Hernia discal

La hernia discal es la causa más frecuente de dolor a nivel lumbar, pero estas herniaciones también se producen en la zona cervical y, aunque más raramente, en la dorsal o torácica.

En cualquier caso, constituye un impacto económico importante ya que suele afectar, sobre todo, a varones entre los 40 y los 50 años, en plena actividad laboral, aunque cada vez es menos raro verlo también en mujeres y en edades inferiores.

¿Qué es una hernia discal?

Se trata de un trastorno de la columna vertebral que afecta al disco intervertebral.

En condiciones de salud, entre dos vértebras existe una especie de almohadilla -el disco intervertebral-, con una estructura más dura en su área externa -el anillo fibroso-, y gelatinosa en su parte central o núcleo pulposo.

La función del disco es prevenir el roce de los huesos entre sí y amortiguar posibles impactos. Cuando un disco intervertebral se degenera o se lesiona, el núcleo puede desplazarse hacia el exterior y comprimir los nervios que recorren la zona, dando lugar a la sintomatología característica de las hernias discales.

Señales para sospechar que padecemos una hernia discal

La clínica de la hernia discal se caracteriza por la aparición de dolor en la zona afectada.

  • Una hernia a nivel cervical provoca dolor en el cuello que, con frecuencia, irradia hacia los brazos en forma de cosquilleo, entumecimiento o debilidad, con imposibilidad para mover con normalidad los miembros superiores.
  • Si la lesión es lumbar, el dolor aparece en esta zona, con mayor frecuencia a nivel L5-S1 (en la parte baja de la espalda), y la irradiación se prolonga a una o a ambas piernas pudiendo causar dificultad para caminar. Característicamente, las molestias empeoran con los movimientos y pueden agravarse al toser, estornudar, reír y al orinar.
  • Si el origen es degenerativo, la clínica suele aparecer progresivamente, poco a poco, pero si la causa de la hernia es un golpe, los síntomas suelen darse de repente, de forma brusca.
  • Es característico que duela intensamente si se aprieta con el dedo justo en el disco intervertebral afectado.
  • El dolor insoportable, la pérdida de fuerza en brazos y piernas, o los cambios en la función intestinal con pérdida involuntaria de orina o de heces, son síntomas de gravedad y precisan de atención médica urgente.

Cómo puede afectar tener una hernia discal

Las hernias discales, en ocasiones, son bastante limitantes y condicionan enormemente el día a día de quien las padece, interfiriendo en sus actividades cotidianas.

El dolor puede llegar a ser muy intenso y constante, provocando limitación de la movilidad del cuello o de la espalda, dificultad para levantar los brazos, para incorporarse, agacharse o para caminar, según dónde se halle la lesión.

Cómo se trata una hernia discal

El tratamiento inicial consiste en guardar reposo durante un corto espacio de tiempo (sin realizar esfuerzos físicos ni practicar deporte), junto con la toma de determinados medicamentos (analgésicos, AINES y/o relajantes musculares), siempre bajo supervisión médica.

  • Las sesiones posteriores de rehabilitación, fisioterapia u osteopatía pueden hacer que los síntomas remitan e incluso desaparezcan.
  • A veces la medicación habitual no es suficiente y se requieren antiinflamatorios más potentes, como los corticoides, o ciclos de medicación administrada mediante inyecciones.
  • Si lo anterior no es efectivo, las infiltraciones locales en la zona de la hernia para disminuir la inflamación pueden ser la solución para controlar el dolor durante, al menos, unos meses.
  • Como última opción está la cirugía del disco o microdiscectomía, una pequeña intervención cuyo objetivo es extraer la hernia y descomprimir el nervio atrapado para que, con el tiempo, pueda recuperarse con una adecuada rehabilitación.
  • En caso de hernias voluminosas, la intervención es más complicada y podría requerir de la fusión de varias vértebras. La tasa de recuperación postquirúrgica es alta, situándose en torno al 85-90%

A tener en cuenta en relación a las hernias discales

  • El sobrepeso y la debilidad muscular por falta de ejercicio físico convierten a la columna vertebral en una zona susceptible de lesiones, por lo que es recomendable mantenerse en un peso adecuado y evitar el sedentarismo practicando ejercicio físico frecuente que potencie la musculatura del cuello, de la espalda en general, de los glúteos y del abdomen.
  • Los movimientos bruscos de flexo-extensión de la columna favorecen la aparición de las hernias vertebrales, por lo que hay que tener cuidado al practicar determinados deportes, como el tenis, el pádel o el motociclismo.
  • Las hernias no son visibles con una simple radiografía, pero la alineación de los huesos puede generar sospechas. Como pruebas de elección para confirmar el diagnóstico, se utilizan la resonancia magnética y el TAC de columna vertebral.

 

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