Por Robin Lim

Retrasemos la separación del bebé de la placenta

En nuestra cultura moderna, no pensamos en nuestros cordones umbilicales ni tampoco en nuestras placentas. Hoy en día, casi todos los hospitales de Occidente, simplemente, se deshacen de las placentas de los bebés tirándolas como meros residuos médicos.

¿Cómo ha sido que algo fundamental para nuestra supervivencia y nuestro bienestar futuro haya perdido su importancia y haya llegado a ser considerada como basura?

Esta idea nació de una terrible revolución que tuvo lugar en el siglo XX, empujada por el impulso de la sociedad para dominar la naturaleza, y a la cual el Dr. Michel Odent, especialista en obstetricia y en parto en el agua, denomina como "la industrialización del nacimiento".

la placenta, el órgano olvidado

Este texto está adaptado del libro 'La placenta. El chakra olvidado', de Robin Lim (Ob Stare). Abuela y comadrona, se define a sí misma corno una "guardiana del nacimiento". En 2011 fue nombrada Heroína del Año por la CNN en reconocimiento a su labor humanitaria en favor de la paz y de la atención sociosanitaria.

Fundadora y directora de Yayasan Ibu Bumi Sehat Birth Center en Bali (Indonesia), Robin Lim nos transmite que su gran compromiso es realizar una revolución pacífica del nacimiento.

En sus páginas profundiza sobre la importancia que tienen determinadas condiciones que envuelven al momento del embarazo, el parto y los primeros días, así como también traza los lazos que quedarán dibujados para toda la vida de ese bebé.

En la antigüedad, las comadronas esperaban antes de separar al bebé de su placenta cortando el cordón umbilical

Este es el primer libro que aborda especialmente a la placenta como protagonista. Es todo un tributo a este órgano responsable de velar por la vida de la mujer y del bebé, con el fin de que se la valore y se le dé la trascendencia que realmente tiene para nuestras vidas.

La realidad actual del parto

El proceso natural de traer una nueva vida humana al mundo se ha convertido en un acontecimiento médico en el que la futura madre es hospitalizada y medicada, y el bebé es extraído de ella, no parido por ella.

De alguna manera, en un intento de hacer del nacimiento algo seguro, la ciencia se utiliza como medio de prevención, y el nacimiento se convierte en un proceso apresurado de alta tecnología para rescatar al bebé del vientre de la madre.

Para los bebés, la transición hacia la vida en la Tierra se convierte en una rigurosa sucesión de protocolos. El bebé, con frecuencia inerte debido a las sustancias farmacológicas suministradas a la madre durante el parto, es tratado de forma ruda, incluso colgado cabeza abajo y azotado en las nalgas para estimular la respiración.

Se pinza y corta inmediatamente el cordón umbilical, sin prestar atención al trauma provocado a largo plazo por una repentina y violenta separación del bebé de la madre y de la placenta. La placenta, la heroína de la gestación, es tirada a la basura para su incineración

El milagro, que en un tiempo perteneció a las familias, es ahora propiedad de las instituciones médicas. La ciencia médica, que cuando es bien aplicada se encarga de salvar vidas, ha perdido su rumbo en el territorio de los nacimientos.

La placenta, la heroína de la gestación, es tirada a la basura para su incineración

La medicina se separó de la naturaleza y olvidó el respeto a la diversidad de la cultura y la tradición humana. De algún modo, en la aplicación de tal eficiencia, perdimos nuestra humanidad en el momento culminante y más tierno de la vida: el nacimiento de un niño.

Antes del agresivo apoderamiento del parto por parte de la clase médica, las comadronas, enfermeras, asistentes tradicionales, abuelas o cualquier mujer que ayudara al parto de otra esperaban pacientemente antes de separar al bebé de su placenta cortando el cordón umbilical.

En el parto es importante asegurarse de que el bebé, la placenta, la madre y la familia están preparados para cortarlo, porque rompe la unión física existente entre el recién nacido y su placenta.

Opiniones de especialistas

Hace más de dos siglos, doctores como Charles Darwin (creador de la teoría de la evolución de las especies) comenzaron a cuestionar el corte inmediato del cordón umbilical, que era un protocolo que se había convertido en una costumbre entre el personal médico que atendía los partos.

La práctica de cortar la conexión madre-placenta-bebé rápidamente y de forma clínica empezó a practicarse solo después de que los hombres se hicieran cargo de la gestión de los partos. Hoy en día, comadronas y doctores todavía cuestionan el acierto de pinzar y cortar el cordón precozmente.

