Rubeola

La rubeola es una infección vírica, que habitualmente cursa con síntomas leves, aunque puede tener graves consecuencias para un bebé si su madre se infecta durante el primer trimestre del embarazo.

El virus de la rubeola

La rubeola es una infección por un virus RNA que se disemina a través de las gotas respiratorias.

El virus se replica en la nasofaringe, se propaga por los ganglios linfáticos y posteriormente se disemina a través de la sangre. En embarazadas causa infección de la placenta y al replicarse en ella puede infectar al feto.

Los enfermos pueden transmitir el virus durante la fase asintomática o desde 7 días antes hasta 15 días después de la aparición de la erupción cutánea característica, (aunque el período de máximo riesgo es desde unos días antes hasta 7 días después de su inicio).

Los niños que han adquirido la infección de forma congénita pueden transmitir la infección durante muchos meses después del nacimiento.

La inmunidad parece ser permanente tras la infección natural.

Síntomas

La sintomatología se inicia entre 14 y 21 días después de la infección. El primer signo es una erupción de la piel característica, aunque algunos enfermos se sienten levemente enfermos durante unos días, con presencia de fiebre leve, ganglios inflamados y ojos irritados. Al principio del cuadro se observa un enrojecimiento de la faringe.

La erupción comienza en la cara y el cuello y se extiende rápidamente al tronco, los brazos y las piernas.

A medida que aparece la erupción se produce un leve enrojecimiento de la piel (rubor), especialmente en la cara, que al inicio palidece al realizar una compresión.

Aparecen manchas no dolorosas en el paladar. Estas manchas más tarde se mezclan unas con otras formando una extensa erupción de color rojo que se extiende hacia la parte posterior de la garganta. La erupción suele durar entre 3 y 5 días.

Algunos enfermos sufren también dolor en las articulaciones, sobre todo los adultos, que pueden presentar fiebre, dolor de cabeza e hinchazón y rigidez de las articulaciones.

Tanto los adultos como algunos niños pueden tener ganglios linfáticos inflamados en el cuello y la parte posterior de la cabeza.

En casos poco frecuentes, las personas afectadas desarrollan una infección en el oído medio o un bajo recuento de plaquetas. La infección del cerebro (encefalitis) es una complicación muy infrecuente, pero en algunos casos mortal.

En la actualidad la rubeola congénita es rara debido a los programas de vacunación sistemática.

Si el feto se infecta, sobre todo durante las primeras 8-10 semanas de gestación, puede no presentar ningún efecto, puede ocurrir la muerte dentro del útero o presentar anomalías múltiples conocidas como:

  • El síndrome de la rubeola congénita, que cursa con bajo crecimiento intrauterino.
  • Desarrollo insuficiente del cerebro, encefalitis, cataratas, alteraciones de la retina, disminución de la audición, alteraciones cardíacas, alteraciones del hígado y alteraciones de los huesos, entre otras.

Diagnóstico

La sospecha de infección por rubeola aparece ante personas con ganglios inflamados en la parte posterior de la cabeza que presentan la erupción característica.

El diagnóstico definitivo se puede confirmar midiendo los niveles de anticuerpos contra el virus de la rubeola en la sangre o mediante pruebas de muestras de la garganta, la nariz o la orina.

El diagnóstico es necesario en mujeres embarazadas, personas con encefalitis y en recién nacidos.

Antes del nacimiento, también es posible realizar el diagnóstico fetal mediante el análisis del líquido amniótico o de la sangre del feto.

A las mujeres embarazadas se les realizan análisis de sangre durante las primeras etapas del embarazo para confirmar que son inmunes a la rubeola.

Tratamiento

No existe un tratamiento para la infección por rubeola.

La mayoría de las infecciones por el virus de la rubeola se recuperan totalmente sin tratamiento. El paracetamol o los antiinflamatorios, tales como el ibuprofeno, pueden administrarse para mejorar la fiebre y los dolores.

No existe tratamiento para la encefalitis, que debe seguir su curso con medidas de tratamiento de soporte.

Tampoco existe ningún tratamiento específico para la infección materna ni para la congénita.

Las mujeres expuestas a rubeola en etapas gestacionales tempranas deben ser informadas acerca de los posibles riesgos para el feto.

Algunos especialistas recomiendan administrar inmunoglobulina inespecífica en caso de exposición temprana durante el embarazo, pero este tratamiento no previene la infección y sólo debe considerarse la administración de inmunoglobulina en las mujeres que no aceptan interrumpir el embarazo.

Prevención

La vacuna contra la rubeola forma parte de las inmunizaciones sistemáticas de la infancia. La primera dosis se administra entre los 12 y los 15 meses de edad, y la segunda dosis entre los 4 y los 6 años de edad.

La vacuna proporciona inmunidad durante 15 años o más en más de 95% de las personas.

Antiguamente solo se vacunaba a las chicas, pero luego la vacunación se extendió a los varones para evitar que ellos sean fuente de contagio para embarazadas no inmunizadas.

La vacuna que se utiliza es combinada: contiene la vacuna para el sarampión, las paperas y la rubeola, y a veces también la vacuna para la varicela.

Si existen dudas sobre la inmunización completa contra la rubeola en adolescentes y adultos, se les administra una única dosis de la vacuna o bien se realiza un análisis de sangre para detectar anticuerpos contra la rubeola para valorar la inmunidad actual.

Es muy importante asegurar la inmunidad contra la rubeola en:

  • Mujeres embarazadas.
  • Personas que podrían poner en peligro el feto de otra persona en caso de contraer una infección por rubeola.
  • Personas que podrían transmitir la infección a otras muchas personas.

Los ejemplos incluyen a todas las mujeres en edad fértil, los profesionales de la salud, los estudiantes universitarios y los militares.

Si el análisis de sangre no muestra inmunidad, se administra una sola dosis de vacuna, excepto en mujeres embarazadas, porque la vacuna contra la rubeola contiene virus vivos (debilitado) que podría infectar al feto.

Aunque el virus debilitado no parece causar el síndrome de rubeola congénita, en algunos casos muy poco frecuentes puede causar daño al feto.

Las mujeres embarazadas que no son inmunes deben evitar a cualquier persona que tenga la enfermedad y deben recibir la vacuna inmediatamente después de dar a luz para que puedan ser inmunes en futuros embarazos.

Debido al riesgo de infectar al feto, todas las mujeres que reciben la vacuna contra la rubeola deben asegurarse de que no quedan embarazadas durante al menos 28 días después de la vacunación.