Malaria

La malaria (paludismo) es una enfermedad causada por parásitos del género Plasmodium y se transmite por la picadura de un mosquito hembra infectado.

 

La malaria es una enfermedad endémica en África, India y otras áreas del sur y el sudeste de Asia, Corea del Norte y Corea del Sur, México, América Central, Haití, la República Dominicana, Sudamérica (que incluye la región septentrional de Argentina), el Medio Oriente (que incluye a Turquía, Siria, Irán e Iraq) y la región central de Asia.

Transmisión de la enfermedad

La malaria se transmite por la picadura de un mosquito hembra infectado.

El ciclo de la infección se inicia cuando un mosquito hembra pica a un enfermo de malaria e ingiere sangre que contiene células reproductivas del parásito. Una vez dentro del mosquito, el parásito se reproduce, multiplica y migra hacia las glándulas salivares.

Cuando el mosquito pica a otra persona, le inyecta parásitos junto con la saliva, que se depositan en el hígado de la persona infectada, donde se multiplican y maduran (durante un periodo de 1 y 3 semanas).

Posteriormente abandonan el hígado e invaden los glóbulos rojos (eritrocitos). Los parásitos se multiplican en los eritrocitos, hasta que las células infectadas se rompen, liberando a los parásitos que invaden otras células, continuando así con el proceso de proliferación.  

Aunque los fármacos y los insecticidas han hecho posible que la malaria sea infrecuente en la mayoría de países, continúa siendo una enfermedad frecuente y mortal en algunas áreas.

Rara vez la enfermedad se transmite de una mujer embarazada enferma al feto, mediante la transfusión de sangre contaminada, mediante el trasplante de un órgano contaminado o al reutilizar una aguja contaminada.

Existen cinco especies de Plasmodium capaces de infectar a las personas: Plasmodium falciparum, Plasmodium vivax, Plasmodium ovale, Plasmodium malariae y Plasmodium knowlesi.

P vivax y P. falciparum son los dos tipos más frecuentes. P. vivax y P. ovale pueden permanecer en el hígado de forma latente, sin que pueda eliminarse con antimaláricos. P. malariae puede permanecer en sangre durante meses sin provocar síntomas.

La infección con más de una especie al mismo tiempo es infrecuente.

Síntomas

Tras el contagio por una picadura de mosquito, los síntomas puede iniciarse al cabo de 7 a 30 días, aunque puede no aparecer hasta meses o años más tarde.

  • Al romperse los glóbulos rojos y liberar parásitos, las personas infectadas sufren de forma súbita escalofríos con estremecimientos, seguidos de fiebre que puede llegar los 41°C.
  • También suele aparecer fatiga, malestar general, cefalea, dolor generalizado y náuseas.
  • Al cabo de unas horas, cuando desciende la fiebre, aparece sudoración profusa y fatiga extrema.

Este proceso febril, que aparece de forma impredecible al principio, se convierte en periódico con el tiempo.

  • Las fiebres periódicas aparecen y desaparecen a intervalos regulares. Aparecen a intervalos de 48 horas con P. vivax y P. ovale, y de 72 horas con P. malariae. Las fiebres causadas por P. falciparum no suelen ser periódicas.

A medida que la infección progresa, el bazo aumenta de tamaño y la anemia se agrava.

Malaria Falciparum

La infección causada por P. falciparum puede producir la muerte si no se trata; los pacientes no inmunizados pueden morir pocos días después de la aparición de los primeros síntomas.

En este tipo de malaria los hematíes infectados pueden pegarse a las paredes de los vasos sanguíneos pequeños, los obstruyen y lesionan a varios órganos, especialmente al cerebro, los pulmones, los riñones o el sistema gastrointestinal.

La malaria cerebral es una complicación peligrosa y suele afectar a lactantes, niños, mujeres embarazadas y personas que nunca han estado expuestos al parásito y que viajan a zonas de alto riesgo.

