianza en nuestras capacidades y preparar un Plan de Parto para sentirnos más seguras.

4 / 6 Cuidar el cuerpo

El yoga, el canto prenatal, el baile suave... siempre "en modo" placer, ayudan a conectar con las sensaciones corporales, a relajarse y a fluir.

Y hacer actividad física como la natación, las caminatas o gimnasia para embarazadas contribuye a cuidar tu cuerpo, estar más saludable y te ayudará a que la recuperación tras el parto sea más rápida.

Es en todo esto dónde se necesita poner el acento, en lugar de hacerse analíticas y ecografías prescindibles.

5 / 6 Adaptar el ritmo a la nueva etapa

Un periodo de plenitud es paradójico que conlleve molestias, pero es que las mujeres de hoy sienten la presión de seguir haciendo la misma vida que los hombres o mujeres no embarazadas para demostrar que "pueden con todo" y que los procesos femeninos "no les afectan".

Dormir más, hacer ejercicio, recibir masajes, atenciones... es lo que conviene en esta etapa, porque experimentar placer y bienestar produce hormonas que favorecen la salud de la madre y del bebé.

6 / 6 Comer de manera saludable y equilibrada

Las náuseas mejoran con comidas ligeras, frecuentes y al masticar mucho los alimentos.

Se aconseja tomar frutas y ensaladas, que aportan vitaminas y reducen la inflamación de las paredes intestinales, y evitar los precocinados, con demasiadas grasas saluradas, sal y azúcar.

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