Dengue

El dengue es una enfermedad vírica transmitida por mosquitos que en los últimos años se ha propagado rápidamente por todo el mundo.

Dengue

Dra. Rita Sahún Font, licenciada en Medicina y Cirugía

El virus del dengue es un flavovirus que se transmite por mosquitos hembra, principalmente de la especie Aedes aegypti y, en menor grado, Ae. albopictus. Estos mosquitos también son vectores de los virus de la fiebre chikungunya, de la fiebre amarilla y de Zika.

Después de que el mosquito pique a una persona infectada, este se replica en el intestino del mosquito antes de diseminarse hacia tejidos secundarios, como las glándulas salivales.

El tiempo que transcurre entre la ingestión del virus y la transmisión a un nuevo hospedador dura entre 8 y 12 días.

Varios factores influyen en el periodo de incubación: la temperatura, la magnitud de las fluctuaciones diarias de temperatura, el genotipo del virus y la concentración vírica inicial. Una vez es infeccioso, el mosquito puede transmitir el agente patógeno durante toda su vida.

La transmisión de seres humanos a mosquitos puede ocurrir hasta 2 días antes de la aparición de los síntomas de la enfermedad y hasta 2 días después de la resolución de la fiebre. La mayoría de las personas son virémicas durante 4-5 días, pero la viremia puede durar hasta 12 días.

Aunque el contagio se realiza principalmente a través de mosquitos vectores, existen pruebas de que también es posible la transmisión vertical: de madre embarazada a su hijo.

Signos y síntomas

El dengue provoca un amplio espectro patológico, que puede abarcar desde una enfermedad asintomática hasta síntomas graves similares a los de la gripe en las personas infectadas.

  • Tras un período de incubación de 3 y 15 días el paciente presenta súbitamente fiebre, escalofríos, cefalea, dolor detrás de los ojos durante los movimientos oculares, dolor lumbar y postración.
  • Durante las primeras horas, el paciente presenta dolores muy intensos en piernas y en articulaciones, síntomas que ocasionan el cuadro conocido como “fiebre rompehuesos”.
  • La temperatura aumenta rápidamente hasta 40ºC con disminución de la frecuencia cardíaca.
  • Los pacientes también pueden presentar enrojecimiento de los ojos o una erupción en la piel, especialmente en la cara.
  • Los ganglios linfáticos de cuello, antebrazo e ingle pueden estar aumentados de tamaño.
  • La fiebre y el resto de síntomas pueden persistir durante 2 a 4 días para después descender rápidamente con sudoración profusa.
  • Posteriormente, los pacientes se encuentran bien unas 24 horas, tras las cuales reaparece la fiebre, aunque con una intensidad inferior. Al mismo tiempo aparece una erupción que se extiende desde el tronco hacia los miembros y la cara.
  • Puede aparecer también dolor de garganta o síntomas gastrointestinales (náuseas, vómitos) y síntomas hemorrágicos.
  • Algunos pacientes desarrollan la fiebre hemorrágica del Dengue. Los síntomas neurológicos son poco comunes y pueden incluir encefalopatía y convulsiones; algunos pacientes desarrollan un síndrome de Guillain-Barré.

Los casos leves de dengue remiten en menos de 4 días. En la enfermedad más grave, la astenia puede durar varias semanas. La muerte es inusual.

La inmunidad contra la cepa causante de la enfermedad (existen 4 serogrupos) es duradera, aunque la inmunidad cruzada contra el resto de cepas sólo dura entre 2 y 12 meses.

Las infecciones posteriores (secundarias) causadas por otros serotipos aumentan el riesgo de padecer el dengue grave.

La fiebre hemorrágica del dengue es una variedad de dengue que aparece sobre todo en niños menores de 10 años que viven en zonas en las que el dengue es endémico. Suele requerir de infecciones previas por dengue.

