Autismo

El autismo es un trastorno que afecta a la manera en que las personas interactúan con los demás y en cómo se comunican.

Las primeras descripciones relevantes sobre el autismo corresponden a las publicaciones de Leo Kanner (1943) y Hans Asperger (1944). Sin embargo, no cabe duda de que individuos de similares características a las identificadas por estos autores han existido siempre y han sido descritos en múltiples textos anteriores.

La incorporación del término autismo se debe a Leo Kanner, tras la aparición en 1943 del que se puede distinguir como el artículo fundacional del autismo actual: "Autistic disturbances of affective contact", en el que propuso los criterios que definían el autismo:

  • Aislamiento profundo para el contacto con las personas.
  • Un deseo obsesivo de preservar la identidad.
  • Una relación intensa con los objetos.
  • Conservación de una fisonomía inteligente y pensativa.
  • Una alteración en la comunicación verbal manifestada por un mutismo o por un tipo de lenguaje desprovisto de intención comunicativa.

Sin embargo, el concepto clásico de autismo ha variado mucho desde sus descripciones originales y en la actualidad se prefiere usar el término “trastornos del espectro autista (TEA)”.

Los TEA incluyen diversas categorías de trastorno autista, el síndrome de Asperger y el trastorno generalizado del desarrollo no especificado. Las características comunes a todos ellos son: una alteración de la interacción social, una alteración de la comunicación y del lenguaje, y la presencia de actividades e intereses restringidos, repetitivos y estereotipados.

Los TEA son trastornos del neurodesarrollo. Se consideran como trastornos del neurodesarrollo aquellas condiciones neurológicas que aparecen en la primera infancia, habitualmente antes de entrar en la escuela y que afectan al desarrollo del funcionamiento personal, social, académico y/o laboral.

Son trastornos que implican alteraciones en la adquisición, conservación o aplicación de habilidades, por lo que provocan alteraciones en la atención, la memoria, la percepción, el lenguaje, la resolución de problemas o la interacción social.

La prevalencia de los TEA se ha visto incrementada desde los años 90, seguramente por un mejor reconocimiento del trastorno al haber sido modificados los criterios diagnósticos.

Actualmente la prevalencia es de 1 cada 150 niños, con una proporción hombre-mujer de 4 a 1.

¿Por qué aparece el autismo?

A pesar de todos los avances en neurociencia y en los métodos genéticos actuales, no se ha podido establecer un modelo que explique el cómo y por qué aparecen los TEA.

Se les presupone una base genética y se considera que existen factores epigenéticos (factores que provocan que los genes se activen o desactiven) y ambientales que pueden predisponer a su aparición. Precisamente este es el motivo de que hayan surgido distintas iniciativas que prometen efectos positivos sobre su tratamiento, aunque no sean métodos contrastados científicamente.

La evidencia sugiere un firme componente genético. Para los padres de un niño con TEA el riesgo de tener otro hijo con el mismo trastorno es de 50 a 100 veces mayor. Se ha sugerido la existencia de varios genes diana. Se postula también que una parte de la etiología recae en la presencia de algunas diferencias en la estructura y función del encéfalo.

Signos y síntomas del autismo

Los TEA pueden manifestarse durante el primer año de vida, aunque en función de la severidad de los síntomas, pueden no ser visibles hasta la edad escolar.

Existen dos características principales en los TEA:

  • Déficit en la comunicación y en la interacción social.
  • Patrones repetitivos de conducta, intereses y/o actividades.

Ambas características deben estar presentes a una edad temprana (a pesar de que no se reconozcan en el momento) y deben ser lo suficientemente graves como para afectar significativamente a la capacidad del niño para funcionar en el hogar, en la escuela, o en otras situaciones.

Las primeras manifestaciones observadas por los padres pueden ser retraso del desarrollo del lenguaje, falta de señalización de objetos desde cierta distancia y falta de interés en los padres o en el juego típico.

Son señales de alarma:

  • No observar sonrisas u otras expresiones placenteras a partir de los 6 meses de edad.
  • No responder a sonidos compartidos, sonrisas u otras expresiones a partir de los 9 meses.
  • No balbucear a los 12 meses.
  • No hacer o no responder a gestos sociales (señalar, decir adiós con la mano, etc.) a partir de los 12 meses.
  • No decir palabras sencillas a partir de los 16 meses.
  • No hacer frases espontáneas de dos palabras con sentido a partir de los 24 meses.
  • Cualquier pérdida de lenguaje o habilidad social a cualquier edad.

Se habla actualmente de que un problema fundamental en los enfermos de TEA, es la "ceguera mental": el enfermo no dispone de la posibilidad de imaginar lo que otra persona pueda estar pensando y tampoco puede imaginar que otra persona pueda comprender lo que está diciendo o expresando.

  • Alrededor del 25% de los niños afectados presenta una pérdida documentada de habilidades que habían adquirido previamente.

¿CÓMO SE DIAGNOSTICA?

EL diagnóstico de un TEA se realiza en forma clínica, en base a los criterios del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, quinta edición (DSM-5), y exige para su diagnóstico de la evidencia de alteraciones de la interacción y la comunicación social y de la presencia de 2 o más conductas o intereses restringidos, estereotipados, repetitivos.

Tras la sospecha diagnóstica de un TEA, se deben realizar diferentes test específicos que no sólo pueden confirmar el diagnóstico, sino que también pueden dar una idea del grado de afectación, tanto global como específica (lenguaje, inteligencia, interacción social, intereses afectados y presencia de otras patologías asociadas como la discapacidad intelectual o los trastornos del aprendizaje), y orientar al tratamiento.

TRATAMIENTO del autismo

El autismo se trata con:

  • Terapia conductual para desarrollar las habilidades sociales.
  • Educación especial en la escuela.
  • Determinados fármacos que pueden ayudar a aliviar problemas de comportamiento, como las conductas autolesivas, ritualistas y agresivas.

El tratamiento debe ser siempre multidisciplinar, y existe unanimidad en que debe iniciarse la terapia de forma temprana, aunque no en cuanto al mejor método.

La evidencia sugiere unos elementos comunes que sí deben incluir todos los programas de intervención:

  • Entrada precoz en el programa, sin esperar al diagnóstico definitivo.
  • Intervención intensiva: el mayor número de horas que el niño sea capaz de recibir.
  • Intervención individualizada, disminuyendo al máximo la tasa niño-profesor.
  • Inclusión de la familia en el tratamiento, siempre.
  • Posibilidades de interacción con otros niños de la misma edad que no tengan problemas.
  • Medición frecuente de los progresos.
  • Alto grado de estructuración, con elementos basados en una rutina predecible, programas de actividades visuales y límites para evitar distracciones.
  • Estrategias para mantener las actividades aprendidas.
  • Programa que promueva la comunicación funcional y espontánea, habilidades sociales, habilidades adaptativas para facilitar la independencia, reducción de conductas disruptivas, habilidades cognitivas, habilidades de destreza y académicas, y desarrollo de funciones ejecutivas (planificación, programación, autocorrección, etc.).

Se han hecho diversos intentos por tratar los síntomas del autismo a través de medicaciones o modificaciones de la dieta, pero hasta la fecha ninguno de estos tratamientos ha demostrado eficacia.

Las dietas de exclusión (libres de gluten o caseína), los tratamientos antimicóticos o con quelantes, la evitación de la vacuna triple vírica o los suplementos dietéticos o vitamínicos no han demostrado ser eficaces e incluso pueden resultar potencialmente dañinos.

MÁS INFORMACIÓN

 

Artículos de Autismo