Tras una pérdida gestacional

Necesitamos hablar de una muerte muy poco reconocida en nuestra sociedad: la de un bebé intraútero al inicio del embarazo o en cualquier momento de la primera mitad de la gestación.

Creemos que es necesario abordar este tema desde una amplia perspectiva: desgranando conceptos y reflexiones desde lo femenino. Una realidad poco visible y generalmente tratada sin la profundidad e interés que merece.

Si las pérdidas gestacionales no son tratadas, en general, como requieren los padres en duelo, lo son aún menos las de primera mitad de embarazo, donde se agudiza la incomprensión y la falta de validación y de respeto.

La soledad, el aislamiento y la desinformación que vive la mujer y su pareja ante la vivencia de la pérdida es inmensa porque no existe lugar de expresión ni escucha para una muerte no contemplada socialmente.

Existen una voces olvidadas de estos bebés que vivieron sólo en el vientre materno, la voz de sus madres que acallaron el duelo porque estaban de ‘demasiado poco’, sus bebés no ‘daban la talla para ser llorados’. Y la voz de sus padres que, aún hoy, nadie repara en ellos.

Pero también hay un olvido social, médico y cultural en el que caen estas pérdidas tan tempranas.

Es época de poner consciencia: cuando tantas parejas deben decidir sobre la vida de sus bebés porque los avances médicos detectan tantas anomalías fetales antes invisibles; cuando se habla desde la medicina, y la cabeza y el corazón no se ponen de acuerdo.

Las pérdidas tempranas son pérdidas reales, las familias en duelo necesitan que se reconozca su dolor: lo pequeñito que es el hijo perdido y el gran vacío que deja.

Es importante que, a nivel social, cambie la mentalidad sobre el manejo del aborto. Durante años se han suministrado analgésicos en el parto porque supuestamente las mujeres «no querían enterarse de nada». Actualmente, cada vez más queremos saber sobre nuestra fisiología para tener partos conscientes. Debería ser así también en el caso de una pérdida: aprender del cuerpo, dejar que siga sus ritmos, sus tiempos para cumplir su misión. Éste es el verdadero ritual, el más potente.

¿Nos produce asco y espanto ver la imagen de un feto muerto? ¿O amor y ternura?… Es nuestro hijo.

Los rituales de despedida son importantes y tienen su poder de sanación y transformación para las familias.

También es de gran ayuda que alguien nos nombre como las menstruaciones que se repiten cuando se busca un embarazo suponen la vivencia de una pérdida todos los meses.

El inicio del embarazo es el inicio de ilusiones, un proyecto que se corta cuando justo se ha sentido la emoción de la maternidad. Es tremendo el shock de la noticia positiva versus el shock de la noticia negativa en un corto período de tiempo. Suponiendo muchas veces la pérdida de la inocencia y el robo para siempre de un embarazo feliz.

Ese compañero inseparable llamado miedo, que después de una pérdida acecha para siempre desde la fecundación hasta después del parto. Asociado a su vez a la angustia de que ese miedo sea malo para la vida del nuevo bebé en camino, hermano del que se fue.

El duelo tiene sus fases y en ellas hay algo de lo simbólico, lo espiritual y lo místico que nos ayudan a transitarlo. Después de todo hemos vivido la conexión de la vida y la muerte en el propio útero.

Para saber más

En el recomendable libro Las Voces Olvidadas de Editorial Ob Stare, del qual se han extraído las presentes palabras, pretende tratar a fondo un tema que la humanidad tiene pendiente desde hace siglos. Su objetivo y la labor que mueve a las autoras es que el olvido deje paso a un interés verdadero.

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