Paperas

La parotiditis epidémica, conocida popularmente como las paperas, es una infección de origen viral, contagiosa, que causa un aumento del tamaño de las glándulas salivales y que también puede afectar a testículos, encéfalo y páncreas, especialmente en los adultos.

¿Quién y cómo se provoca la parotiditis?

El virus que causa la parotiditis es un microorganismo conocido como paramixovirus. Se transmite a través de gotas expelidas, al toser, por una persona infectada, o bien al contactar con objetos contaminados por la saliva infectada de personas enfermas.

El paramixovirus permanece en la saliva desde los 7 días anteriores a la aparición de la inflamación en la glándula y es en este período de tiempo en el que es más fácil transmitir la enfermedad. También podemos encontrarlo en la sangre y la orina de las personas enfermas, y si se ha producido afectación cerebral, también en el líquido cefalorraquídeo (es el líquido que baña el encéfalo y la médula espinal para protegerlos).

Sufrir un episodio de parotiditis suele conferir inmunidad permanente, por lo que ya no suele volver a presentarse la enfermedad tras haberla padecido.

La parotiditis aparece sobre todo en poblaciones no vacunadas, pero se han descrito, esporádicamente, brotes en poblaciones en las que se ha producido una disminución de la inmunidad por un fallo de la vacuna. Los contagios suelen producirse en ámbitos muy poblados o en comunidades cerradas.

La enfermedad se presenta sobretodo a finales de invierno y principios de la primavera, y puede presentarse a cualquier edad, aunque es muy poco frecuente en menores de 2 años.

  • Entre el 25 y el 30% de las personas infectadas no presenta síntomas.

¿CÓMO SE MANIFIESTA?

Los síntomas se inician entre los 12 y 24 días después de la infección, aunque un porcentaje elevado de personas no llega a presentar síntomas.

Los enfermos manifiestan escalofríos, dolor de cabeza, falta de apetito, febrícula o fiebre moderada, que persiste entre 1 y 5 días, y sensación de malestar. A las 24 horas de inicio de los síntomas, aparece el agrandamiento de las glándulas salivares, que llega a su punto máximo a los dos días, y permanece hasta los 5-7 días. Las glándulas afectadas suelen ser muy dolorosas mientras persiste la fiebre.

  • Al inicio del proceso la afectación de las glándulas salivales puede ser unilateral, aunque rápidamente suele pasar a ser bilateral.
  • En la mayoría de las veces, el síntoma que más nos alerta es la aparición del dolor al masticar o tragar, sobre todo al consumir líquidos ácidos como zumos de naranja, limón o vinagre.
  • Después aparece la inflamación que se detecta por delante y debajo de la oreja.

La función principal de las glándulas salivales es la producción de la saliva (responsable de la digestión de los alimentos mientras permanecen en la boca, de la lubricación de la cavidad oral y de proteger a la boca y al organismo, a través de sus propiedades antisépticas).

  • Existen dos grandes grupos, las glándulas salivares mayores, que se disponen en pares a ambos lados de la cavidad oral, y las glándulas salivares menores que se encuentran dispersas sobre toda la superficie de las mucosas de la cavidad oral. De mayor a menor volumen e importancia, las glándulas salivares mayores son las parótidas, las submandibulares y las sublinguales.

Las parótidas son las glándulas que suelen afectarse en la parotiditis, aunque ocasionalmente también se inflaman las otras glándulas salivares. Si es la glándula submandibular la que se afecta, puede aumentar el diámetro del cuello e inflamarse también la lengua.

La parotiditis también puede afectar a otros órganos, sobre todo tras la pubertad, dando lugar a complicaciones como:

  • Orquitis: en el 20% de los hombres pospuberales puede aparecer una inflamación del testículo. Y con menor frecuencia, en las mujeres, una ooforitis o inflamación del ovario. En ninguno de los casos se compromete la fertilidad.
  • Meningitis o encefalitis: en alrededor del 1 al 10% de los enfermos
  • Pancreatitis o inflamación del páncreas.

Muy raramente puede aparecer inflamación de la próstata, del riñón, del corazón, del hígado, de las mamas, de las articulaciones, sordera o de las glándulas lagrimales.

¿CÓMO SE DIAGNOSTICA?

Las pruebas de laboratorio no son necesarias para el diagnóstico de la parotiditis. Se diagnostica en base a los síntomas, en particular en presencia de inflamación de la glándula parótida o de un brote de la enfermedad.

Se recomienda la práctica estudios, si el proceso es unilateral, recurrente, dura más de lo habitual, el enfermo estaba vacunado o afecta a tejidos distintos de las glándulas salivales.

Tratamiento de las paperas

El tratamiento de la parotiditis es sintomático. No existe un tratamiento específico.

La persona enferma debe ser aislada hasta que disminuya la hipertrofia de la glándula afectada. La dieta debe ser blanda (cremas, sopas, hervidos) y evitar que los alimentos requieran de una masticación intensa. Deben evitarse las sustancias ácidas (zumos de fruta).

Para el dolor de cabeza y la sensación de malestar pueden usarse analgésicos como el paracetamol y/o el ibuprofeno.

Las complicaciones suelen requerir otras medidas como el reposo en cama y el uso de otros fármacos.

Casi todos los niños afectados por paperas se recuperan totalmente sin problemas, aunque ocasionalmente puede producirse una reaparición de la enfermedad a las dos semanas. En los adultos también, siempre que no se hayan producido complicaciones.

Si ha existido afectación cerebral pueden quedar secuelas permanentes como sordera o parálisis facial y con menor frecuencia otras secuelas neurológicas.

UNA ENFERMEDAD PREVENIBLE

Existe una vacuna para la parotiditis. Se trata de una vacuna de virus vivos atenuados (debilitados para que no puedan producir enfermedad), que permite una prevención muy eficaz y no causa reacciones locales o sistémicas significativas. Su administración forma parte del calendario de inmunizaciones sistémicas de la infancia.

La recomendación de la vacunación es universal, con 2 dosis separadas entre sí, al menos un mes. La primera dosis se administra entre los 12 (si se recibe antes no se contabiliza) y los 15 meses de edad, y la segunda dosis entre los 3 y los 6 años de edad. Se administra en una vacuna combinada, asociada a la vacuna del sarampión y la rubéola (triple vírica) y a veces también con la de la varicela (tetravírica). Durante un brote, puede ser necesaria una tercera dosis.

Los adultos nacidos durante o después de 1957 que no estén inmunizados de forma natural por haber padecido la enfermedad, deben recibir una dosis de vacuna. Las mujeres embarazadas o los enfermos con alteración de la inmunidad no deben ser vacunados por tratarse de una vacuna con virus vivos.

La vacuna se inyecta preferentemente por vía subcutánea, en el muslo o en el brazo dependiendo de la edad. Puede administrarse junto con otras vacunas diferentes. Su administración puede provocar efectos secundarios leves, como fiebre moderada con o sin inflamación del punto inoculación.

La vacunación postexposición no protege de la infección. Los contactos susceptibles deben ser vacunados y se recomienda una tercera dosis para personas ya vacunadas, con riesgo de desarrollar la enfermedad, durante la aparición de un brote epidémico. Parece que esta medida puede ayudar a frenar la expansión del brote.

Está claramente demostrado que no hay ninguna relación entre la vacunación con triple vírica y el autismo infantil.

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