Es una enfermedad inmunopatológica, que aparece cuando el paciente ya presenta anticuerpos contra el virus, en la que se desencadena una cascada de procesos que provocan un incremento de la permeabilidad vascular ocasionando manifestaciones hemorrágicas y conduciendo a un colapso circulatorio.

Diagnóstico

La fiebre del dengue debe sospecharse en pacientes que viven en o que han viajado a zonas endémicas y desarrollan los síntomas propios de dengue: fiebre súbita, dolor ocular intenso, dolores musculares y adenopatías, en especial con la erupción cutánea característica o fiebre recidivante.

La evaluación debe excluir la presencia de otras posibles patologías como el paludismo o la leptospirosis.

Para establecer el diagnóstico de infección pueden utilizarse varios métodos: pruebas virológicas (que detectan directamente elementos del virus) y pruebas serológicas (que detectan componentes producidos por el sistema inmunitario humano como reacción al virus).

En función del momento en que se presente el paciente, la utilización de diferentes métodos de diagnóstico será más o menos adecuada.

El virus puede aislarse en la sangre durante los primeros días de la infección mediante métodos de reacción en cadena de la polimerasa (PCR) o también puede detectarse mediante pruebas para constatar la presencia de una proteína producida por el virus.

Existen pruebas de diagnóstico rápido disponibles comercialmente que pueden utilizarse a tal fin, y con las que en tan solo unos 20 minutos se determina el resultado.

Los métodos serológicos pueden confirmar la presencia de una infección reciente o antigua al detectar anticuerpos IgM e IgG contra el virus.

Los anticuerpos IgM pueden detectarse aproximadamente una semana después de la infección y alcanzan su nivel máximo entre 2 y 4 semanas después de iniciarse la enfermedad y pueden persistir durante unos 3 meses.

La presencia de anticuerpos IgM indica una infección reciente. Los niveles de anticuerpos IgG tardan más en aparecer, pero permanecen en el organismo durante años. La presencia de anticuerpos IgG indica una infección antigua.

Rara vez se solicitan cultivos, que son difíciles de realizar.

El estudio con hemograma del paciente puede mostrar un descenso de leucocitos hacia el segundo día de fiebre, y hacia el cuarto o quinto día, el recuento de leucocitos puede oscilar entre 2.000 y 4.000/mcL.

También puede identificarse un descenso de plaquetas.

Tratamiento

El tratamiento del dengue es sintomático. Pueden tomarse antipiréticos y analgésicos para reducir los síntomas de dolores musculares y fiebre.

La mejor opción es el paracetamol. Deben evitarse los medicamentos antiinflamatorios no esteroideos, incluso la aspirina, debido al riesgo de sangrado.

En caso de dengue grave, la asistencia temprana puede salvar vidas y reducir las tasas de mortalidad. Es decisivo mantener el volumen de líquidos corporales del paciente.

Los pacientes con dengue deberían solicitar ayuda médica si aparecen signos de alerta (dolor abdominal intenso, vómitos persistentes, respiración acelerada, hemorragias en las encías, fatiga, agitación y/o presencia de sangre en el vómito).

Prevención

Las personas que viven en áreas endémicas deben tratar de prevenir las picaduras de los mosquitos (utilizar medidas de protección personal en el hogar, como mosquiteros en las ventanas, repelentes, materiales tratados con insecticidas, espirales y vaporizadores, sobre todo durante el día, y se aconseja llevar puesta ropa que reduzca al mínimo la exposición cutánea a los mosquitos).

Los pacientes con dengue deben evitar la transmisión de la enfermedad por mosquitos manteniéndose bajo mosquiteros hasta la resolución del segundo episodio febril.

La vacuna con virus vivos atenuados contra el dengue es eficaz y segura en personas que ya han estado infectadas anteriormente por el virus del dengue (sujetos seropositivos).

Ahora bien, conlleva un mayor riesgo de dengue grave para las personas que experimentan su primera infección natural por dengue tras la vacunación (sujetos seropositivos en el momento de la vacunación).

Por ello la estrategia recomendada es vacunar únicamente a las personas infectadas con anterioridad.