Malaria por P. Vivax, P. Ovale y P. Malariae

La infección ocasionada por P. vivax, P. ovale y P. malariae no suele comprometer a órganos vitales. En general no producen la muerte, salvo en casos excepcionales en los que se produzca una rotura del bazo o una exceso de parásitos incontrolable, en enfermos sin bazo.

Diagnóstico

La malaria se diagnostica al detectar parásitos mediante:

  • Pruebas rápidas de diagnóstico que detectan antígenos de parásitos o enzimas en sangre.
  • El examen microscópico de una muestra de sangre.

Ante la sospecha de malaria que aparece cuando un enfermo presenta fiebre y síntomas propios de la enfermedad durante o después de un viaje a una zona en la que enfermedad está presente, deben realizarse las pruebas de diagnóstico lo más rápidamente posible.

Es muy importante identificar la especie, porque el tratamiento, las complicaciones y el pronóstico varían en función de la especie causante de la enfermedad. El diagnóstico rápido identifica P. falciparum pero no es tan eficaz con el resto de especies.

Tratamiento

El tratamiento se realiza con fármacos antipalúdicos, que se eligen en base a:

  • La gravedad de la enfermedad.
  • La especie de Plasmodium.
  • Las resistencias a los tratamientos en el área de infección.
  • La eficacia y los efectos adversos de los tratamientos disponibles.

La terapia combinada basada en artemisinina, es el tratamiento activo más rápido y en muchas situaciones, es el fármaco de elección.

Cuando no hay complicaciones, la malaria por P. falciparum también puede tratarse con la combinación de atovacuona y proguanil, o con cloroquina, aunque en la actualidad, la resistencia a la cloroquina está muy extendida.

Antiguamente se utilizaba de forma generalizada la combinación de quinina, pero la combinación artémeter-lumefantrina y atotovacuona-proguanil presenta menos efectos secundarios.

Prevención

La prevención de la malaria, implica:

  • Control de mosquitos.
  • Evitar las picaduras de mosquitos.
  • Tomar medicamentos preventivos (quimioprofilaxis).

Las medidas de control de los mosquitos con la eliminación de las zonas de reproducción y el exterminio de las larvas en aguas estancadas, son muy importantes.

Las personas que viven o viajan a las zonas donde la malaria es frecuente deben tomar precauciones para evitar la exposición al mosquito:

  1. Usar insecticidas (permetrina o piretrina) en aerosol, tanto en sus hogares como en las zonas contiguas.
  2. Colocar pantallas en puertas y ventanas.
  3. Uso de mosquiteras tratadas con insecticidas sobre las camas.
  4. Aplicar repelentes que contengan DEET (dietiltoluamida) en las zonas de la piel expuestas.
  5. Usar pantalones largos y camisas de manga larga, en particular entre el anochecer y el alba, para protegerse de las picaduras del mosquito.
  6. Si es probable que la exposición al mosquito sea prolongada, o que lo sea a gran cantidad de mosquitos, aplicar permetrina sobre la ropa antes de usarla.

El tratamiento de las prendas y los objetos personales con productos que contengan permetrina es útil. La permetrina sigue protegiendo después de varios lavados.

Antes de realizar un viaje a una zona donde la malaria es frecuente, debe realizarse quimioprofilaxis: el tratamiento se inicia antes de empezar el viaje, se continúa durante toda la estancia y se prorroga hasta un tiempo después de haber abandonado la zona de riesgo.

La elección del fármaco profiláctico varía según la ubicación geográfica. Antes de viajar a determinados lugares es necesario informarse en centros especializados y actualizados.

Los fármacos que se utilizan con mayor frecuencia para la prevención de la malaria son

  • La combinación de atovacuona y proguanil (en un único comprimido).
  • Doxiciclina.

Otras opciones farmacológicas para prevenir la malaria son la cloroquina, la hidroxicloroquina, la mefloquina, la primaquina y la tafenoquina.

Se están desarrollando vacunas para la prevención de la malaria, pero no se sabe cuándo se dispondrá de una vacuna eficaz.

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