"Si se corta el cordón antes de tiempo el bebé es más débil porque le falta una parte de la sangre que se queda en la placenta"

"Otra cosa verdaderamente dañina para el bebé es atar y cortar el cordón umbilical demasiado pronto. Se debería dejar siempre, no solo hasta que el bebé haya respirado repetidamente, sino hasta que cese toda pulsación en el cordón. De otra manera, el bebé es mucho más débil de lo que debería ser, porque le falta una parte de la sangre que se queda en la placenta y que pertenece al bebé", decía Erasmus Darwin, abuelo de Charles Darwin (Zoonomia,1801).

Por su parte, la revista Cellular and Molecular Medicine publicaba en el año 2009 un texto bajo el título "Mankind's first natural stem cell transplant" (Primer trasplante natural de células madre para la humanidad), en el que se recogían las siguientes palabras:

"A través del cordón se transfieren 'dones' fisiológicos a través del 'primer trasplante natural de células madre' que ocurre en el parto"

"Retrasar el pinzamiento del cordón umbilical durante un periodo de tiempo un poco más largo permite que se transfiera un mayor volumen de sangre de la madre al hijo, y si ese momento tan importante se alarga un poco más, se transfieren también muchos 'dones' fisiológicos a través del 'primer trasplante natural de células madre' que ocurre en el parto".

Y el doctor francés Michel Odent opina al respecto que: "El corte del cordón umbilical es originalmente un ritual inseparable de los mitos que lleva a la separación anticipada entre la madre y el recién nacido. Si fuera posible neutralizar los efectos de esas creencias y rituales tan profundamente enraizados, no habría ninguna excusa para separar al neonato de su madre".

Por consiguiente, ¿realmente resulta necesario pinzar y cortar el cordón umbilical de los bebés? Comadronas pioneras como Jeannine Parvati, Mary Kroeger e lna May Gaskin no recomiendan esos protocolos médicos innecesarios.

Fortalecer sus defensas

Retrasar el pinzamiento del cordón (o no hacerlo) es el modo fisiológico de tratarlo, y cortarlo de forma prematura necesita una justificación.

Un nacimiento Lotus completo, que implica dejar el cordón intacto hasta que se seque y se desprenda naturalmente (entre los tres y los nueve días), es el modelo ideal de no intervención y de no violencia.

Si esperamos a que nazca la placenta para cortan el cordón, el bebé obtiene el 99% de sus beneficios

Es una buena opción para los que desean evitar protocolos médicos innecesarios. Pero esperar a que nazca la placenta, de modo que la familia vea al bebé con el cordón y la placenta intactos, es ya un nacimiento Lotus, puesto que así el bebé ha obtenido el 99% de sus beneficios en las primeras horas tras el parto.

Nuestra supervivencia depende de la fortaleza de nuestros sistemas inmunológicos individuales. Siendo respetuosos durante la transición hacia el nacimiento, damos a nuestros hijos el mejor comienzo posible y protegemos el auténtico cimiento de sus sistemas inmunitarios.

Protectora de la madre y de su hijo

En el embarazo, este órgano no solo es capaz de reconocer las necesidades del bebé, sino que también se las cubre. La placenta, la raíz de tu origen, es un órgano milagroso que protege tu vida y es el hilo conductor que te une con tu madre.

Fue concebida en el momento de tu creación. Tanto la placenta como el bebé surgen de la unión del espermatozoide y del óvulo, y su origen compartido los hace genéticamente idénticos. Aunque compartes algo de la identidad genética de tus padres, a menos que tengas un hermano gemelo monocigótico (idéntico), nada ha sido nunca tan perfectamente exacto a ti, excepto ella.

Este órgano compuesto por células lleva a cabo la selección, el almacenaje y el transporte de los nutrientes

Cada uno de nosotros hemos compartido la matriz con nuestra placenta. Tu placenta creció contigo. Durante la gestación, tu placenta os protegió, a ti y a tu madre, aportando los nutrientes esenciales y el oxígeno necesario, así como eliminando los residuos a través del laberinto de la circulación placentaria y el sistema de circulación sanguínea de tu madre.

Así pues, la placenta es un recurso crucial para el bebé, tanto dentro del útero como después del nacimiento. No se debe olvidar que este órgano compuesto por células es el responsable de llevar a cabo la selección, el intercambio, el almacenaje y el transporte de los nutrientes.

Por ejemplo, sabe si hay necesidad de hierro, lo elige de entre otras sustancias y sabe cómo tiene que ser usado. No es un humano el que tiene ese conocimiento, sino un grupo de células llamadas placenta.

El hecho de que una célula pueda reconocer un elemento es, sin duda, un milagro, y lo que es más increíble aún es que pueda tomar la sustancia adecuada, en la cantidad requerida y transportarla a un lugar determinado.

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