Acné

El acné es una enfermedad de la piel muy frecuente, que se produce cuando los folículos pilosos bajo la piel se obstruyen, formando las antiestéticas espinillas o granos. Aunque es habitual creer que esto se debe a la suciedad, una piel limpia también puede sufrir acné, ya que hay diversos factores implicados en su aparición.

¿Por qué se produce?

Existen numerosas causas del acné. Aunque su responsable es una bacteria (propionibacterium acnes), la aparición de esta se relaciona con los cambios hormonales, por eso es un problema tan habitual en la adolescencia. Sin embargo, muchas alteraciones hormonales producen acné también en otros momentos vitales:

  • El acné es muy frecuente en los bebés, dada la brusca pérdida de contacto con las hormonas maternas tras el parto. Este desequilibrio hormonal puede generar dermatitis seborreica, un exceso de grasa en la piel que provoca distintos problemas, desde acné hasta la conocida como costra láctea, una especie de caspa persistente que se instala en el cuero cabelludo. La situación vuelve a la normalidad conforme se equilibran los niveles hormonales en el recién nacido.
  • Los anticonceptivos hormonales, al trabajar sobre estos niveles en nuestro organismo, también generan cambios, lo que puede producir acné en los periodos de transición (al principio o al final del tratamiento). Sin embargo, al tener un efecto anovulatorio al mismo tiempo pueden utilizarse para regular los niveles hormonales, de forma que pueden ser un tratamiento de la enfermedad.
  • Además de las hormonas sexuales, las suprarrenales como el cortisol tienen un efecto en la salud de la piel. A estas les afecta directamente el estado anímico, por lo que un periodo de estrés prolongado o un trastorno de ansiedad podrían ser el origen de un brote de estrés y, sobre todo, un motivo de empeoramiento.

El acné se puede prevenir

Por otra parte, el exceso de grasa en la piel que puede conducir al acné en ocasiones está causado por las propias rutinas que utilizamos para cuidarla: por ello, las cremas grasas deben evitarse de manera preventiva.

El maquillaje también puede producir acné si sus componentes no son adecuados para nuestra piel o si no está en buen estado, de ahí la importancia de respetar la fecha de consumo preferente indicada para estos productos.

En cuanto al sol, que suele considerarse beneficioso para el acné, puede en realidad agravarlo. El bronceado puede generar un efecto rebote al aumentar la producción de sebo para reparar la piel tras la exposición al sol.

Una dieta beneficiosa para el acné

Hay muchos mitos sobre alimentos que pueden producir acné.

A los alimentos grasos o al chocolate se les culpa habitualmente de ser responsables del problema y no es exactamente así. Las grasas saturadas afectan a la aparición de brotes de acné pero depende de otros factores.

El azúcar, alimentos con un alto índice glucémico (que disparan la insulina en sangre) o el efecto de las hormonas presentes en los lácteos también están bajo sospecha.

Evita los precocinados, el embutido y los azúcares refinados y no tendrás que prescindir del chocolate (tómalo negro y no más de una onza al día), que es rico en antioxidantes y puede tener un buen efecto sobre tu piel. También los alimentos ricos en Omega 3, como el salmón, el atún o las nueces pueden beneficiar tu piel y ayudarte a controlar el acné.

¿Cómo remediarlo?

La forma de tratamiento para el acné más adecuada dependerá de la intensidad del brote. Hay que acudir al dermatólogo para que prescriba el mejor tratamiento.

  • En sus formas leves lo ideal es aplicar una crema sobre la zona afectada.
  • Si el brote persiste, se combinan estos productos con fármacos orales. Estos pueden trabajar sobre la infección bacteriana (antibióticos) o bien sobre la alteración hormonal.
  • Si la gravedad aumenta, se utiliza isotretinoína, un fármaco que tiene efectos antiinflamatorios, inhibe las bacterias que causan el acné y además disminuye la producción de sebo.

Cómo evitar las cicatrices del acné

Según los expertos, lo mejor sería no tocar los granos; sobre todo en el llamado “triángulo de la muerte”, el que forman las líneas entre las aletas de la nariz y las comisuras de la boca, por la facilidad para generar complicadas infecciones en esta zona.

En el caso de manipular los granos es importante hacerlo con una correcta higiene que evite los riesgos de infección, lavando bien las manos y la zona antes y después. Además, la manipulación debe hacerse con delicadeza, usando las yemas de los dedos en lugar de las uñas, evitando heridas en la piel afectada.

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